Eliade, Mircea. Reseña por
René Guénon, Etudes Traditionnelles, abril 1949.
"Hemos rendido cuentas precedentemente (No.
de enero-febrero 1946) de los dos primeros volúmenes de la revista
Zalmoxis:
ha aparecido un tercero, que lleva la fecha 1940-1942, del cual entonces
no teníamos conocimiento. Este fascículo está, en
gran parte, consagrado al estudio de ciertas costumbres romanas; pero lo
más interesante que contiene bajo nuestro punto de vista es un artículo
de M. Mircea Eliade titulado: La mandrágora y los mitos del
'nacimiento milagroso'. A decir verdad, no es cuestión únicamente
de la mandrágora, sino también de diversas plantas a las
que se han atribuido propiedades similares, y entre las cuales, las hay
además difíciles de identificar exactamente. En cuanto a
los mitos de que se trata, son aquellos en que un ser humano es presentado
como nacido de tal o cual planta; parecen muy generalmente difundidos,
al igual que aquellos, correlativos e inversos de alguna manera, en que
el cuerpo de un héroe mítico o legendario cambia a planta
después de su muerte. A la vez que señalamos el interés
de la documentación considerable que se encuentra reunida en este
estudio, insistiremos preferentemente en la conclusión que de él
se desprende, y que, aún siendo ciertamente justa, nos parece algo
incompleta e insuficiente en ciertos aspectos. El punto esencial es en
suma el siguiente: M. Mircea Eliade piensa que, cuando una planta determinada
y conocida como teniendo una existencia 'concreta' es designada en casos
como éstos, hay que ver ahí una 'degradación' de lo
que, en origen, estaba relacionado en realidad con los principios cósmicos
representados por medio del simbolismo vegetal. Estamos enteramente de
acuerdo con él al respecto, y añadiremos que esta 'degradación'
es de alguna manera paralela a la que, como lo hemos señalado en
diversas ocasiones, ha tendido a substituir más o menos completamente
una utilización 'mágica' a la significación simbólica
primitiva. Que además esta significación haya acabado por
ser generalmente incomprendida en épocas más o menos recientes,
y sobre todo en los casos en que los antecedentes tradicionales se han
visto reducidos al estado 'folclórico', no ofrece lugar a duda,
y no sólo para el simbolismo vegetal, sino también para el
simbolismo animal o mineral: encontraríamos sin dificultad numerosos
ejemplos, y a ello hemos hecho alusión en una de nuestras obras
(El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, c. XIX). Solamente,
si nos atenemos a ello, hay una cuestión importante que permanece
sin respuesta: ¿por qué tal planta 'concreta' ha sido tomada
en particular, mejor que cualquier otra, como 'substituto' de tal planta
'mítica' original? La verdad es que hay ahí todavía
una aplicación de las 'correspondencias' sobre las que se funda
esencialmente todo simbolismo tradicional: al igual que la planta 'mítica'
es la expresión simbólica de un principio, la planta 'substituta'
es realmente a su vez un símbolo de esta planta 'mítica',
y ello porque ésta participa en cierta manera de la naturaleza del
mismo principio, si bien puede decirse que es una representación
en el mundo corporal, sirviendo de vehículo a su influencia y portando
verdaderamente la 'firma': es ahí donde reposa en definitiva, no
sólo el uso propiamente ritual de ciertos vegetales, sino también
su empleo en la medicina tradicional. Habría aún otra cosa
que decir al respecto: en el fondo, todas las 'substituciones' del género
de aquellas de que se trata se refieren siempre a' readaptaciones' tradicionales
efectuadas en conformidad con las condiciones de tal o cual época,
como podrá comprenderse fácilmente trasladándonos
a lo que hemos dicho a propósito del soma en uno de nuestros recientes
estudios (Palabra perdida y nombres substitutos, en el No. de julio-agosto
1948). No hay pues verdaderamente degeneración más que cuando
las correspondencias simbólicas cesan de ser comprendidas, y, si
no obstante puede hablarse ya de una 'degradación' en lo que concierne
las 'substituciones' en sí, es sólo en el sentido en que
las formas tradicionales particulares constituyen forzosamente también,
en un grado u otro, y en virtud del movimiento mismo de 'descenso' cíclico,
'degradaciones' con respecto a la tradición primordial." (Trad.:
Nisà). |