González, Federico: El Tarot de los Cabalistas, Vehículo Mágico. Ed. mtm, Barcelona, Abril 2008. 224 págs.

"Peregrinar es buscar nuestro propio fantasma, nuestra sombra, o sea, al otro, oculto en los repliegues más profundos de nuestro ser. Peregrinar es volver al sí mismo, entender que toda la historia es siempre anecdótica, que el mundo es un conjunto especular de fenómenos, seres y cosas, que se refieren a uno mismo. La peregrinación es una imagen en pequeño del viaje que todos realizamos en la vida; peregrinar es ser en la medida en que fuimos de acuerdo al camino que vamos trazando respecto a un centro fijo. Ir y volver son dos aspectos de una misma y única mecánica." (cap. VII, "Diccionario de Símbolos Fundamentales del Tarot", entrada Peregrinaje).

El Tarot, origen de las barajas que conocemos, es un conjunto ordenado de símbolos ­una simbólica­ que adquiere su sentido profundo cuando se observa su relación estructural con la Cábala, organizada en correspondencias precisas: los 22 Arcanos Mayores y las 22 letras, 40 Arcanos Menores (las 10 sefirot del Arbol de la Vida en los 4 Mundos o Planos del Arbol representados en el Tarot por los 4 "palos" o "colores": de arriba a abajo, Atsilut (espíritu, bastos, fuego), Beriah (alma superior, espadas, aire), Yetsirah (alma inferior, copas, agua), Asiyah (cuerpo, oros, tierra), y las 16 Cartas de la Corte, expresando la influencia-acción de un Mundo o Plano en otro pues cada Mundo tiene a su vez 4 niveles ya que en él hay un Arbol entero: el Rey de Bastos representa Atsilut en Atsilut, la Reina de Bastos Atsilut en Beriah, etc.

Con el marco o fondo de una doctrina metafísica y cosmogónica como la de la Cábala, perfectamente análoga a la Pitagórica y en armonía con las correspondencias alquímicas y astrológicas ­y por lo tanto también con las míticas­, el Tarot es un vehículo simbólico cuyas imágenes están próximas a la mentalidad occidental (de hecho son medievales) y funcionan como despertadores de la conciencia. En esta perspectiva el aspecto predictivo pierde su interés ­y el Tarot no siempre responde, y menos ante ciertas actitudes­, pero lo gana el que sea un soporte para la encarnación de las Ideas que simboliza. No es en vano el trabajo, o el "juego", con él, ya que es capaz de promoverlas en el alma, a la que ayuda a construirse pues está claro que quien busca carece todavía de ese puente intermediario entre el cuerpo y el espíritu, que de todas formas, como el vehículo mismo es para ser trascendido.

El Tarot es una poética (poesis=creación) depositaria de secretos que cada cual puede reconocer en su interior y al que hay que tratar con respeto, como a todo oráculo, pues está tejido con las mismas correspondencias del Alma del Mundo, de la que somos partícipes e imágenes. José Manuel Río


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