René Guénon, Maestro Hermético (*)
José Manuel Río
En
su estudio "Algunas consideraciones sobre el Hermetismo"(1) dice
Guénon: "lo
que se ha mantenido bajo este nombre de 'hermetismo', ¿puede ser
considerado como constituyendo una doctrina tradicional completa
en sí misma? La respuesta no puede ser más que negativa,
ya que en eso no se trata estrictamente más que de un conocimiento
que no es de orden metafísico, sino sólo cosmológico,
entendiendo esta palabra en su doble aplicación 'macrocósmica'
y 'microcósmica'". Sin embargo afirma en otro lugar: "podemos
mencionar como ejemplo a los alquimistas, cuya doctrina era sobre
todo de orden cosmológico; pero la cosmología debe
tener siempre por fundamento cierto conjunto más o menos extenso
de concepciones metafísicas."(2) Efectivamente
no está acabada
la obra de la Creación, siempre hay una unidad que agregar,
como ya mismo ocurre en la serie numérica indefinida, y la
Cosmología, "una de las ciencias más 'sagradas'", no
puede ser completa sin la Ontología de la que depende y de
la cual es manifestación, o sea sin la Unidad Original que
es el Principio del Cosmos y que en realidad no es sólo eso,
pues es en sí misma el Ser Universal, verdaderamente supra-cósmico,
es decir metafísico. Sin embargo la Metafísica es aún
más amplia, pues el Ser engloba solamente todo aquello que
puede ser afirmado del Principio; más allá de esto
queda el No-Ser –el En-Sof de la Cábala–, aquello a
lo que no podemos referirnos más que en términos Negativos.
La realización de la identidad del Principio de los estados
del ser –y por lo tanto de un ser– con el Principio incondicionado
es el conocimiento de la No-Dualidad o Suprema Identidad. Su magistral
exposición tanto de la Metafísica universal como de
la Cosmogonía unánime y del símbolo, hace de
Guénon un guía intelectual para la Tradición
Hermética.
Con el nombre
de Hermetismo no siempre designa René Guénon exclusivamente "una
tradición de origen egipcio, revestida después de una
forma helenizada, sin duda en la época alejandrina, y transmitida
bajo esta forma, en la Edad Media, a la vez al mundo islámico
y al mundo cristiano"(3), como podemos ver expresará René Guénon
en su estudio sobre El Esoterismo de Dante (Ed. Gallimard
1991):
"Lo que ofrece
un interés muy particular para la historia de las doctrinas
esotéricas, es la constatación de que varias manifestaciones
importantes de estas doctrinas coinciden, en pocos años, con
la destrucción de la Orden del Temple; hay una relación
indiscutible, aunque bastante difícil de determinar con precisión,
entre estos diversos acontecimientos. En los primeros años
del siglo XIV, y sin duda ya en el curso del siglo precedente, había
pues, tanto en Francia como en Italia, una tradición secreta
('oculta' si se quiere, pero no 'ocultista'), la misma que debía
llevar más tarde el nombre de tradición rosacruciana.
La denominación de Fraternitas Rosæ-Crucis aparece
por primera vez en 1374,
o incluso, según algunos (concretamente
Michel Maier), en 1413; y la leyenda de Christian Rosenkreuz,
el fundador supuesto cuyo nombre y cuya vida son puramente simbólicos,
quizás no fue enteramente constituida más que en el
siglo XVI; pero, acabamos de ver que el símbolo de la Rosa-Cruz
es ciertamente muy anterior."
"Esta doctrina
esotérica, cualquiera que sea la designación particular
que se le quiera dar hasta la aparición del Rosacrucianismo
propiamente dicho (si es que se encuentra necesario darle una), presentaba
caracteres que permiten hacerla entrar en lo que se llama bastante
generalmente el hermetismo. La historia de esta tradición
hermética está íntimamente ligada a la de las
Ordenes de caballería; y, en la época de que nos ocupamos,
era conservada por organizaciones iniciáticas como la de la Fede
Santa y los Fieles de Amor" –y dicho sea de paso Guénon
acepta también una Masonería céltica, revestida
de formas cristianas como conservadora de la tradición primero
mencionada y uno de los orígenes de la Masonería moderna
(p. 35-36).
Al mismo tiempo
la corriente Pitagórica se hace presente en el núcleo
de las Artes Liberales: "es precisamente esta misma tradición
[la tradición pitagórica], la que permite comprender
el papel 'solar' atribuido a la aritmética, de la que hace
el centro común de todas las demás ciencias" (p. 15).
... subrayando "la importancia fundamental que tiene el simbolismo
de los números en la obra de Dante", simbolismo que "no es únicamente
pitagórico" y "se encuentra en otras doctrinas por la simple
razón de que la verdad es una" (p. 16), tema al que dedicará el
cap. VII de esta obra; afirmando por otra parte que "es más
bien al Pitagorismo que a la Cábala al que, bajo esta relación
[el 'empleo de la ciencia de los números'], se podría
vincular Dante, que, muy probablemente, conoció sobre todo
del judaísmo lo que el cristianismo ha conservado de él
en su propia doctrina." (p. 32). Es interesante destacar que coetáneamente
a Dante, y aunque este no llegara a conocerlo, aparecía en
España el Zohar, uno de los textos cabalísticos
más importantes, y que también incluía la doctrina
de las diez "Numeraciones" o aspectos divinos que conforman el Arbol
de la Vida sefirótico de la Cábala y de la que
ya hablaba el Sepher Yetsirah.
De hecho, el Zóhar aparece
simultáneamente en Castilla en 1280-90 de mano de Moisés
de León (se lo considera escrito c. 1275)(4) conteniendo
estas doctrinas –que incluyen ideas gnósticas que también
hereda el Hermetismo– que fermentarán en España y se
propagarán por la Península y por Europa, también
por el éxodo obligado de los judíos decretado en 1492,
y seguramente por ese medio llega a Italia, y al resto del continente,
donde ya existían grupos cabalísticos en asentamientos
judíos (por ejemplo, Abraham Abulafia enseña en Italia
y Grecia al mismo tiempo que se escribe el Zóhar).
Lo que nosotros
llamamos aquí Tradición Hermética incluye parte
de la Cábala –y de lo que hoy se llama la Cábala Cristiana
del Renacimiento–, aunque para Guénon esta última terminología
no existe, por lo que lo más probable es que la esté incluyendo
en el Hermetismo cristiano. La Cábala se incorpora a la historia
del Hermetismo con la participación del iniciado Juan Pico
de la Mirándola (s. XV) que la había recibido de Elía
de Médigo aunque debe nombrarse igualmente al judío
Flavius Mitrhidates, al español Pablo de Heredia y a Guillermo
de Sicilia y otros cabalistas radicados en Italia (v.g., Ferrara,
Sicilia y Roma). Y así la Cábala hebrea, a través
de la llamada Cábala Cristiana se incorpora al Hermetismo
Renacentista, a una reagrupación del Hermetismo anterior a
la Reforma y la Contrarreforma, extendiéndose desde Italia
a toda Europa.
Sin embargo el
llamado Movimiento Rosacruz de las primeras decenas del siglo XVII,
manifestación contemporánea de los 'invisibles' Rosa-Cruces,
no identificados con ninguna individualidad histórica determinada,
será abortado rápidamente. Según Frances A.
Yates (El Iluminismo Rosacruz cap. II: "La tragedia de Bohemia")(5) "la
batalla de la Montaña Blanca es un hecho de importancia fundamental
para la historia de Europa" (p. 39); dicha batalla significó la
derrota total de Bohemia y el Palatinado por parte de la liga católica
austríaco-española en 1620, y el comienzo de la Guerra
de los Treinta Años. Esta implicó el arrasamiento de
esas regiones y el desencadenamiento de la caza de brujas de la Contrarreforma,
que incluiría desde luego todo lo que tenía que ver
allí con dicha manifestación Rosacruz. Le pondría
fin el Tratado de Westfalia, el cual, desde el punto de vista espiritual
de Guénon, siguiendo a St.-Yves d'Alveydre, marca la desacralización
completa de Europa y señala la fecha simbólica de la "retirada
al Oriente" de los Rosacruces, es decir la de su reabsorción
en el Centro supremo dadas las condiciones de la época; desde
el punto de vista de F. Yates sobre este hecho sucedido cinco años
después de la aparición del primer Manifiesto, y al
que considera decisivo en la Historia de la Tradición Hermética,
implica la suspensión de las ediciones en Alemania (todavía
aparecerá alguna obra en Francfort), trasladándose
la centralización de lo que queda de este movimiento a Inglaterra
(Robert Fludd ya había publicado sus obras más importantes
en la imprenta palatina, al igual que Michael Maier la gran mayoría
de sus textos alquímicos), Irlanda, y a Escocia: la que parece
ya había recibido a caballeros templarios siglos antes, desembocando
todo ello en la Masonería tal cual hoy se la conoce.(6)
Se trata pues,
esta Tradición, no sólo de lo expresado en los textos
que se conocen bajo el nombre de Corpus Hermeticum, de la
Astrología y de la Alquimia, sino del Neoplatonismo de Marsilio
Ficino, refundador de la Academia Platónica de Florencia,
y la Cábala principalmente Sefirótica fundamentada
en el Arbol de la Vida y su doctrina, que incluye como dijimos la
doctrina de las diez "Numeraciones", en perfecta correspondencia
con la década Pitagórica y modelo del macrocosmos y
el microcosmos. Por otra parte debe señalarse aunque pueda
chocar a primera vista una herencia Caldea y Orfica –los Oráculos
Caldeos tuvieron una gran importancia en la Escuela Neoplatónica,
tanto para Proclo (jefe de la Academia de Atenas en el s. V por 40
años)(7) como para el Renacimiento, y lo mismo sucedió con
el Orfismo que fue considerado al igual que el anterior como parte
de una Teúrgia,(8) y la más elevada de una Enseñanza
que tomaba a Platón como intermediario.
*
* *
Para el Hermetismo
contemplar la Cosmogonía es conocerla como símbolo,(9) es decir como manifestación de su Autor, de la Inteligencia
que ella está revelando, y al cantar su armonía se
elevan todas las cosas con el hombre: no es que el hombre ha de dejar
el mundo, lo que deja es la visión profana de la realidad,
que ha dividido al mundo y a él y lo ha separado de la Deidad.
La máxima expresión de la armonía es la conjunción
de los opuestos, el lugar en que se da es el Centro. El conocimiento
de ese Centro se da en el corazón del hombre. El Centro es
el punto donde el eje corta a las condiciones que definen un estado
de existencia. En ese Centro el ser se abre a la metafísica,
al unir los dos polos opuestos a través de su unidad inmanifestada,
que ya es simbólicamente supra-cósmica. Es decir, hay
un Cosmos inmanifestado pero afirmado: los Principios o Arquetipos
(el plano de Atsiluth del Arbol Sefirótico)
del cosmos que es Creación (Beriyah) y por lo tanto
un reflejo –aunque Informal– que se reviste de Formas sutiles (Yetsirah)
que se concretizan en la manifestación Sensible (Asiyah);
son los Principios ontológicos del Denario presididos y resumidos
por el Ternario y "emanados" por la Unidad del Ser (Kether),
el origen de todas las Numeraciones. La que se refleja a sí misma
en el Cuaternario con el que comienza la Manifestación (y
el Mundo de Beriyah), en la que siempre estará presente,
en forma inmanente, en cualquiera de sus elementos, aquel Ternario
que vehicula al Centro, y por lo tanto al Eje, y que actúa
en todo equilibrio o unión de complementarios y en toda solución
de opuestos. En cuanto a la metafísica no hay nada para ella
pues no se queda en lo afirmativo y todo desaparece en la trascendencia
del Todo inmanifestado.
Y análoga
es la naturaleza del símbolo (revelada) dondequiera que se
lo encuentre, y el hombre mismo es un símbolo. "Dios tiene
dos imágenes: el cosmos y el hombre" como dice el Corpus
Hermeticum, o también "El hombre es imagen del cosmos,
y el cosmos es imagen divina". Esto es la base de la enseñanza
hermética o simbólica, tal como lo manifiesta la Tabla
de Esmeralda que es una expresión de la identidad, de
la unidad del En to Pan. Al conocer el cosmos, es decir al
conocer los Números (númenes) o Ideas que lo conforman,
su síntesis ontológica, el hombre se eleva por su intermedio
al conocimiento de la Deidad que lo produce y que ha incluido la
posibilidad de trascenderlo a través del vacío central
de la Rueda. Los números, vehículos de la unidad de
la que se generan, y letras a su vez, están en el corazón
de toda forma tradicional sirviendo en ella de concordia vertical
y horizontal, constituyendo un simbolismo fundamental que posibilita
el entendimiento de esas "lenguas" entre sí. Todo símbolo
es susceptible de una transposición a un nivel superior, por
eso es un símbolo, es decir es revelado y vehículo
de Revelación. Siendo uno con El que escribe en el Libro de
la Vida, o sea en el Cosmos manifestado, tal como se dice del Maestro,
y siéndolo con toda su naturaleza de ser humano, ha llegado
al final de los Misterios menores y se identifica con Adán,
con el Adán primordial que puede nombrar todas las cosas porque
las conoce como emanadas de sí mismo, como siendo sin "separación" y
reproduciendo a su manera inevitable e inmediatamente los Arquetipos
divinos, es decir las posibilidades del Ser que es el Centro de todos
los radios. Permaneciendo en el Centro con él se elevan todas
las cosas a la Unidad Trascendente al identificarse con el Principio
Supremo y ser absorbido en el Origen Inmanifestado, lo cual es la
teúrgia o ese sacerdocio "perenne" desde el punto de vista
de la manifestación; todo lo demás ocurre fuera del
tiempo profano y de toda sucesión. Sería absurdo pensar
que "después" del estado primordial, o que para acceder más
allá del estado primordial hace falta una nueva iniciación "exterior" distinta
o un nuevo camino pautado a recorrer de modo ordenado, puesto que
la iniciación, según René Guénon, se
hizo necesaria a partir de cierto punto de la "caída" cíclica,
no siéndolo para los hombres de aquella Edad de Oro en la
que el desarrollo espiritual era "espontáneo" y como natural.
Lo que caracteriza
entonces a un brahmán que lo sea de verdad y no sólo
exteriormente –y es lo primero aquello que es verdaderamente la "casta",
que significa el "color", el cual representa la "resultante" de los
tres gunas (blanco, rojo y negro: sattwa, rajas y tamas)
que hereda por el hecho mismo de su cualidad de ser manifestado(10)– es
su capacidad de realización en el grado que fuere de los estados
superiores al individual humano(11) hasta incluir en el mejor de los
casos la plenitud de la realización metafísica. No
debe establecerse entonces una división absolutamente tajante
entre el kshatriya y el brahmán (sin olvidar
al vaishya, que pertenece igualmente a la casta de los "nacidos
dos veces") ni entre el "poder temporal" y la "autoridad espiritual" que
están separados en la Tradición hindú –y en
la historia del Cristianismo– por la polarización de un Principio único,
en su manifestación a raíz de la caída cíclica,
y si vemos que los Misterios menores son un paso en la totalidad
de la Iniciación que es una sola cosa, un segmento del camino
en una vía que es única, no hay que dejar entonces
que la didáctica –la dialéctica: "el ver a través" del
discurso– que se expresa en la obra de Guénon se configure
en unas realidades separadas unas de otras, se objetivice en conceptualizaciones
aisladas y por lo tanto antagónicas, cuando se trata de modelos
teóricos (la contemplación de la naturaleza interna
de las cosas con la que no siempre coinciden sus expresiones humanas),
es decir de modelos conceptuales que traducen a través de
funciones exteriores –luego en el mejor de los casos simbólicas– las
fases de un solo proceso que siempre seguirá la Voluntad del
Cielo, pues de esa manera se particularizarían en forma materialista
tal como las de una ciencia profana. El sacerdocio –como grado de
iniciación– no se "practica", se realiza; lo demás
son las funciones sociales, que como la institución de las
castas, siempre son exteriores, aunque sean una expresión
de la Tradición a través de la sociedad que ella configura.(12) Por otro lado, hoy en día las castas están "mezcladas" y
el modelo válido sigue siendo la analogía de ese cuaternario
con la constitución del individuo (microcósmica, y
no social), independientemente de la correspondencia con el estado
de aquellas funciones. Por otra parte mientras esté "constituida" la
autoridad espiritual, el símbolo del Eje para una forma tradicional
(y aunque permanezca totalmente desconocida "incluso para sus propios
representantes", cf. Autoridad espiritual y poder temporal,
final), habrá un "ancla" en este mundo que permitirá que
esa forma incida en el tiempo –que no desaparezca en lo "histórico"–;
mientras tanto el Eje efectivo se realiza a partir del Centro del
estado humano: "El Pardes, considerado como 'centro del mundo',
es, según el sentido originario de su equivalente sánscrito paradêsha,
la 'región suprema'; mas también, según una
acepción secundaria de la misma palabra, es la 'región
lejana', tras haberse hecho inaccesible a la humanidad ordinaria
por efecto de la progresión del proceso cíclico. En
efecto, en apariencia al menos, es la zona más alejada por
estar situada en el 'fin del mundo', entendiéndose éste
en el doble sentido espacial (...) y temporal (...); no obstante,
en realidad siempre está muy próximo, puesto que nunca
ha dejado de encontrarse en el centro de todas las cosas"(13). La función
principal del "sacerdocio" es la Enseñanza, que es la transmisión
por excelencia de la Tradición no-humana e incluye todos los
medios para su realización, incluso el inmenso mandala de
una Cultura, tan abierta como el mundo y los hombres que la pueblan,
siempre que se respeten las leyes del símbolo, su naturaleza.
La verdadera autoridad espiritual es supraindividual, así la
manifieste un brahmán, un chamán u otro
intermediario.
Respecto a la
actitud ante lo cósmico no se trata de sustituir un ídolo
por otro, por muy bello que éste fuere, sino que para el Hermetismo
el cosmos no es un estorbo, es un símbolo, y por lo tanto
un soporte de revelación y un vehículo de conocimiento
de aquello que está más allá de él mismo,
lo cual es en realidad lo mismo que la naturaleza del arte, y por
lo tanto del rito y del mito que son sinónimos de aquél.
Esto a diferencia de otras escuelas que han visto a la creación
como mala, como obra de un Demiurgo que ha de ser negado, pues es
una realidad invertida con respecto a la naturaleza del verdadero
y más elevado autor de todas las cosas.(14) Lo cual es una forma
lícita de verlas, pero probablemente unilateral, o al menos
lo es si se reduce sólo a esto(15) pues implica olvidar la dualidad
inherente a toda manifestación, que siempre se encuentra entre
dos polos que ya no se asumen en la pureza o transparencia de su
realidad inmanifestada (y que más allá no son sino
como las dos caras de una sola cosa que desaparecen en la unidad
de la misma) sino en sus reflejos relativos con respecto a un mundo;
es decir inherentes a un conjunto de condiciones percibidas como
tales por nosotros en cuanto habitantes de él, tanto más
difícil de superar cuando esa percepción va cargada
con la herencia de un devenir cíclico, que se acerca a su
punto más extremo de oscurecimiento. Y que al menos en un
sentido es parcial esa forma de ver lo demuestra la Alquimia en tanto
que es capaz de purificar la materia y devolverla a su estado original,
el blanco perfecto, y de matrimoniarla con el espíritu y obtener
el rojo, y universalizar este logro conseguido gracias a la transmutación
(más allá del constante cambio de las formas) y la
transformación (más allá de la forma, tomada ésta
como la condición emblemática y definitoria de un estado
individual como el humano, en contraposición a lo universal
o supraindividual)(16).
No deja de ser
interesante observar que dos de los últimos libros publicados
por Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los
Tiempos y La Gran Tríada, son libros totalmente
hermético-alquímicos, y quizá sea aquí un
lugar adecuado para señalar que el estado primordial, o el "hombre
verdadero" es un estado "polar" para la manifestación de su "mundo",
el reflejo directo del polo espiritual que es el verdadero Maestro
del primero, lo mismo que para la Cábala hebrea es Metatron,
polo que es el verdadero iniciador en los Misterios Mayores, cualquiera
sea su designación en determinada forma tradicional.(17)
Los Estados
múltiples del Ser puede ser tomado, sin negar cualquier
otro de sus aspectos, como un libro de la Tradición Hermética
o Vía Simbólica en el sentido amplio en que dijimos.
Se trata según el propio autor de un "complemento" a la "representación
geométrica del ser íntegramente basada en la teoría
metafísica de los estados múltiples" expuesta en El
Simbolismo de la Cruz, "teoría que debe ser considerada
como absolutamente fundamental" (Prefacio).(18) El libro de Guénon
se basa en la geometría y por lo tanto en el número,
y así pues en una de las Artes liberales, y en el corazón
de las mismas, como expresa el propio autor en su artículo
sobre "Las artes y su concepción tradicional": "... se puede
decir que lo que constituye el fondo mismo de todas las artes es
principalmente una aplicación de la ciencia del ritmo en
sus diferentes formas, ciencia que se relaciona ella misma directamente
con la de los números; y por otra parte debe entenderse
bien que, cuando hablamos de ciencia de los números, no
se trata de la aritmética profana tal como la entienden
los modernos, sino de aquello cuyos ejemplos más conocidos
se encuentran en la Cábala y en el Pitagorismo, y cuyo equivalente
existe también en todas las doctrinas tradicionales, con
expresiones variadas y con desarrollos más o menos extensos." Y
por lo tanto es un modelo constructivo, una "obra de Arquitectura" expresada
a través de la ciencia con la que se ha identificado tradicionalmente
la Masonería: la Geometría, de raíces pitagóricas,
transmitidas posteriormente a través de la adaptación
de Euclides(19): "... en la arquitectura, el ritmo se expresa directamente
por medio de las proporciones que existen entre las diversas partes
del conjunto y también por medio de las formas geométricas
que, en definitiva, desde el punto de vista que consideramos, no
son más que la traducción espacial de los números
y de sus relaciones".
En el Hermetismo
del Corpus Hermeticum el verdadero iniciador es el Nous o
Intelecto divino considerado aquí no sólo como el principio
inteligente del hombre, y revelador de la Ogdóada y la Enéada:
Poimandrés, el pastor del hombre, análogo por tanto
al "Maestro interno", sino también, en su origen divino, como
el Espíritu o Intelecto del Hombre universal, del Adam Qadmon de
la Cábala, el Verbo (Logos) como Luz del Mundo, idéntico
a él –en el sentido de participación en su naturaleza– por
su función mediadora que uniendo todas las cosas incluso las
existencias separadas o angélicas es el que conjuga ambos
polos, pues es de naturaleza universal y como ocurre con la luz no
se puede separar al rayo de su fuente.(20)
*
* *
Todo se eleva
al aproximarse al estado primordial, en el que la manifestación
es el Libro divino escrito en presente simultáneamente en
todos los estados. La Alquimia misma proviene del estado primordial,
no por su "puesta en práctica", que se actualizará cuando
sea necesario recuperarlo (a menos que consideremos ese desarrollo
natural y espontáneo de aquellos seres de la primera Edad,
el "Reino de Saturno", como una consecución "al rojo", a partir
del "blanco" de ese estado) pero sí en cuanto al origen de
la doctrina que conducirá, en la aplicación de la Alquimia
a la recuperación de la Unidad original, el Oro alquímico.
Una fase es solar, la plena "iluminación" intelectual-espiritual
del cosmos, o sea del símbolo total, la segunda es polar,
oscurecimiento del cosmos e "iluminación" del Principio supracósmico,
cuya realización está simbolizada por el paso más
allá de la Estrella Polar. La primera es el nacimiento del
Niño alquímico, la segunda su crecimiento, maduración,
sacrificio y posterior resurrección. (Ver especialmente los
caps. XXX a XXXIV de Símbolos Fundamentales de la Ciencia
Sagrada).
"... la participación
en ambos principios existe para todo ser manifestado, y se traduce
en él por la presencia de los dos términos, yang y yin,
pero en proporciones diversas y siempre con predominancia de uno
o del otro; la unión perfectamente equilibrada de estos dos
términos no puede ser realizada más que en el 'estado
primordial'[(21)]. En cuanto al estado total, ya no puede haber cuestión
en él de ninguna distinción entre el yang y
el yin, que han regresado entonces a la indiferenciación
principial; ni siquiera pues se puede hablar aquí del 'Andrógino',
lo que implica ya una cierta dualidad en la unidad misma, sino solamente
de la 'neutralidad' que es la del Ser considerado en sí mismo,
más allá de la distinción de la 'esencia' y
la 'substancia', del 'Cielo' y la 'Tierra', de Purusha y Prakriti.
Es sólo entonces en relación con la manifestación
que la pareja Purusha-Prakriti, tal como decíamos más
arriba, puede ser identificada con el 'Hombre Universal'[(22)]; y es
también desde este punto de vista, evidentemente, que éste
es el 'mediador' entre el 'Cielo' y la 'Tierra', al desaparecer estos
dos términos mismos desde que se pasa más allá de
la manifestación". (El simbolismo de la cruz, cap.
XXVIII: "La Gran Tríada"). La obtención de una correspondencia
perfecta entre lo interior y lo exterior constituye la "obra maestra" en
el verdadero sentido de esta palabra, y más cuando se aplica
al ser humano. Ese será el soporte para elevarse al principio
inmanifestado de todos los complementarios.
*
* *
El esoterismo
se diferencia de la teología en que se trata del Conocimiento
de la realidad espiritual efectuado en el proceso de la iniciación,
no de su descripción más o menos racional enmarcada
obligatoriamente en los límites de una "forma" religiosa que
es tal por lo que la diferencia de otras "formas", no como la metafísica
que es una siempre y en todo lugar y es el conocimiento verdadero.
La efectivización de la iniciación es la esencia del
esoterismo y con respecto a ella es profano también lo religioso,
o mejor dicho el "exoterismo" en general –una lectura de las cosas
que no cabe en ese espacio, de hecho, que no sirve sino que es un
estorbo ya que el ser va a ser despojado para conocer directamente.
El símbolo, está presente en ambos dominios, aunque
hay símbolos que son puramente esotéricos e iniciáticos.
De hecho, el símbolo, en su parte sensible, y siempre que
se trate de la misma representación, pertenece al exoterismo,
o dicho de otra manera y mejor, esa es la parte "exotérica" del
símbolo, pero su lectura, la comprensión cabal o "recta" (vertical)(23) de
lo que simboliza, pertenece al esoterismo. En lo religioso, el símbolo es alegoría, porque si fuera lo que es, es
decir, si se tratase de una lectura "vertical" de él, estaríamos
en el mundo o ámbito del esoterismo, que sólo es el
que abre a su comprensión.(24) Hay
símbolos que son puramente
esotéricos, como los alquímicos y la mayoría
de los específicamente iniciáticos, otros se encuentra
por doquier y en la Naturaleza así como en el Arte. Todo eso
no quita la influencia de ese símbolo –y todo verdadero símbolo
es revelado– como tampoco la del Libro Sagrado, al que le toca la
misma cualidad simbólica de vehículo de las energías
espirituales que le han plasmado y a las que sirve de soporte, provengan
de la Deidad constructiva directamente o por intermedio de los dioses
o estados superiores del ser.
La Tradición
Hermética (o la Vía Simbólica como algunos preferimos
llamarla), procedente del estado al que debe conducir, ajena a las
instituciones si no es para "informarlas" –en el sentido medieval
de "forma" por contraposición a "substancia"– o para "revivificar" sus
contenidos olvidados, es así la expresión, la modulación
de una Tradición intemporal, y por ello de una irradiación
de la Tradición Primordial, como lo demuestra la acción
de los Rosacruces desde el centro invisible de la Rueda, algunos
de cuyos rayos iluminaron un periodo histórico de Occidente.
Por lo demás, todos los símbolos fundamentales pertenecen
a la Tradición Unánime.
Si "la vida entera
no es sino la manifestación de un gesto, la solidificación
de una Palabra, que contemporáneamente ha cristalizado un
código simbólico", y "ese es el libro de la vida y
del universo, en el que está escrito nuestro nombre y el de
todos los seres y las cosas, y los distintos planos en que conviven
y se expresan, comunicándose perpetuamente, interrelacionándose
entre sí a través de gestos y símbolos",(25) también
es una estructura numérica visual que se hace audible por
evidente y que es un puro arte "abstracto" y una grafía del
Cosmos como símbolo, como emanación y manifestación
de los Nombres divinos, que caracterizan a una forma tradicional
por el acento en determinados números o estructuras a diferencia
de otros, pero números que siempre pueden reducirse a los
fundamentales (al denario y con él a la unidad, en el Pitagorismo
y la Cábala, que como todas las tradiciones consideran al
cuaternario como el comienzo de la manifestación), los cuales
no son propiedad de ésta o aquella 'Forma' tradicional pues
son simultáneos con la Creación y están implícitos
en ella, así se expresen en figuras, ritmos, letras de la
lengua sagrada, o en la Naturaleza misma y el ser humano. La Tradición
Pitagórica es considerada por René Guénon como
poseyendo un origen Polar: "Es oportuno notar, a este respecto, que
el 'Dios geómetra' de Platón se identifica propiamente
con Apolo, quien preside todas las artes; esto, que por otra parte
ha derivado directamente del pitagorismo, tiene una importancia particular
en lo que concierne a la filiación de algunas doctrinas tradicionales
helénicas y su conexión con un origen primitivo 'hiperbóreo'" ("Las
Artes y su concepción tradicional", cap. III, parte II, de Mélanges,
Gallimard, París, 1976).
La iniciación
incluye la transmisión de un elemento vital que es la envoltura
de la influencia espiritual, y que por lo tanto sirve de protección
y de intermediario. Esto, que corresponde a los niveles del propio
símbolo, es así tanto en la iniciación "institucional" como
la masónica, como en la enseñanza directa y viva, esté sellada
o no por un rito (el estudio y la enseñanza misma lo son)
específico o previo(26); en cualquier caso, esa impronta en
la 'historia' de ese ser –y el tiempo, junto con el espacio constituyen
las "condiciones esenciales" de la existencia individual humana nos
dice René Guénon– llevará al aspirante si se
alimenta con los ingredientes adecuados (el amor por el Conocimiento
y los "vehículos" de ese Conocimiento) al comienzo de su iniciación.
Sea que ese suceso (pruebas, compromiso-muerte: un primer nacimiento)
se produzca entonces mismo, o bien, siguiendo las "acciones y reacciones
concordantes" guiadas por la relación analógica que
encadena a todas las cosas entre sí y con su Principio, en
otro momento del tiempo y lugar de la geografía vertical,
del espacio finalmente sacralizado. Siempre será un rito,
como lo expresa el simbolismo del tejido y la anudación o
ligazón de un punto de la trama con la urdimbre, de la horizontal
con la vertical.(27)
Un error del
literalismo es suponer que una "organización" iniciática
tiene siempre la forma de una "institución" en lugar de ser
un "organismo" cuyos miembros pueden incluso no "conocerse" siquiera
individualmente –cuando hasta en una institución iniciática
como la Masonería se cambia de nombre pues la individualidad "profana" ha
de quedar fuera del espacio sagrado, "cosmizado" a la luz de su Modelo. (28)
Algo parecido
hemos observado que ocurre con la palabra "magia" y otras entrecomilladas
por René Guénon para advertir el cuidado con el que
hay que utilizarlas o interpretarlas, especialmente cuando no hay
otra que pueda sustituirlas. Sin embargo, la "literalidad" que toma
siempre al símbolo por alegoría, a la letra por el
espíritu, no hace otra cosa que invertir las cosas, y con
la pretensión –el disfraz– de construir, se dedica a hacer
una jaula, al no poder salir de aquella prisión. Los dioses,
las potencias de la Inteligencia divina, habitan las cosas, los símbolos,(29) revelándose en el alma, pues la manifestación de la
Palabra Divina en acción es simbólica a distintos niveles,
y permanente su Discurso sagrado, en el punto de que todo, más
allá del discurso temporal o sucesivo, son las estructuras
de los proyectos permanentes de la Construcción universal,
realizados de hecho ya en lo divino, pues en su principio ni siquiera
es el cosmos informal constituido por estados superiores pero "aún
condicionados", y por lo tanto a partir de ahí un puro rito
de contemplación es la vida del hombre, que es al mismo tiempo
otra cosa que sus limitaciones gracias a lo cual puede concebir lo
Ilimitado. El Conocimiento es un hecho que se da en el presente,
más allá de los ciclos que nos aprisionan en el tiempo
y que pueden transformarse en los númenes que hablan con los
hombres, vehículos de la Deidad que a su través se
da a sí misma como un don: inmanente en todas las cosas, por
eso mismo no pueden encerrarla. El exoterismo forma parte de la determinación
individual, como el nombre otorgado en el bautismo cristiano y por
el que se reconoce al individuo en la sociedad. Si hay que "hacer
la mayor parte posible a lo tradicional" en la existencia individual,
el asistir a los ritos exotéricos (sin importar la cualidad
de éstos) no es el único medio, lo que no quiere decir
que el hecho de pertenecer a esa forma tradicional, de ser cristiano,
no sea una constante y una referencia. En estas circunstancias y
estado de cosas, y dejando aparte la "superstición legalista" no
se ve qué razón pueda haber, porque si fuera cuestión
de "influencia espiritual", al final lo que se plantea con respecto
a los ritos exotéricos, es que sean una "condición
de la iniciación", es decir, a fin de cuentas, como si, en
el cristianismo por ejemplo, los sacramentos fueran iniciáticos,
cosa que Guénon ha negado en su estudio "Cristianismo e Iniciación".(30) Esa es la cuestión que subyace en última instancia.
Si se trata de aprovechar los aportes pasados y presentes de la colectividad,
la entidad "psíquica" informada naturalmente por una proyección
espiritual (que de todas formas no tiene como objetivo el hacer salir
al ser particular de las condiciones que definen su estado ya que
sus ritos son exotéricos), por medio de los símbolos
que la constituyen, entonces sí se entiende que sea una "base",
pues representa a su manera y dentro de sus límites, el conjunto
del estado individual, tomado simplemente como una "colectividad" que
participa de una forma cultural más o menos homogénea,
que en cualquier caso debe ser trascendida, como parte de la transmutación
del individuo que participa de ella y ha recibido la impronta de
sus imágenes culturales y aún a pesar de que el Origen
de la Institución sea no-humano, que es a donde de todas formas
se dirige la oración.(31) Como parte de la herencia del medio,
de la lectura que se posee de las cosas, todo ha de entrar en el athanor alquímico
y ser disuelto en sus constituyentes, que volverán a los elementos
a los que pertenecen dejando espacio para la identificación
con lo que es verdaderamente supraindividual; y desde el punto de
vista del conocimiento iniciático, lo colectivo no existe
más que como prolongación de lo individual (lo que
no es poco).
Lo exotérico,
y más aún dentro de ello lo religioso, que implica
mayores compromisos y limitaciones, no viene del mismo lugar que
lo esotérico y menos que lo iniciático, salvo que se
lleve todo a una última instancia –como puede hacerse con
todas las cosas– y se lo considere en el mejor de los casos, y no
puede conducir a lo mismo. Al contrario, puede ser el mayor obstáculo
por su "aparente" proximidad a aquello, especialmente en las condiciones
actuales.
En su mejor momento
de amplitud horizontal, en la Alta Edad Media (pues hay que dejar
aparte el cristianismo iniciático de los primeros tiempos), éste
no fue un exclusivismo formal (esto sin olvidar todos aquellos sabios,
parte de ellos hermetistas y/o alquimistas, que incluso pertenecieron
al sacerdocio)(32) y fue capaz de dar cabida a la presencia y herencia
de otras tradiciones e incluso de preservarlas gracias a la universalidad
de los símbolos y a su reconocimiento de los mismos. Hoy,
o bien genera el fanatismo o la somnolencia, o en el mejor de los
casos, colabora en la nigredo al fomentar la "melancolía" de
Saturno –el "humor melancólico" del Renacimiento– en aquellos
que no pueden conciliar sus degradadas propuestas con su propia necesidad
de alimento espiritual y el testimonio de las palabras de su fundador.
A diferencia
de la perspectiva religiosa de los últimos siglos, la hermética
o simbólica se alegra de la presencia de toda expresión
simbólica tradicional, igual que de todo arte o ciencia sagrados,
y no se trata en absoluto de estética, como se sabe, sino
que como se ha repetido muchas veces, la inteligencia goza con lo
que la revela, comenzando por el Universo como un todo y siguiendo
por el hombre: ya que el primer símbolo es el hombre, creado
a imagen de su Creador y sujeto del Arte(33) en todos sus aspectos,
y responsable ante él y ante su Sí-Mismo de la calidad
de su adecuación según las posibilidades que le son
entregadas. Y este hombre es capaz de comprender otros símbolos,
y reunirlos en la síntesis de su propio significado y cumplir
así la labor que le está encomendada, la de terminar,
llevar a su fin, por el retorno a su Origen, la obra de la Creación. |