SOBRE LA INICIACIÓN

Preámbulo
Presentación
I
A LA LUNA, ANTORCHA DE LA NOCHE

   Sobre la Iniciación I
 
II
A  H E R M E S, GUÍA DE LAS ALMAS, AMIGO DEL HOMBRE
Sobre la Iniciación II
Sobre la Iniciación III
Hermes

FEDERICO GONZÁLEZ
Palabra Viva
Libros
Presencia de René Guénon
Tarot, los Arcanos Menores
 
III
A VENUS, «LA QUE PRODUCE LA VIDA
»
Sobre Hypnerotomachia Poliphili I

Sobre Hypnerotomachia Poliphili II
Sobre Hypnerotomachia Poliphili III
 
IV
A L  S O L, LUZ Y VIDA

Vivir en Ti
DIONISO LIBERADOR
Dioniso I  Dioniso II
Dioniso III  Dioniso IV
APOLO, DÉLFICO ADIVINO
Profecía
Apolo
 
V
A MARTE, AMANTE DE VENUS

Marte
 
VI
A ZEUS QUE LLEVA LA ÉGIDA

Demiurgia y Gobierno
Júpiter
 
VII
A SATURNO, REGENTE DE LA EDAD DE ORO

Sobre la Edad de Oro
 
ADENDA
 
Bibliografía
 
© Mª Victoria Espín
Reg. Prop. Intelectual 10/2019/384
*

GUIA BIBLIOGRAFICA
DEL ESOTERISMO
*
 

Adenda

Mª Victoria Espín


Sería muy pesado pensar que los mitos grecorromanos
que son uno de los grandes pilares de nuestra cultura,
y tan apreciados por Platón y Proclo fuesen fantasías
con un vulgar carácter anecdótico
destinadas simplemente al entretenimiento.[1]

Compartimos lo dicho más arriba y por eso nos adentramos converdadero entusiasmo en los mitos grecorromanos esperando, Dios lo quiera, que nos iluminen y nos hagan partícipes de sus secretos y misterios.

Proclo nos guía:

Mas no todo género de dioses es nombrable; pues que es inefable el dios que está más allá del universo, el Parménides // nos lo hace recordar: ‘de él [sc. del Uno] no hay nombre ni discurso alguno’[2] (Plat., Parm. 142a2). Y los primerísimos géneros de los dioses inteligibles y unidos con el Uno mismo y llamados ocultos, tienen mucho de incognoscible e inefable; pues ni siquiera lo totalmente claro y decible se relaciona con lo completamente inefable, sino que era preciso que // la procesión de los inteligibles terminara en ese orden.[3]

En aras de aclarar las citas de Proclo que hacemos, recordemos que los llamados Inteligibles permanecen en quietud, y en los Intelectivos se introduce el movimiento. Y hay Dioses que permanecen en quietud, caso de Fanes, otros que participan de la quietud y el movimiento, como Urano, y otros solo del movimiento como Crono y, desde luego, todos los que siguen a este último.

Y abundando en el tema de lo que se halla por encima de Urano señala nuestro autor:

¿No es evidente que el «lugar supraceleste» (Plat., Phaedr. 247c3) y la esencia «sin color, sin figura e intangible» (Phaedr. 247c6-7) y toda la dimensión inteligible, como diría Platón (Tim. 31a5), que contiene los «vivientes inteligibles» y la // causa única de todas las cosas eternas y sus principios ocultos, como dirían los órficos (Orph. fr. 90), está delimitado por arriba con el Éter, y por abajo con Fanes (pues todo lo que está en medio de ésos completa el orden inteligible)? Y a ese lugar // lo llama ahora (Cra. 396b8-c1) en singular y en plural, ya que están allí unidas todas las cosas, a la vez que separadas cada una de modo apropiado según la más elevada unión y división.» [4] ( … )

Los primerísimos seres no pueden ser recordables y cognoscibles por medio de la imaginación, // la opinión o el pensamiento; pues somos aptos por naturaleza para unirnos a ellos por la flor del intelecto y por la realidad de nuestra esencia, por medio de los cuales recibimos la percepción de su naturaleza desconocida. [5]

Celebramos

con toda justicia a Eros, que en el momento actual nos procura los mayores beneficios por llevarnos a lo que nos es afín y nos proporciona para el futuro las mayores esperanzas de que, si mostramos piedad con los dioses, nos hará dichosos y plenamente felices, tras restablecernos en nuestra antigua naturaleza y curarnos.[6]

Siguiendo con la jerarquía, Proclo en la obra que venimos citando: Lecturas del Crátilo de Platón, se refiere a Fanes, primogénito en el gran Olimpo, como:

El rey de todos los géneros divinos y // que tiene la supremacía paterna respecto a todos los intelectivos.[7]

De Urano dice, entre otras muchas cosas:

Padre de Crono (Cra. 396b7), es intelecto que se piensa a sí mismo, y está unificado con los primerísimos inteligibles, y establecido sólidamente en aquellos, y es comprensivo de todos los // órdenes intelectivos por permanecer en la unión inteligible.

(…) y Sócrates caracteriza a Urano, por // mirar lo de arriba, sin duda el lugar supraceleste y cuantas cosas están comprendidas «por el silencio de los padres nutrido por la divinidad» (Or. Chald. 16).

(…) Urano con el movimiento circular de sí mismo conduce todas las cosas al // lugar supraceleste y a la observación de los primerísimos inteligibles».[8]

Sobre Crono, que es intelecto puro[9]:

y fundamentador de toda vida intelectiva, pero intelecto que trasciende la coordinación con lo perceptible, y es inmaterial y separado, estando él vuelto hacia sí mismo, el cual a los que han partido lejos de él, de nuevo los vuelve hacia él, los abraza y los establece firmemente en sí mismo.[10]

Y refiriéndose a Zeus:

 … El demiurgo está en dependencia de Crono y procede de él, siendo intelecto en relación con el intelecto inmaterial y obrando en función de él como inteligible y haciendo visible lo oculto de él.[11]

Urano pertenece al orden de los comprensivos, Crono al de los Titanes y Zeus al demiúrgico. En términos más antropomórficos los explica Pico; observemos solamente que Saturno se corresponde en el Árbol de la Vida cabalístico con la Sefirah Inteligencia, considerada aquí en el aspecto que mira hacia abajo (hacia la creación). El paso del tres al cuatro supone el descenso a otro plano en el que se halla el demiurgo Zeus, padre de dioses y hombres. El cosmos entero surge de él, que ha recibido de Crono toda esa potestad.

Debe saberse por qué razón dicen los poetas que Saturno castró al Cielo. Hablábamos en la primera parte de la obra de cómo Dios, al que los platónicos llaman Cielo, produjo el Primer Ángel, al que llaman mente divina y los poetas Saturno, y dijimos que Dios no produjo otra criatura sino ésta, de la cual se produjo luego el resto del mundo. Porque si el que queda estéril y no puede luego debidamente engendrar debe llamarse castrado, tras ser creada la primera mente angélica, y por ser en ella comunicado lo que del primer Dios se puede comunicar, de tal forma que queda incapacitado para producir cosa alguna, no sin razón dicen los poetas que Saturno castró a su padre el Cielo. Castra por tanto Saturno al Cielo, pero Júpiter no castra a Saturno, aunque lo priva de su reino, porque aunque la mente [Saturno] ha producido el alma del mundo, que es Júpiter, no queda estéril, como el Cielo por acción de Saturno, sino que produce tras ella todos los cielos y los elementos y todas las demás almas racionales; pero porque la administración de estas cosas mundanas se hace mediante el movimiento del cielo y del alma racional, que mueven juntamente las cosas inferiores, como declaramos más arriba, el alma mundana, principio de todo movimiento, y esa mente del todo inmóvil, dicen los poetas que Saturno fue atado e inmovilizado, y la administración y el gobierno del mundo cayeron en manos de Júpiter.[12]

El iniciado viaja de la circunferencia al centro, pasado del movimiento extremo a la quietud de este, donde Fanes se revela a aquel que abandonando todo deseo e interés particular, se sumerge en su naturaleza esencial, que no es sino quietud.

Todo un viaje que nos lleva de vuelta al Origen del que nunca en verdad salimos. La paradoja está siempre presente en una enseñanza siempre nueva y vibrante; siendo un permanente asombro sin improvisación ninguna, una impredecible y constante renovación.


Bibliografía

NOTAS

[1] Federico González Frías, Diccionario de Símbolos, ob. cit. Hera.

[2] Así se manifiesta también el Tao Te King: «El Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre. Sin nombre es el principio del universo; y con nombre, es la madre de todas las cosas. Desde el no-ser comprendemos su esencia; y desde el ser, sólo vemos su apariencia. Ambas cosas, ser y no-ser, tienen el mismo origen, aunque distinto nombre. Su identidad es el misterio. Y en este misterio se halla la puerta de toda maravilla». Trad. José Tola, Premià editora, México 1982.

[3] Proclo, Lecturas del Crátilo de Platón, ob. cit., LXXII, pág. 102.

[4] Proclo, Lecturas…, ob. cit., CX, pág. 132.

[5]Ibid., CXIII, p. 138. Y continúa: «En efecto, lo que de ellos trasciende propiamente nuestra vida del conocimiento y // del recuerdo dice Sócrates que es causa de que no se nombren aquéllos mediante el orden de los nombres, porque ni siquiera son aptos por naturaleza para ser conocidos mediante nombres, sino que los teólogos los señalan de lejos por la analogía que tienen las cosas visibles con aquellos seres».

 

[6] Platón, Mitos, pág. 53. Siruela, Madrid 1998.

[7] Proclo, Lecturas…, ob. cit., XCIX, pág. 119.

[8]Ibid., CX, págs. 131, 135, 136.

[9] Según Proclo, el no tener contacto, el ser indivisible y el no estar relacionado con la materia son significados por el término Pureza.

[10] Proclo, Lecturas…, ob. cit., CVII, pág. 128.

[11]Ibid., CVII, pág. 129.

[12] Pico della Mirandola, Comentario a una canción de amor de Girolamo Benivieni, ob. cit. libro II, cap. 20.


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