Chen
Kaiguo y Zheng Shunchao: La puerta del dragon. Relato de una iniciación
de un maestro taoísta contemporáneo . Versión
de Thomas Cleary. Ed. EDAF, colección Luz de Oriente. 447 pag. Reseña
por Julio Pauls.
Este libro relata la iniciación de
Wang Liping, maestro taoísta que fue elegido como transmisor de
la decimoctava generación de la orden de la Puerta del Dragón,
orden taoísta depositaria de antiquísimos conocimientos esotéricos
transmitidos de generación en generación durante mil años.
Los autores, dos estudiantes taoístas
discípulos del maestro Wang Liping, han contado con información
de primera mano, pues el relato esta basado en conversaciones con su maestro,
durante las que evoca sus recuerdos y experiencias al tiempo que en ocasiones
da interesantes explicaciones sobre determinados aspectos doctrinales e
incluso "técnicos" sobre practicas especificas, indicando no tanto
el cómo pero si el por qué y para qué.
La Puerta del Dragón demuestra que
la tradición taoísta sigue viva, pues como toda tradición
auténtica es imposible que desaparezca, podrá ocultarse cuando
las circunstancias externas así lo aconsejen, pero siempre permanece
como una posibilidad presente para el discípulo cualificado que
sepa buscarla y encontrarla, o sepa dejarse encontrar por ella.
La importancia del Taoísmo como tradición
viva y presente en el mundo contemporáneo es incuestionable, al
respecto recordemos que junto con la Masonería, el Islamismo, y
la tradición hindú el Taoísmo es uno de los temas
desarrollados en la fundamental obra de René Guénon (La Gran
Triada, Islamismo y Taoísmo, así como algún capítulo
y referencias en otros de sus libros), al tiempo que autores como Federico
González han señalado las semejanzas entre esta tradición
y el Hermetismo occidental.
Hay además un punto que nos parece
interesante destacar y que puede ser objeto de reflexión para los
que hemos entrado en la vía simbólica que propone el Hermetismo
y nos hallamos al comienzo de nuestros estudios; comienzo que casi siempre
se encuentra rodeado de lo que parecen obstáculos de todo tipo:
se dice con frecuencia que nuestra época no es favorable para el
estudio del camino (utilizamos camino en el sentido de búsqueda
del Conocimiento en su más amplio sentido, sea cual sea la vía
tradicional seguida), y ciertamente es así, la complejidad de la
vida moderna con sus continuas solicitaciones exteriores hacen que encontrar
tiempo para el estudio, la meditación, la oración y las prácticas
auxiliares que todo ello conlleva sea cuanto menos complicado; sin embargo
estas dificultades han sido experimentadas por los estudiantes en todas
las épocas, pues forman parte de los "obstáculos" que se
interponen en la realización iniciática. Así las cosas
uno es llevado a anhelar un estado ideal en el que es posible vivir en
un tranquilo retiro dedicado al cultivo de sí mismo (dicho en términos
taoístas), olvidado del mundo y sus intereses. Sin embargo pocos
son los que pueden vivir su búsqueda de esta manera, siendo lo más
frecuente tener que vivir en el mundo dedicándose a alguna actividad
laboral que permita tener cubiertas una serie de necesidades, dedicarse
a una familia e involucrarse en determinadas actividades y relaciones sociales...
Federico González ha señalado
que la materia de la Obra es aquello que tenemos entre las manos y que
no es sino la realidad que a cada uno le toca con sus particulares circunstancias,
y es a partir de esa materia que será posible realizarla.
Esto es lo que nos enseña también
la historia del maestro Liping.
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