TRATADO DEL FUEGO Y LA SAL. Blaise de Vigenère. Ed. Indigo. Reseña por Antonio Guri.
         Con este título se abre una nueva colección, "Archivo Hermético", cuyo
         cometido será según sus promotores, el de paliar el silencio que
         actualmente reina sobre la tradición occidental, concretamente la que se
         desarrolló alrededor del Mediterráneo. Se trata pues de una muy buena
         noticia para todos aquellos lectores interesados en investigar en sus raíces
         más cercanas, así como para todos aquellos que ven en el hermetismo, la
         alquimia o la cábala, unos lenguajes que aunque nacidos en una realidad
         histórica y geográfica determinadas, nos hablan de una única Tradición
         Primordial y Perenne. 
         El libro comienza con una introducción, firmada por el también autor de
         la traducción y las notas Prudenci Reguant, en la que expone entre otras
         cosas los motivos que pueden impulsar la publicación de textos de cábala
         cristiana en estos momentos. Por un lado "dar a conocer al público de
         lengua española esta rama del conocimiento tan ignorada actualmente, a
         pesar de que España contó en el siglo XVI con colegios trilingües de
         estudio de hebreo, griego y latín, y con centros de estudios bíblicos", y
         por otro "la cábala cristiana representa, ya en sus orígenes, un
         redescubrimiento del aspecto secreto y oculto del cristianismo". 
         En efecto, adentrarse en este texto, requiere por parte del lector la
         certeza de que como nos dice Blaise de Vigenère "las cosas invisiblesson
         más ciertas que las visibles", lo cual se ve avalado por las citas que
         ininterrumpidamente se suceden a lo largo de toda la obra, así como por
         los comentarios del autor que las interrelaciona posibilitando lecturas más
         sugerentes y al mismo tiempo más sintéticas. Fragmentos de libros
         sagrados, de cábala hebrea, de mitología greco-latina, escritos de
         patrística cristiana y textos alquímicos aparecen contrastados arrojando
         luz unos sobre otros, a la vez que nos presentan en todo momento el
         mundo de lo sensible como un claro soporte de lo espiritual, lo natural
         receptáculo de lo sobrenatural. 
         Cabe destacar que la versión de alguno de estos textos, no coincide con
         las traducciones más comunes, y ello es debido a que Blaise de Vigenère,
         conocedor de varias lenguas, traduce a menudo directamente de los
         originales; así pues hay citas del Antiguo Testamento que se apartan de
         su habitual versión, llegando a parecer contradictorias. Esto es debido,
         como se nos indica en una nota a pie de página, al hecho de que el
         hebreo constituye una lengua sagrada y transmite, por tanto, una riqueza
         simbólica que sobrepasa el horizonte de los contrarios y es difícilmente
         encasillable en los términos más fijos y definidos de una lengua no
         sagrada. En este sentido también se posibilita el acceso al lado invisible
         de las cosas que antes comentábamos, y que siempre va ligado a una
         conjugación de complementarios, a una paradoja que lejos de excluir
         une. Acceso al significado profundo del fuego y de la sal que en este
         caso constituyen el tema central de la obra, y que desde el punto de vista
         alquímico y cabalístico -idénticos en el fondo- nos habla del camino
         hacia el interior del mismo hombre, es decir su regeneración espiritual. 
         Del fuego nos dice este autor del siglo XVI: "...entre sus otras
         propiedades y efectos, es muy purificativo, y así como en las carnes y
         otras sustancias corruptibles, la sal consume la mayor parte de sus
         humedades corruptivas, el fuego hace también lo mismo: y
         analógicamente el fuego espiritual, que no es otra cosa que el ardor
         caritativo del ESPIRITU SANTO, que nos inflama de fe, caridad,
         esperanza, y desnuda las impurezas de nuestra alma...". Y más adelante
         haciendo una clara diferenciación entre una visión literal y analítica del
         mundo, y la verdadera intuición intelectual declara: "Pues toda ciencia a
         la que podamos llegar por nuestra razón y discurso procede del
         conocimiento de las cosas sensibles, aunque inciertas y variables, por
         estar en una mutación y vicisitud continua. De tal modo que este
         conocimiento que procede de la luz de naturaleza es muy débil y lleno de
         dudas e incertidumbres, si no está ilustrado por la divina revelación que
         nos hace ver todo lo que es en su real y verdadera esencia, así como la
         claridad del sol hace todas las cosas corporales". 
         Felicitamos, pues, esta iniciativa uniéndonos a los deseos de que resulte
         para el lector una real introducción a los misterios de la naturaleza y del
         hombre. Advertimos, sin embargo, que no se trata de un libro de fácil
         lectura, debido en parte a su redacción un tanto confusa, pero no
         debemos olvidar que se trata de una obra publicada a partir de notas
         recopiladas varios años después de la muerte de su autor. 
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