Lo que se trata de decir en definitiva
es que tanto el cosmos, como la cultura, son limitados. Y que
esa limitación es
la que marca nuestro condicionamiento. Por otra parte son esas
mismas
estructuras las que permiten salir de ellas y exactamente para
eso es que han sido diseñadas; tal el caso de la Tradición,
pues así como el movimiento cósmico es el que nos
da la idea de la inmovilidad, así también el límite
es el que nos da la idea de lo ilimitado.
La Cultura es entonces
una ausencia que nada tiene que ver con la información o
la historia, algo que no es la estadística
del hecho cultural sino más bien su negación. Análogo
es lo que sucede con la emanación cósmica. No es
esta o aquella parte del cosmos, o su "energía" lo
que interesa, sino comprobar que esta realidad es inexistente como
tal,
más allá de sus mismos límites.
Ello se simboliza
por la piedra que corona la obra constructiva y que es también
el origen y la salida del cosmos, aquello que establece un contacto
con "otros mundos", es decir con
otras relaciones espacio-temporales, que como todas las cosas,
sólo
se perciben en la interioridad de la conciencia.
Todo esto se encuentra
en estricta relación con lo que es
la Tradición, Unánime y Perenne, siempre presente
y vertical, tan válida para hoy como lo ha sido siempre
y lo será para cualquier otro manvantara, o humanidad,
ya que es Eterna y simultánea, simbolizada por el Polo
como puerta de entrada y salida a lo supracósmico, origen
y fin de cualquier manifestación, en contra de la visión
perpetuamente histórica de los que por sus limitaciones
tradicionalistas sólo pueden imaginar sociedades ideales,
tan confusas en su vaga imaginación como las proyecciones
de sus frustrados anhelos. (Cap. III. ¿Qué es la Tradición?). |