El Rey Matías Corvinus. Manuscrito de La Corvina
Rey Matías. Manuscrito de La Corvina.

MATÍAS CORVINO, REY DE HUNGRÍA (*)
Mª ÁNGELES DÍAZ

Uno de los corresponsales de Marsilio Ficino fue Matías Corvino (1443-1490), rey de Hungría de 1458 a 1490, el cual aunque tenía como nombre verdadero Hunyadi, acabó siendo apellidado "Corvinus" por el cuervo de su blasón. Federico González nos introduce en el personaje mediante la siguiente cita:

A los tres años de su accesión, frente a una fuerte oposición tanto en el interior de su país como por parte del Sacro Emperador Romano, logró establecerse firmemente en el trono. A partir de 1461 estuvo implicado en una larga lucha contra los turcos. Obtuvo sus victorias más importantes sobre el Sultán en 1480-81, cuando expulsó a los turcos de Serbia y ayudó a derrotarlos en Otranto.

En 1485, tras derrotar al emperador germano Federico III, hizo una entrada triunfal en Viena, que se convirtió en su capital durante un tiempo.

Matthias era un verdadero monarca del Renacimiento, dotado como soldado, estadista, legislador y patrón de las artes y humanidades a la vez. Su capacidad de trabajo era aparentemente inagotable; con frecuencia pasaba media noche leyendo tras el trabajo de un día extenuante. No había rama del saber hacia la que no mostrase un vivo interés(1).

Efectivamente existen distintas leyendas húngaras que tienen a Matías Corvino como héroe nacional y cultural, como un sabio y el más justo de los reyes, y desde luego nadie le niega el haber sido el promotor fundamental del Renacimiento en Hungría.

Si indagamos en sus orígenes descubrimos que Matías era hijo de un personaje casi legendario, el gran guerrero Janos Hunyadi (héroe en el que, según se cuenta, se basó el valenciano Joanot Martorell para escribir su novela de caballería Tirant lo Blanc) y de Isabel Szilágyi, mujer enérgica y combativa que llegó a ser calificada de verdadera amazona, pues muerto su marido y asesinado su hijo Ladislao Hunyadi, tuvo que ocuparse de defender, educar  y hasta ocultar a Matías durante años, por temor a las represalias de los enemigos de su heredad. A pesar de todo éste tuvo una educación esmerada, con profesores italianos que lograron infundirle el amor por las artes que vehiculaba el humanismo, hasta tal punto que su propia pasión por la Filosofía le hizo ganar al joven monarca el apelativo de "Amante de las Musas". Entre los maestros y asesores que estuvieron a su lado podemos citar a Antonio Bonfini, personaje que pasaría a ser clave, para Hungría, dado que escribió varios tomos contando la historia húngara.

Matías defensor de la frontera de Europa
A Matías le tocó interpretar un papel estelar en ese periodo, papel que ejecutó con gran mérito, superando desde niño grandes dificultades para conseguir reinar y convertirse en el hombre sabio y valeroso que fue. Para ello no escatimó esfuerzos por adquirir conocimientos e instrucción, que le permitieran ser un buen conductor de su Corte, pues consideraba que "un rey inculto era lo más parecido a un asno con corona".

Por ello procuraba día y noche su cultivo en las ciencias y las artes, dando ejemplo de ese modo a quienes le rodeaban y a su propio pueblo. Pero quizá su más crucial reto como monarca cristiano, y dada la situación geográfica en que se encuentra su país, fue tener que defender las fronteras de Europa de la amenaza turca, siendo su actuación la de soldado, legislador y estadista desde el inicio de su reinado, lo que le hizo ganarse el respeto y el amor de su pueblo.

Ficino entiende el papel que a Matías le toca realizar en aquella circunstancia histórica, nada menos que la de defender en el campo de Marte, como estratega y soldado, un modelo cultural. Por ello trata de enviarle ánimos en sus misivas cargadas de palabras dotadas de fuerza, exhortándolo a la guerra contra los bárbaros, pues se da cuenta de que no hay otra salida sino una imperiosa necesidad de detener a quienes en ese momento ya habían emprendido, con furibunda determinación, la invasión de los territorios cristianos a través de la frontera de Hungría. Marsilio Ficino le ofrece su amistad y sus consejos llegando incluso a sugerirle pautas de conducta y observaciones muy precisas a su labor de gobernante, siempre desde la perspectiva de la Filosofía que había heredado de su maestro Platón, a quien el filósofo florentino obedecía en todo.

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Ciertamente Ficino no distribuía su consejo sino entre aquellos príncipes que, como Matías, aunaban en sí mismos una sabiduría sobresaliente y el más alto sentido de la responsabilidad. Esa es la razón por la cual el filósofo florentino trata de insuflarle ánimo, con soflamas al valor, directrices a su acción bélica y la confidencialidad de su propia profecía con la que le anunciaba que finalmente la paz se impondría sobre la barbarie enemiga.

Estatua de bronce con la figura de Matías en la esquina de un edificio de Transilvania.
Estatua de bronce con la figura de Matías
en la esquina de un edificio de Transilvania.

Estos que siguen son los términos con los que Ficino se dirige al monarca húngaro:

No sólo he satisfecho indudablemente a Platón con esta alabanza del inconquistable rey Matías, sino también a los demás filósofos griegos, así como a poetas, oradores, historiadores, y en suma, a toda la gente. En los tiempos antiguos, todos ellos no deseaban otra cosa que la gloria verdadera de la luz con el mayor celo. Pero finalmente, tras muchas generaciones de luz, han caído en las tinieblas bajo los feroces turcos.  ¡Ay, qué dolor! Digo que las estrellas han caído en las tinieblas a causa de las bestias salvajes. ¡Ay!(2)

A continuación, y en nombre de toda una Tradición Sapiencial que teme perecer masacrada por los bárbaros, pide con devoción a Matías que sea el liberador de todos aquellos que estaban siendo amenazados por los oscuros enemigos de la paz:

Tal como los santos de la antigüedad, sumidos al principio en la oscuridad, elevaron sus voces al Mesías, estos hombres sabios lo han hecho a Matías como si fuera un Mesías. Merecedores de piedad, claman continuamente a Matías que los rescate del limbo, o más bien de las regiones inferiores, y que los devuelva a la luz y la vida. Pero no sólo los hombres sabios de quienes he hablado; también las muchas naciones de Asia y Europa, forzadas a una servidumbre lamentable bajo los inhumanos turcos como los hijos de Israel bajo el Faraón desafiador de Dios, claman alta y constantemente a Matías como a un segundo Moisés.

Y poniendo todo el ímpetu en su exhortación teúrgica, el filósofo florentino reclama a Matías:

Alzate, actúa de nuevo, Matías, tal como lo has hecho en muchas otras ocasiones con éxito, pues los auspicios son muy favorables. Te lo rogamos, levántate cuando aún hay tiempo, oh victorioso Hércules, contra esos monstruos horribles e ingobernables que tan cruelmente asolan los campos, destruyen las ciudades y devoran a la gente.

Y continúa Ficino:

Hércules, muchas veces has vencido de modo maravilloso con tu virtud heroica a monstruos de esta clase, y los has domado. En este momento se te envía una nueva victoria desde los cielos –y no hay duda alguna en lo que te decimos y en verdad profetizamos-. Cuando de nuevo entres valerosamente en batalla por la raza humana y todas las virtudes, y propiamente por Dios mismo, sin duda alguna te apoyará toda la tierra, el cielo luchará a tu favor y acudirán los vientos propicios para ayudar a tus flotas.

El filósofo florentino le compara con el sol y con aquél que defiende las artes, las ciencias, las letras, en fin, la cultura antigua frente a la oscuridad que supone perderla. Así escribe:

El Dios todopoderoso te conferirá un dominio sin límite. Ese Dios supremo, que en lo alto ha coronado al Sol como rey del cielo y las estrellas, ha designado al Sol Matías como aquel que debe establecer a océano como ribera de su imperio y las estrellas como límites de su gloria.

La Medicina que Ficino recomienda a Matías
No sólo de estrategia y defensa militar trataban las cartas entre Ficino y el rey húngaro, sino que abarcaban otros muchos temas. Por estas misivas hemos conocido, por ejemplo, de qué forma aplicaba Ficino su medicina astrológica, que es aquella que actúa sobre todos los planos, y que cuenta con antiguas recetas, compuestas de venenos y remedios, mezcladas con prácticas rituales y con la idea de que "lo de arriba es como lo de abajo, y lo de abajo como lo de arriba". O sea, que hay una correspondencia entre los opuestos, y que en esa concordancia radica el equilibrio y la salud. En concreto sabemos que el rey Matías recibió de Ficino tratamientos médicos contra el reuma y otras dolencias que también padecía. En una de sus recetas el filósofo florentino le indica que debe mezclar oro puro con ciertas hierbas, entre ellas melisa y borraja; luego debía dejar macerar el compuesto mientras el sol se encontrara en el signo de Leo, que como es sabido tiene correspondencia con dicho metal. Asimismo la receta indicaba que la pócima obtenida debía ingerirse con el estómago vacío y en pequeñas dosis mezcladas con vino dorado.

Así explica Ficino las cualidades de su receta:

Todos los autores afirman que el oro es, entre todas las sustancias, la más suave y menos sujeta a corrupción. Debido a su brillo está consagrada al Sol; su suavidad la subordina a Júpiter; por consiguiente es capaz de moderar milagrosamente con su humedad el calor natural y de impedir la corrupción de los humores corporales. Es capaz de introducir el calor del Sol y la tibieza de Júpiter en las diferentes partes del cuerpo. Con este fin es necesario refinar la sustancia extremadamente dura del oro y facilitar su absorción. Es bien sabido que las pociones que influyen al corazón son las más efectivas, si se consigue mantener sus virtudes. Con el fin de que el organismo sufra lo menos posible, han de administrarse las más pequeñas cantidades, y con la mayor cautela. Sería más aconsejable que se prepare oro líquido libre de toda sustancia extraña. Pero hasta ahora ello solamente es posible si se fragmenta el metal o se le bate hasta transformarlo en hojas de oro.(3)

La Medicina tiene para Ficino una alta connotación hasta el punto de considerar que es un arte que está por encima de todos los demás. Y es que bien entendida esta disciplina incluye la salud del cuerpo y del alma. Para Ficino, y extensible también a la Tradición Hermética y Platónica que él mismo representa, la lista de quienes iniciaron dicho arte comienza con Apolo, quien la obtuvo de Jove. Luego ésta pasó a Asclepios e Hipócrates y a partir de entonces, sacerdotes y médicos hebreos, árabes, griegos, egipcios y persas la practicaron o escribieron sobre ella. Entre los más ilustres representantes de esta disciplina se cita a Pitágoras, Platón, Aristóteles, así como a Zoroastro. Por todo ello Ficino anima a sus más cercanos a practicar esta clase de medicina y considerarla una joya intelectual y talismán de la memoria cargado de un poder verdaderamente saludable.

Así, amigos míos, os urjo a todos con firmeza a no escatimar tiempo, dinero o trabajo para poder adheriros con toda vuestra energía a este arte saludable, el preservador de la vida humana. De este modo, cada uno de vosotros será capaz de cuidar su propia vida y prosperidad, la de su familia y la de todos los demás, y sostener a las otras artes liberales, las cuales no pueden ser aprendidas ni practicadas sin salud. Y finalmente, podréis prescribir para el bien de toda la gente, incluso a los reyes más poderosos; todos ellos se entregarán a vuestras manos(4).

Precisamente hemos conocido que el oro de Hungría, con el que por cierto se acuñaba la moneda que llevaba el cuervo del blasón de Matías, era de una gran calidad, por lo que ese oro, y no otro, se hallaba en una fórmula magistral contra la ictericia, una enfermedad que vuelve amarillo al paciente, tonalidad que remitía con una dosis adecuada de aquel amarillento oro húngaro. Eso nos lleva a advertir la importancia y eficacia que poseen los colores como remedios, y así lo vemos con la rojez del sarampión que cede ante el color rojo.

Ficino desarrolla a través de su medicina (admirada y practicada entre otros por Cornelio Agripa o Paracelso) una ciencia que consiste en el conocimiento de un sistema complejo y pormenorizado que relaciona nuestro cuerpo, y en concreto cada órgano humano, con su estrella. Pues siendo el mundo "una inmensa red de analogías", un todo ligado por corrientes sutiles que descienden, ascienden y se interfieren, es lógico pensar que cada persona está, por esa corriente, vinculada a su planeta y a su ámbito celeste.

Monedas de oro acuñadas en la época de Matías Corvino
Monedas de oro acuñadas en la época de Matías Corvino.

La Academia Platónica en el Corazón de Hungría
Su formación y también su interés, hicieron que Matías Corvino siempre tuviera puesta la mirada en la bella Italia, país del que procuró extraer el esplendor que quería para el suyo donde se había propuesto iniciar su propio Renacimiento. Y así lo hizo. Imitando el modelo cultural y las formas de proceder que tenían las Cortes italianas, invitó a vivir en la suya a los más insignes personajes del mundo del arte, las ciencias y las letras, quienes venidos de distintas partes, remaron en una misma dirección ayudándole en su proyecto de organizar Buda.

Los planes consistían en hacer de aquella ciudad un gran centro cultural con una gran universidad que tuviera capacidad para albergar a 40.000 alumnos. El diseño de Corvino también contemplaba dotar a la ciudad de una grandiosa biblioteca, que efectivamente fue la mayor de Europa, conocida como La Corvina sólo comparable en número de volúmenes con la Vaticana.

Entre los personajes destacados del mundo de las artes y las ciencias que atraídos por el proyecto de Matías llegaron desde Italia para cooperar con él, debemos mencionar a Marzio Galeotti que llegó al reino de Hungría para ocuparse de la educación del hijo de Matías.

Juan Corvino, adolescente, en 1486. Hijo natural de Matías.
Juan Corvino, adolescente, en 1486. Hijo natural de Matías.
Baldassare d'Este, 1486. Alte Pinakothek, Munich.

Galeotti, venía de Ferrara donde había sido compañero de estudios de Janus Pannonius, un poeta húngaro que formó parte del círculo de humanistas vinculados con la Academia de Florencia, que había regresado a Hungría justo cuando Matías accede al trono para asistir al monarca en responsabilidades de gobierno, por lo que debemos considerarlo uno de los puentes intelectuales más importantes entre Italia y el país magiar(5).

Matías contó para su proyecto cultural con todo el contrafuerte del círculo florentino que ayudó a hacer de Buda la ciudad de corte renacentista en que se convirtió.

Aquí debemos mencionar de forma especial a Tadeo Ugonotti de Parma a quien el rey húngaro le confió la tarea de crear el fondo de esa gran biblioteca la cual debía albergar los mejores tratados, las obras más excelsas y por supuesto también las más bellas ediciones. Con ese fin Ugonotti se trasladó a distintas ciudades europeas en las que adquirió, bajo su propio criterio, códices y manuscritos que una vez reunidos darían forma a la selecta biblioteca real de Buda. Debemos decir aquí, que seguir las huellas de este personaje en pos de la adquisición y selección de libros nos ha dado la oportunidad de descubrir una red de personajes muy expertos, que se dedicaron en ese tiempo a rescatar toda clase de libros sapienciales que de otro modo hubieran desaparecido, ya que ante todo en ese periodo fueron fundamentales esa clase de viajeros cualificados, con conocimientos no sólo para saber dónde buscar, sino para reconocer la autenticidad y valor de los textos. Entre los contactos con los que Ugonotti contó descubrimos a otro gran experto en el rescate de códices de antigua sabiduría; se trata de Francesco Sassetti gran desconocido pero importante en estas tareas ya que fue un gran entendido en manuscritos antiguos, muchos de ellos recuperados con el dinero que el banco de los Medici puso a su disposición para tal fin(6).

Detalle de cenefa con el cuervo, emblema de Matías Corvinus
Detalle de cenefa con el cuervo.

Ugonotti también tuvo la colaboración de Giovanni Aurispa, un viejo erudito que había conformado una importante colección de manuscritos y códices hallados a lo largo de sus viajes por las islas griegas, Constantinopla y otros lugares. Según se cuenta, ni uno ni otro dejaron de reconocer y adquirir una joya cuando la hallaban para lo cual todos ellos tuvieron a su disposición los préstamos bancarios de los Medici que eran, como decimos, quienes les financiaban la compra de aquellos tesoros que hoy en día son patrimonio de la humanidad. Algunas de estas compras están documentadas y constituyen un anal bien significativo de la Historia. Es el caso concreto de las obras recobradas por este último personaje, Aurispa, que en cierta ocasión recuperó 238 manuscritos, entre ellos uno de Sófocles, otro de Eurípides, algunos versos órficos, textos de Platón, Plotino y un largo etc.

La Academia Platónica, donde se traducían y se estudiaban dichos textos, era uno de los centros a donde llegaban las obras, muchas veces para ser examinadas. En concreto Ugonotti, en su labor de reunir ejemplares para la biblioteca de Corvino, se relacionó con todos ellos y en especial con Ángelo Poliziano, Pico della Mirandola y Lorenzo de Medici, quienes en una u otra medida contribuyeron a conformar la cada vez más nutrida Biblioteca de Hungría. Y ahora debemos citar a Bartolomeo della Fonte, otro miembro destacado del círculo de Florencia y al que Ficino llamaba "discípulo de las musas", pues fue este personaje inspirado, según se cuenta, quien se ocupó de clasificar y organizar las obras de la que aún se conoce como La Corvina. 

Del mismo modo que todas las bibliotecas que creó el movimiento humanista, La Corvina, además de estar sustentada en todas esas obras obtenidas a través de los "buscadores de antigüedades y tesoros", también creó un taller donde copistas y miniaturistas realizaban sus labores. Otros, también al servicio de Matías, se desplazaban a distintas bibliotecas italianas, como la de los Medici en Florencia, la Vaticana o la de Federico de Montefeltro, en Urbino. Por esa vía llegaron a la Corvina reproducciones primorosas de libros de los clásicos, con ilustraciones iluminadas y encuadernados con tapas de terciopelo y cierres de oro y plata y con miniaturas a todo color algunas de las cuales llevaba años elaborar. Como ejemplo se menciona que solo en la copia y ornamentaciones de un misal romano (citado como Missale Romanum( 7)) realizadas a base de finísimas pinturas, trabajó durante cinco años el florentino Gabriello da Vante, más conocido como Attavante degli Attavanti, insigne miniaturista que también hizo obras para la biblioteca de Lorenzo de Medici, como las hizo para la del papa Julio II y para la de Federico de Montefeltro.


Miniatura con la imagen de Matías en un códice de La Corvina.

Matías, para facilitar la labor de sus bibliófilos, creó su propia imprenta en la que trabajaban decenas de escribientes y varios pintores, todos ellos ocupados en realizar bellas copias bajo la dirección de Ladislao Gereb, que ostentaba el cargo de preboste real, un término que se usaba para designar a un alto funcionario nombrado directamente por el rey.  Entre los pintores que ilustraron obras para la Corvina figuran nombres tan destacados como Benedetto da Maiano, Filippo Lippi o Andrea Verrochio.

Pero sin duda la mayor afluencia de personal italiano llegado al país húngaro durante esa época de explosión cultural, fue el que entró con la comitiva que acompañó a Beatriz de Aragón, hija del rey Fernando I de Nápoles. Corría el año 1476 cuando esta bella princesa napolitana de sangre española, que contaba entonces 17 años, se casaba con Matías que era viudo y 14 años mayor que ella. Esta, habiéndose desposado con el monarca húngaro por poderes, entraba en Hungría como reina consorte de ese país y en la forma que correspondía a su rango, esto es, acompañada de un enorme séquito de servidores y amigos.

Seguir la crónica de este enlace es sobre todo hacer un recorrido por los ambientes más destacados de las Cortes renacentistas, impregnarse de su forma de proceder y de vivir. Es compartir junto a los protagonistas y conocer todos sus avatares que son los de un periodo en el que la invasión turca era una amenaza constante sobre las costumbres tradicionales de los pueblos que conformaban el Occidente cultural.

Beatriz de Aragón, esposa de Matías Corvino
Beatriz de Aragón, esposa de Matías Corvino.

Según se constata en los anales del evento, la comitiva nupcial de Beatriz, que se formó en Nápoles para acompañarla hasta Hungría, estuvo constituida por un séquito de ochocientas personas. En el trayecto, realizado por tierra y mar, dicha comitiva se fue deteniendo en distintos lugares; uno de ellos fue Ferrara donde fue recibida por su hermana mayor, Leonor de Aragón, que estaba casada con el duque Ercole d'Este, con el cual ejercía la regencia de una de las Cortes más destacadas de Europa(8).  Siguen siendo una estampa magnífica del momento, los documentos elaborados por los comentaristas que participaron en el acontecimiento. Por ellos sabemos de primera mano que una vez la comitiva nupcial abandonó la península itálica, el cortejo debió tomar medidas especiales para protegerse de los ataques de los turcos hablándose de un peligro concreto venido por la parte de Croacia o Dalmacia, en la costa balcánica del mar Adriático y de Estiria, un ducado situado en lo que hoy es el sur de Austria y el norte de Eslovenia(9), donde a su paso hallaron signos de destrucción y muerte, con casas saqueadas y cadáveres insepultos.

Tras dos meses y medio de viaje, durante los cuales la comitiva tuvo que cruzar el Adriático teniendo que avanzar luego por medio de carruajes y a la grupa de caballos hasta que el cortejo nupcial por fin llega a Hungría. Era el 10 de diciembre de 1476 cuando, en medio de un paisaje nevado en Szekesfejervar, Beatriz se encuentra con el rey Matías Corvino, su esposo, que en ese lugar le salió al paso.

Vista de Buda junto al Danubio. Códice de Nuremberg.
Una vista de Buda que junto a Pesth (al otro lado del río Danubio)  se convirtió en Budapest. Códice de Nuremberg.

Se cuenta que desde ese momento el rey gobernó con el apoyo de su esposa a la que consultaba todos los asuntos importantes, participando en negociaciones, alianzas y decisiones de Estado. Efectivamente, Beatriz no se quedaba en la Corte a la espera, sino que seguía a Matías por los campamentos y sitios a los que se trasladaba para supervisar las acciones de su ejército. Así sucedió en Viena donde llegó cuatro días después de que Matías tomara la ciudad, algo que era conforme al papel de contraparte que una dama tenía, de acuerdo a la preparación que en Italia y resto de Cortes europeas, recibían las nobles cuyo destino era ocupar un cargo en la gobernabilidad de algún estado o reino. Así lo reconoce el propio Baltasar Castiglione que la refiere en el Cortesano del siguiente modo:

La reina de Ungría, señora tan ecelente cuanto vos sabéis, y bastante para igualarse con el famoso y nunca vencido rey Matía Corvino, su marido.

Breviario de La Corvina con Matías Corvino y Beatriz de Aragón.
Detalle de un breviario de La Corvina donde se ve
a Matías y Beatriz (arrodillada) frente a San Pablo.

Pero lo importante a retener en este momento es que con Beatriz como reina la influencia renacentista italiana en la Corte húngara se hizo evidente, tanto en lo que se refiere a ciertos aspectos culturales como en las costumbres innovadoras y de refinamiento que ésta introdujo, así como la teatralidad o escenificación en los banquetes, el uso de cubiertos y vajillas en la mesa, etc. Lo cierto es que Matías había conseguido la esposa ideal para culminar su proyecto modernizador, y juntos gobernaron 14 años durante los cuales la pareja emprendió la construcción de la nueva Hungría.

Sólo una princesa como Beatriz, instruida según las ideas del humanismo para hacer florecer su entorno, cultivando a la vez su Corte interior y exterior, unido a la condición y educación de Matías, orientada en esa misma dirección, pudieron lograr que su matrimonio constituyera, culturalmente hablando, el período más brillante de todos los tiempos que vivió Hungría, pues en esos años consiguieron que el Renacimiento húngaro alcanzara al italiano y al mismo tiempo que sirviera de puente por el que transitaron los demás países europeos. Y añadiendo a lo dicho una última reflexión diremos que la defensa que con el apoyo moral e intelectual de Marsilio Ficino hizo este rey húngaro del territorio Europeo y de sus valores culturales frente al empuje otomano, es para nosotros un ejemplo de unidad altamente estimulante. Y lo es precisamente en un momento como el actual en que esos mismos valores culturales están a punto de desaparecer definitivamente frente a un enemigo que ya no es únicamente "exterior" (aunque también lo sea), sino que desde hace ya tiempo ha invadido y se ha adueñado de las conciencias de los hombres y mujeres de Occidente. Creemos que no hay peor enemigo para la esencia de una cultura que el olvido, o sea, la desmemoria, que en este caso es la consecuencia de una paulatina degradación desde el momento en que fueron aceptadas, sin contrapartida alguna, aquellas ideas y postulados de un racionalismo a ultranza que acabarían por secar la médula del alma europea, nutrida de distintas corrientes filosóficas y sapienciales nacidas en el mundo greco-romano, el judeo-cristiano y el hermetismo. Y que por descontado fueron las mismas que construyeron el Renacimiento y que tuvieron en los miembros de la Academia florentina, o sea, a "los amigos de Ficino en la ciudad celeste", como es el caso de Matías, a sus más firmes defensores.

Gran escudo imperial de Matías Corvino y Beatriz de Aragón
Gran escudo imperial de Matías Corvino y Beatriz de Aragón.


Francesco Bandini, representante de la Academia Platónica en Hungría

Temas: Symbolos


NOTAS

(*) El presente texto es el primero de dos capítulos de un libro en preparación relacionado con la Academia platónica de Florencia.

(1) Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada Corresponsales de M. Ficino.

(2) Exhortación a la Guerra contra los Bárbaros. Carta de Marsilio Ficino a Matías Corvino. Traducción de Marc García.

(3) Marsilio Ficino. De Triplici Vita. Obra de 1489.

(4)  Discurso de Marsilio Ficino en alabanza a la Medicina. Carta de Ficino. Traducción de Marc García.

(5) Hemos constatado la importancia que tuvo Janus Pannonios (Jánus Csezmicei) para el pueblo húngaro al advertir que se trata de uno de los pocos personajes cuya memoria aún se conserva después de la invasión turca en esculturas, placas, etc.

(6) Los Sassetti eran una gran familia de Florencia que desde los tiempos de Cosme se habían ocupado de las finanzas del banco de los Medici. En concreto Francesco pertenecía a la segunda generación y fue gerente general de todas las sucursales del banco florentino. Dada su honestidad y su talento, tuvo libertad pare reinvertir los intereses devengados de los depósitos en distintas empresas sociales llevadas a cabo por los Medici, como la adquisición de manuscritos. Fue autor de un libro magistral sobre finanzas titulado Cuentas Secretas. Interesado en la Filosofía, mantuvo una gran relación con Lorenzo de Medici, uno de sus jefes.  Con el tiempo Francesco Sassetti llegó a ser socio del Banco y a invertir su capital en obras sociales, arquitectónicas y pictóricas para la ciudad. Como muestra a destacar los frescos encargados a Ghirlandaio en la iglesia florentina de la Santa Trinitá.

(7) Precisamente en este Missale aparece una imagen de Matías Corvino junto a Beatriz, su esposa (de la que ahora hablaremos) y un niño, Juan, hijo ilegítimo del rey Matías quien, como veremos, hereda la corona de su padre.

(8) De ese matrimonio nacieron Alfonso, Isabel, Beatriz, Ferrante, Hipólito y Segismundo d'Este.

(9) Estiria formó parte del Sacro Imperio Romano Germánico hasta su disolución en 1806 y del Imperio Austrohúngaro hasta 1918.


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