González Frías, Federico: Tres Teatro Tres. (El Tesoro de Valls - En el Tren - Lunas Indefinidas). Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza 2011. Rústica, 11 x 17 cm. 216 págs. ISBN 9788492759378.

Crónica de En el Tren

Hace un año que Federico González nos presentó el libreto de En el Tren, y desde entonces que La Colegiata no ha parado de laborar con este extraordinario texto. Desde el primer ensayo su lenguaje ha venido a cumplir su cometido: que cada uno de nosotros realizara el viaje, no tanto horizontal (tras muchos vaivenes no parece que el tren pasara de Guadalajara) como vertical. Tras la primera frase en que se nos propone jugar a la confusión de lenguas, y cada uno desde su banco, nos disponemos a compartir un espacio del pensamiento cuya calidad de repente, pero paulatinamente, se amplia y concentra. Colgados del lenguaje nos dejamos llevar por aquella aparente confusión que inmediatamente se revelará impulsora del único espectáculo: se confirmará que "lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para que se obren los milagros de una sola cosa", sin salir del centro inmutable ascenderemos y descenderemos sin tregua, de lo prosaico a lo sublime, de lo escatológico al enamoramiento de la Nada.

Pero para extraer todas las posibilidades de esta partitura será necesario templar la caja de resonancia, y las mismas manos que la crearon tensarán los resortes para que llegue a emitir la vibración precisa. Para que el mensaje reverbere limpio a través de la voz de La Colegiata, se adecuará el tono y se acompasará el ritmo. Se conjugará la interioridad con la intensidad, el ardor y la contención, levedad y aplomo: el secreto de una alquimia fuerte y eficaz permanece en el corazón de cada uno de nosotros.

Y llega el momento del estreno. Entre bambalinas una luz dorada rompe la oscuridad precósmica y alumbra un escenario, un vagón de tren; los alegres compases de The Trolley Song nos empujan decididos a nuestros asientos. Asistimos de nuevo a la construcción a través del lenguaje, cada límite, cada coagulación de un significado nos lanza a otro ámbito ya no paralelo sino superior, o directamente a lo ilimitado.

Pero esta vez más que nunca estamos caminando en el puro precipicio, al borde del foso, sintiendo el pálpito de un público invisible pero muy presente. Los mundos se engarzan, la poesía nos traspasa y me doy cuenta de que hoy el entramado de los parlamentos y las réplicas se muestra bien distinto, en otro orden. No sé exactamente dónde estoy pero no importa, como organismo vivo En el Tren sigue sin demora su trayecto. Hasta que de repente y ante la seria mirada de mi interlocutora el blanco ocupa por completo mi cabeza. Más que una escisión que me conecta con el eterno presente experimento su imagen invertida, una suerte de perpetua parálisis me atenaza. Algo en mí se ahoga y exhala: invoco a las Musas (las que en estas circunstancias suelen tomar prestada la voz del apuntador) y soy atendido. Prosigue vigoroso el orden anárquico y tras desenmascarar a la ignorancia, y ser arrinconada, neutralizada por la indiferencia, el vagón sublima su fulgor, las notas agudizan su nitidez. La presencia de Eros y Venus sobre el escenario se intuye en la geometría que dibuja el inestable equilibrio entre todos los personajes, los actores, los cuales ya han realizado que la belleza está en todo y también en cada parte, en "la vara desmedida de esperanza" que somos, y en "el color del ave empalidecido por el deceso".

Y esta certeza les seguirá impregnando días después de la representación, después del golpe fortissimo de platillos. Al llevar la belleza puesta, seguirán viéndola en cada rincón, ya nada es banal ni absurdo ni tampoco sórdido, cada parte es el todo, cada ángulo realiza la tensión indispensable a la armonía del conjunto, cada aspecto al no estar separado de aquello que lo genera, reproduce ya sea por presencia o ausencia, en positivo o en negativo, a la Unidad. "De la que nada ni nadie queda excluido".

Antoni Guri      

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Poco antes del estreno de
EN EL TREN
Escrita y dirigida por Federico González

El Teatro, es un arte vinculado especialmente a dos de las nueve musas: Melpómene, a la que se relaciona con la Tragedia y Thalía, ligada a la Comedia. Sobre la primera, leemos en Introducción a la Ciencia Sagrada: "la que canta ‘lo que merece ser cantado’, representada con la máscara trágica y la maza de Hércules". Acerca de la segunda: ’la que trae flores, o ‘la que florece’, nombre también de una de las tres gracias, representada con la máscara de la comedia y el bastón de pastor." La representación teatral, símbolo por excelencia de la vida del hombre, en el viaje iniciático puede ser perfectamente vehículo, como por otro lado todo arte lo es, para el Conocimiento. Sumergido el actor en la obra, actúa unos papeles de los que participa, y esa actuación puede ser verdaderamente la actualización de tendencias que porta en sí, por tanto, la posibilidad de agotarlas y liberarse de ellas; cayendo esos egos como lo hacen los dos personajes del arcano del Tarot Nº XVI "La Torre de destrucción" o "Casa de Dios", que representa el athanor donde se lleva a cabo la obra. Dicho de otro modo, el actor encarna un personaje que le ayuda a transmutar el suyo propio que lo contiene, con lo cual podrá florecer el niño alquímico, el niño divino que tiene a su disposición un elenco de actores y papeles en número indefinido.

"La iniciación en los misterios cosmogónicos, es decir, el morir y renacer a otros planos de la realidad mediante la regeneración psíquica, no es aún la salida verdadera del cosmos, sino que se trata de un aprendizaje imprescindible sobre su constitución, sobre el "espíritu" de las cosas y su aprehensión. Un andamiaje que nos permite concebir la posibilidad de lo supracósmico, del no ser y de la no dualidad, realidades que exceden la mera individualidad que signa nuestras experiencias sensoriales o mentales, en tanto que las particulariza. Aunque es útil señalar que –lógicamente– cuando se empieza apenas a atisbar la posibilidad de lo supraindividual, todo lo referido a lo personal cae tan estruendosamente como una torre que es destruida por un rayo, dejando así de ser la protagonista del paisaje."(1)

Una compañía de teatro, como la Colegiata, puede dar cabida perfectamente al mundo entero, o lo que es lo mismo convertirse o devenir para sus miembros en plataforma de universalización o cosmización. Autor, director, actores, apuntador, iluminación, vestuario, producción, todos a una ponen en marcha la función. En este caso En el Tren.

La puesta en escena de esta obra recuerda las tres columnas del Arbol de la Vida, símbolo del microcosmos, que nos muestra cuál es la estructura de éste y su ser. Esta flor fragante, el microcosmos, bella, luminosa, espléndida, suave y con muchas espinas, sufre la presión continua de la programación mental con que cada uno ha sido sellado. Según la cual vamos fabricando un film que desfila casi de continuo en nuestra imaginación y pensamientos, los que sumándose a esa película discuten, planean, rechazan o buscan cualquier cosa en esa cinta del tiempo en que el ser está atrapado. "Es un sueño la vida, es sueño", "no es verdad, no es verdad, que venimos a vivir en la tierra…" O como dice la pieza que estamos reseñando "Somos una pompa de jabón entre pompas y pompas de jabón y todo es una pompa de jabón".

En el Tren nos habla de un viaje prototípico, aquel que emprende el hombre en busca del Paraíso perdido, de la Tierra Prometida, del Sí Mismo. Presenta a un grupo de estudiantes "particulares", a unos buscadores de otros mundos más internos, más secretos y por cierto más reales. Van conversando, y la plática transcurre con sus altos y bajos, con la participación más o menos intensa de los pasajeros del vagón número seis, el vagón de la Belleza, de la Amistad grupal.

El viajero de este tren, para comenzar ha de automarginarse del mundo chato y horizontal de la literalidad, constatar que lo que el hombre considera su identidad no es sino un disfraz, una máscara con la que representa un papel, o varios, en el teatro de la vida; hasta poder decir con uno de estos viajeros "Mejor ser nada que nunca jamás". Siguen las reflexiones en torno al tema de la mal entendida igualdad, esa que nos hace pobres a todos, pues ya se sabe que la que persigue el mundo moderno sólo es posible por lo bajo. Otro pregunta si el viaje es de ida o de vuelta, alguien le contesta que es de ida y vuelta simultáneas, y que "la función comienza cuando usted llega", "que la creación perennemente se está haciendo y siempre es". De modo análogo al recorrido que están realizando estos actores del teatro de la Memoria que saben que el viaje es hacia el interior, "puesto que se trata de la intimidad del corazón, de nuestra alma".

"Y aunque las cosas toman permanentemente formas cambiantes indican siempre la pertenencia a un mundo que les excede". La manifestación se despliega en tres niveles sucesivos y cada uno de ellos tiene su origen en el anterior, y el primero de ellos, y con él todos los demás, en lo No manifestado.

Detienen nuestros personajes sus meditaciones y conocemos sus nombres: Alce Negro, Toro Sentado, Plata Pulida, Perro de Humo, Acto Fallido, Verde Esmeralda, entre otros. Prosiguen las reflexiones sobre el viaje y su simbólica. "Este es el quiebre de todos los paraísos infantiles que creíamos lo más cercano a la felicidad, a lo que imaginábamos como nuestra identidad". "Es una cruda, comerse el steak tartar de los sueños de uno mismo, de todas sus proyecciones quebradas en mil pedazos, deshecho todo su juego de sombras… (silencio) y luces, falsas iluminaciones que proyectaban estos ideales muertos."

No todos muestran la misma compresión del viaje y los diálogos ascienden y descienden, se perciben ritmos diferentes y la conversación toca distintos planos llevando al espectador a un baile consigo mismo que es reflejo o mejor el eco, que encuentran en él las voces de los actores que encarnando sus papeles son la voz de la Enseñanza unánime y primordial, que esta obra de teatro sintetiza en un lenguaje directo y actual para facilitar la comprensión del espectador. Federico González, siempre nos sorprende con nuevas formas de expresar el Mensaje para proseguir la labor de Enseñanza. Como se dice en la obra: "El anillo se debe mantener flexible y no solidificarse".

En este viaje en lo invisible hacia "la frontera del silencio, del misterio" se trata de efectuar los ritos, de "manejarse entre un bosque de símbolos vivos y actuantes." Para lo que hay que estar "loco de amor y de un frío desapego" y siempre recordar que "El encuentro con algo bueno y verdadero se lo hemos de agradecer al dios Hermes".

Se dice que el viaje iniciático es heroico, pero ya se sabe que el héroe y el traidor son un mismo personaje y ambos han de actualizarse en uno para complementarse y neutralizarse. Uno de los actores representa al traidor, personaje que todos llevamos dentro, que intenta infiltrar la duda y sembrar la cizaña dentro del grupo; es aquel que no ve sentido a la Enseñanza porque, por lo que fuere, no es capaz de reconocerla. El amor por lo más alto une a estos viajeros que saben que tienen un proyecto en común, que el "lugar" al que se dirigen no es un lugar.

Las averías y detenciones están incluidas dando lugar a diversas reacciones que plasman los temores y deseos de los participantes. Y siguen los actores instruyendo al espectador: Minnie, habla de los innumerables peligros del mundo moderno; Mecha, afirma que somos pasajeros en tránsito; Enrique: "aquí estamos para ser nosotros mismos"; Marta: "De una cosa estoy segura, de que los últimos de este convoy seremos los primeros". Desenganchados del hombre viejo, de lo profano, nos unimos a la Vida, aprendiendo a leer el verdadero sentido de las cosas, desentrañando el mensaje de los símbolos. "Debemos superar la queja y resolver cualquier circunstancia en la forma y modo bajo los que estas se presenten". "Este es un mundo inacabado de gestos, de voces, de colores, de formas en permanente movimiento, que se fijan perennemente por su descripción, o sea, por las perpetuas evaluaciones que de ellas hacemos, como si fueran un bosque de sonidos que intentamos inventariar y detallar; en fin, una niebla de sueños que están en el tuétano de nuestras creencias, o sea, que conforman nuestra materia."

Nuestro destino es el origen, "puros y sin contaminarse regresamos a nuestros verdaderos hogares. Una vara desmedida de esperanza es lo que somos. Un retorno al palacio de la sabiduría, aquello que es imposible de contar, de medir o de pesar."

La creación no puede ser sin un origen y "necesariamente se ha de volver a ese origen virtual para desembarazarnos de la circunferencia." "Dios me acaba de hablar y le he contestado con toda devoción: ‘Yo soy tú’".

El Teatro nos brinda la posibilidad de despertar.

*

Queremos añadir unas palabras a la reseña que hicimos en su día de la obra de teatro En el Tren.

En ella se dice que el héroe y el traidor son un mismo personaje y, puesto que este viaje es en pos del Conocimiento, para poder llegar a Destino, que no es sino el Origen, ha de ser resuelta la dualidad héroe/traidor, lo cual requiere una aceptación y un reconocimiento por parte de cada cual del héroe y el traidor que es uno.

El traidor, finalmente es el tonto y hay que ver la cantidad de formas en que la tontera se manifiesta. De tantas maneras que inevitablemente nos pillará por alguna de ellas

¡Que Zeus los libre de los males, y de todos ellos el peor, o sea de la tontera que siempre anda rondando y buscando sus víctimas!

Hay que identificar al tonto en uno, darle su lugar hasta el momento de la siega en que la cizaña será purificada por el fuego.

Llegados al Origen deja de existir tanto el héroe como el traidor

– Adorable situación en la que estamos. No veo la hora de llegar a nuestros feudos, de escalar la montaña mágica, de proyectar la sombra de nuestro cosmos.

La retahíla de quejas y dudas que recoge un solo personaje, que encarna al traidor, a Judas, va desde reclamos personales de lo más rasante, como que no le reconocen sus labores de limpieza y su puntualidad, a cuestiones «filosóficas» como ensalzar a Aristóteles y renegar de Platón o de la Docta ignorancia. También hay otro personaje cercano a él: Mecha, puesto que también sospecha del Subcomandante.

Pero ¿quién es el Subcomandante?

Parece que quien trazó el holograma, que no es sino la misma creación.

Es el héroe y el traidor asumidos por un alma grande, lo suficiente como para acoger el mundo entero.

Ahora bien, en uno mismo ¿quién es el héroe? Ha de ser lo mejor, esa parte que le ha llevado a realizar el viaje. Pero aquí se dice «que uno de estos personajes no es sin el otro».

En la obra son representados por distintos actores, que encarnan los diferentes egos, unos buenos otros no. Hasta llegar a Judas, el traidor, punto final, como Dante nos enseña, del Infierno.

Asumir que efectivamente ambos son una sola persona es reconocer nuestra completa ignorancia, nuestra miseria, tomar conciencia de que da lo mismo ser el héroe o el traidor, que más allá de ese vaivén el testigo que se contempla a sí mismo es el propio artífice. Negarse a asumir el traidor es darle vida.

Jesús dijo: «Es a quienes son dignos de mis misterios que yo digo mis misterios. Lo que haga tu mano derecha que lo ignore tu mano izquierda». (Evangelio gnóstico según Tomás).

(…) Que nuestra mano derecha no sepa lo que hace la izquierda y que ésta ignore lo que hace la otra y así serás el tonto y el sabio más grande del mundo.(2)

Judas entrega a Jesús desde el momento que no cree en Él. Y no cree porque se quiere demasiado. En la Identidad no hay más movimiento, el mismo Eros se entrega a sí mismo.

El Judas de esta obra teatral, en uno de sus parlamentos, en el colmo de la extrañeza, y casi del escándalo, confiesa que el Subcomandante le ha hablado de lo importante que él es. En realidad así es, pero la verdad desnuda tiene muchos enemigos incapaces de reconocer la Docta ignorancia o de enamorarse de la Nada.

Es difícil para el hombre «aceptar» la sabiduría de otro. El sol es el centro por más que el resto de cuerpos celestes se mueran de envidia (3). Solo la grandeza reconoce la grandeza y la pequeñez no ve sino miseria. Aquellos que se sienten superiores son incapaces de reconocer al hombre libre.

Le reclaman al subcomandante que no es virtuoso, esos son los sacristanes, que siempre los hay. Después de soltar todo ese lastre que es el vómito del traidor dejando el inodoro lleno de bolas de mierda, el tren se pone nuevamente en marcha.

Nuestros viajeros quedan solos, su vagón es desenganchado del resto del tren y una nueva locomotora les llevará hasta su destino final.

Aunque el parón del tren o sea del viaje ¿a qué se debe? Puede verse la avería o atentado como las dificultades del anillo que ha perdido su flexibilidad y no consigue articular un viaje que requiere de la esperanza y la entrega. El sueño que cuenta el personaje de Mecha se corresponde con la realidad que viven los viajeros.

El significado de las cosas subyace a las apariencias, el viaje es precisamente para desentrañar el sentido de los símbolos.

– (…) Estaba metida en un sueño extraordinario, ¡que íbamos todos en un vagón de ferrocarril, y que éramos pasajeros en tránsito!. (4)

M. Victoria Espín          

Notas

(1) Federico González, La Rueda, una imagen simbólica del Cosmos. Ed. Symbolos. pág. 202.

(2) Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada → Secreto.

(3) Aunque, como dice Platón, «en la corte celestial está desterrada la envidia» (Fedro).

(4) En el Tren, F.G.F.

 

 
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