Robert Fludd, Utriusque Cosmi Historia, 1617. El hombre como medida de todas las cosas.
[Robert Fludd, Utriusque Cosmi Historia… Oppenheim 1617]


[Adenda]
[Entrevistas a Federico González
citadas en el Capítulo I
]

EL TIEMPO, Bogotá 13 de Febrero de 1974
por Humberto Diez

Federico González, 40 años, argentino, estudió filosofía y letras en la Universidad de Buenos Aires y autor de novelas y libros de poemas, dejó en 1959 sus disciplinas literarias y profesionales para internarse en el estudio del hermetismo. Dentro de esta ciencia ha llegado a profundizar en aspectos tales como el tarot, la cábala, la numerología, la alquimia y la astrología, tomado todo esto a un nivel simbólico y metafísico, con exclusión de supersticiones y supercherías.

Las disciplinas del estudio hermético han estado circunscritas tradicionalmente a un núcleo reducido de personas, y muy pocas conocen en realidad los principios de esas inquietudes espirituales. El profesor González, con el ánimo de preparar al público acerca de estos temas que se propone divulgar por medio de sus conferencias, consintió en explicar para los lectores de EL TIEMPO la siguiente pregunta global que le hicimos:

– ¿Qué son el tarot, la cábala, la numerología, la astrología y la alquimia?

El tarot

– El tarot es un libro de sabiduría, un juego de símbolos que en lugar de tener palabras escritas tiene figuras y números que, combinados entre ellos, nos dan una serie de posibilidades especulativas. Estos símbolos están impresos en cartones, en cartas y son el origen de los juegos de naipes con los cuales se deleitan los señores de club y las señoras aficionadas al juego de canasta.

– Las combinaciones que forman estos símbolos y estos números contienen un mensaje que puede descifrarse –con el conocimiento técnico de su significado–, puesto que son un código, una computadora rudimentaria de la antigüedad, una máquina de filosofía.

La cábala

– La traducción de la palabra cábala (del hebreo kabbalah), podría ser 'tradición'. Los cabalistas afirman que es un mensaje oral que se viene transmitiendo a través de los tiempos, que fue entregado a Moisés junto con las Tablas de la Ley y que reconoce un origen mucho más remoto en el espacio y en el tiempo.

– A través de la cábala se adquiere el conocimiento del Universo, puesto que el cosmos se manifiesta mediante energías que los antiguos designaron con letras y números. De la relación entre estas letras y números con que los hombres nombramos las cosas, éstas adquieren para nosotros una imagen real adecuada a nuestra forma de entenderlas. Este conocimiento llevado a sus últimas consecuencias sería el conocimiento de la vida misma y de las leyes inmutables que la rigen. Es decir, que nos llevaría, a Dios.

– Ahora bien, como el hombre es esencialmente inmanifestado, y se supone que la vida tiene su origen en la manifestación, lógicamente el conocimiento que tenemos de la inmanifestación va a ser siempre imperfecto y limitado. En esta forma, a través de los símbolos –letras y números– podemos aproximarnos a las energías primigenias.

Numerología

– Los números son símbolos. Lenguajes cifrados abstractos que nos hablan de energías, que el hombre trató de representar desde el comienzo de los tiempos. Hoy en día se nos entregan esos símbolos para que los manejemos sin explicación de lo que ellos simbolizan. Para los antiguos, los números no solamente representaron cantidades sino también cualidades de esas energías. Así por ejemplo, el 3 era la unión entre la unidad –el origen todos los números– y el 2 que simbolizaba la división de esa unidad hecha como reflejo de sí misma. Es como la Tríada.

– Al derivar todos los números de la unidad, todos los números la contienen y por lo tanto aquella energía de la unidad está en todas las cosas manifestadas que los números simbolizan.

Alquimia

– La alquimia trata de la transmutación de los metales encarada de manera simbólica. Pues estos metales están relacionados por una parte con los astros (los metales son la energía de los astros madurada en las entrañas de la Tierra) y por el otro con las energías inconscientes de la interioridad del ser humano, es decir una inter-relación entre el cosmos y el hombre. Ahora bien: los alquimistas realizaban, una labor consigo al transformar las distintas energías de su interioridad de las más densas a las más sutiles dentro de sí mismos: convertían el "plomo" en "oro".

Astrología

– La astrología fue para los pueblos de la antigüedad la llave del conocimiento de lo que está más allá de lo que nuestros ojos pueden ver y nuestros oídos escuchar. El hombre vio en los planetas en la bóveda celeste símbolos que le hablaban de algo que estaba más allá de esos mismos planetas. Esas energías las encontraba también en su interioridad y siempre relacionó a los planetas con estados o energías de sí mismo. A Saturno, el más lejano, el que se movía más lentamente, lo emparentaba con energías y estados de ánimo relacionados con la pesadez y la vejez. A Mercurio, el más cercano y veloz, lo vinculaba con la rapidez y la juventud. Se trata de establecer un vínculo que es real entre el macro y el microcosmos, pues como se le atribuye a Hermes Trimegisto, "como es arriba es abajo".

EL ESPECTADOR, Bogotá 1974
EN BUSCA DE LA VERDAD - ¿QUÉ ES EL TAROT?
por María Luisa Chaves

En las últimas décadas, cuando la civilización ha puesto en las manos del hombre todo aquello que podría proporcionarle felicidad, han surgido, precisamente, nuevos movimientos, espirituales, que abarcan desde la reivindicación de Cristo como líder hasta el redescubrimiento de las antiguas filosofías orientales en las cuales, el hombre del siglo XX, busca desesperado la paz, la tranquilidad y la verdad que la industrialización y el tecnicismo no han podido darle.

Esta búsqueda desaforada por parte del hombre, ha encontrado eco en serios estudios y desafortunadamente en charlatanes y fantasiosos que emulan a los primeros en el proselitismo por conseguir adeptos. Colombia no se salva de esto. Cada mes vemos nuevos grupos de predicadores del Evangelio o de la baraja; de creyentes en Cristo, en Buda, en el Yoga y en Satán.

Las brujas y las hechiceras, las apariciones milagrosas y las videntes, encuentran en el siglo de la civilización una buena clientela que luego aumenta las consultas de los psiquiatras. Pero, en medio de quienes se dicen investigadores y buscadores de la verdad, hay personas serias, que han dedicado su vida a descubrir para enseñar luego, la filosofía que indica el camino a la verdad que se busca.

El Tarot

El Tarot, que generalmente se conoce solo como una baraja para predecir el futuro, cuando lo leen las personas que dicen conocerlo, es según el profesor Federico González, un libro como el Corán o la Biblia.

"Se diferencia de los anteriores, dice González, en que es un libro de imágenes, no de textos. Desde el Medioevo el Tarot es un camino para especulaciones metafísicas y para llegar al conocimiento tan válido, como la mitología griega."

– ¿Hasta qué punto, las cualidades predictivas del Tarot, son reales?

En cuanto a la parte predictiva el Tarot es una baraja de 78 cartas que tienen una simbología y por lo tanto una interpretación. Pero no es la cualidad predictiva lo importante. El Tarot tiene un código, una clave inteligible para quienes lo conocen. Es como la baraja habitual: el que juega bridge, entiende el significado de las cartas que salen a la mesa.

– ¿Qué se necesita para leer el Tarot?

– Buena voluntad y disposición y desde luego una adecuada ubicación al respecto. A través de la degradación de la humanidad, el Tarot perdió su sentido como código, perdió el carácter sagrado y simbólico que tuvo antes y que floreció en la Edad Media y posteriormente en el Renacimiento.

El Tarot es análogo al I Ching

González, conocedor convencido de la Filosofía Hermética, dictará cursos sobre estas ciencias en Carrera 19 N. 63 B.20. Es un hombre enigmático pero interesante, tiene el don de "estrenar ciudad cada dos años" y su objetivo es poner al alcance de quienes lo deseen sus conocimientos en este campo tan dado a las especulaciones de todo tipo en los últimos años.

El Peligro de la Charlatanería

– Cada símbolo, de los 78 que forman el Tarot, dice González, tiene en sí una significación que está allí. El significado es ilimitado y sí depende de quien lo interprete. Es en este punto en donde se ha hecho la mayor especulación del Tarot, como medio de predecir el futuro. Su verdadero valor radica en que es "un despertador" de los poderes interiores del hombre, modificador de nuestra interioridad y por lo tanto, al conocerlo, la relación del hombre con las cosas que lo rodean es diferente.

Federico González explica que se ha tratado de hacer "científicos" estos conocimientos: "La ciencia sagrada es la ciencia, no UNA ciencia. Por eso al tratar de dar a la ciencia sagrada la categoría de científica se la está visualizando por una pequeña parte de lo que es en realidad".

Durante los cursos que González dictará los días lunes, miércoles y viernes a las 9 p.m., los interesados en la Filosofía Hermética, en la magia, en el Tarot y en la ciencia sagrada, encontrarán la respuesta a muchos interrogantes, creados alrededor de estos conocimientos y surgidos desafortunadamente gracias a la especulación que de ellos hacen personas profanas

EL PAIS. Cali, 14 de Julio de 1974
VIVIR NO ES LOGICO: ES MAGICO
por Gilma Jiménez de Niño

Un día el poeta León de Greiff escribió: "Todo no vale nada. Y el resto vale menos".

Tenía razón el maestro. Pero como sucede ante las grandes verdades, la humanidad sonrió complacida y prosiguió empeñada en quebrarse la vida por el éxito, vender el alma por el dinero y arrastrar hasta los más bajos fondos, el sexo.

Sin notarlo casi y devorados por el afán tecnológico poco a poco unos a otros se han convertido en muñecos. El sentido mágico de la vida se esfumó en las altas esferas.

Y ahora somos tan lógicos que alimentamos la guerra porque sin ella fracasaría la industria bélica, arrimamos a los vivos por viejos, y a los que están por nacer los recibimos condenados, pues llegan a tomar un espacio ocupado, incrementamos el trabajo para consentir cada día más el cuerpo, y finalmente, somos tan realistas que sabemos morir satisfechos por el brillo del dinero amasado con glotonería y honrados con los respetos y primores de una sociedad dopada de placeres, cansada de doblarse en gentiles y miles de venias sin motivo y sin cuento.

Federico González

Ver las cosas desde ese punto de vista, parece una actitud amargada. Pero pensándolo bien es una actitud descarada. O no. Una posición honesta.

En ese plan llegó a Cali Federico González, un hombre de 40 años, ojos y barba café, argentino aterrado ante la forma como la humanidad de 1974 despilfarra la vida. Filósofo que ha caminado las calles de Santiago, Sao Paulo, Río, Manaos, Londres, París, Bogotá, Quito, Guayaquil, Buenos Aires y Cali sintiendo el ambiente materialista que pesa sobre la gente y predicando en los museos y escuelas de arte las ciencias del Tarot, la Cábala, Numerología, Astrología, Alquimia y Magia desde el punto de vista de la metafísica. Es decir lo que está más allá de lo físico y que los ojos no ven.

Y claro un tipo así, es un tipo extraño. Cuando habla mira hacia un punto indeterminado, parece distraído pero de su boca salen cosas que pesan.

– Pero... ¿y qué es el Tarot, La Cábala, la Alquimia, la Numerología?

– El Tarot es un mazo de naipes que está construido de la misma manera que el universo.

Las estructuras cosmogónicas del Tarot son cambiantes como la vida. Y es también el libro de los libros, pues en lugar de tener letras, palabras, páginas impresas, tiene símbolos que comienzan a hablarle a usted. Es una máquina del pensamiento, un develar de secretos y sus claves están referidas a ciencias ocultas. Conociendo el Tarot se pueden conocer también los monumentos de otras tradiciones tales como el templo de Salomón, las Pirámides, la Vedanta –libro religioso de la India– y las construcciones indígenas precolombianas.

La Cábala supone la idea de un hombre universal, es decir que su forma entera fuera la del universo. Y que al desmembrarse este cuerpo, los restos a él pertenecientes, hubiesen formado el universo en que vivimos los seres humanos. La Alquimia está relacionada con el Tarot, porque cada operación que los alquimistas hacían en sus hornos está descrita en una lámina del Tarot. Es decir, que todos son sistemas relacionados con la confección de uno mismo como una verdadera obra de arte, sumándose a los ritmos de la vida, mucho más mágica que lógica.

Vivir no es lógico: es mágico

Federico González hablará en su lenguaje "extraterrestre" en el Museo de Arte Moderno de Bogotá sobre "el universo como un objeto de diseño" y en Cali, en Exposur, sobre las ciencias ocultas.

Y cómo pretende enseñamos la vida este individuo, retraído pero simpático, misterioso pero concreto, meditabundo pero ágil, difícil en su trato pero que echa a rodar palabras como si fueran río manso.

– ¿Qué es la vida para usted?

– Es más parecida al arte y a la poesía y al crecimiento de una flor o de un hongo, que a todos los planes en que pretendemos encasillarla no logrando sino dimensionarla y levantar estadísticas sobre la misma.

– ¿Estamos errados al tratar de vivir así?

– Sí creo que sí... Mucha gente muere sin tener conciencia de que estuvo viva. El 99 por ciento de las personas. Es una deformación atribuidle a la cultura y a la época.

Soñamos perpetuamente. Creemos que el hombre de todos los tiempos tuvo las costumbres que se estilan en nuestro barrio. Pero el hombre ha sido muy otra cosa y existe dentro de él la posibilidad de reconquistar lo que ha perdido.

– ¿Cuánto hace que la humanidad perdió el poder de la magia?

– Se dice que el Kali-yuga o ciclo de destrucción asociado con el hierro en el que vivimos, comenzó seis siglos antes de Cristo, lo cual nos haría pensar que todo lo que entendemos por cultura está marcado por esta degradación.

– Yo no entiendo qué tiene que ver el hierro aquí...

– Hierro está vinculado con Marte y Marte es el Dios de la Guerra.

– Entonces ¿en qué época vivió el hombre como debía?

– En épocas anteriores a este periodo. A medida que se está más cerca de la sociedad primigenia, más en perfección se vivía, pues la morada original fue el paraíso terrestre, de donde fue expulsado el hombre, por haber comido del fruto del bien y del mal...

Jesucristo ¿era mágico o lógico?

– ¿Cree usted en las narraciones bíblicas?

– Sí claro que sí, creo en Cristo y en los símbolos bíblicos.

– Pero usted no cree en la vida programada y la de Jesucristo estaba muy bien programada...

– La vida de Cristo es ante todo mágica. No siempre lo lógico es lo que está programado.

Yo diría que lo lógico es lo que no está programado. Si miramos la historia de Cristo con la idea que tenemos hoy en día de la lógica, yo diría que es completamente ilógica. Porque no funcionaba de acuerdo a las pautas establecidas de la sociedad en que vivía y mucho menos aún, funcionaría con las pautas de la sociedad de hoy. Es decir que Jesucristo sería ilógico con respecto al sistema. Pero absolutamente lógico en sí. Es decir, asombroso, inesperado, arriesgado, mágico, en suma.

– ¿Cuál es entonces el error de vivir como vivimos en la sociedad contemporánea?

– El error fundamental es el materialismo. O sea, no acceder a la energía que está por detrás de la misma materia, que es la que le da en última instancia forma. Nos quedamos siempre con una lectura corta y a veces miope de la realidad. Por una serie de prejuicios nos aferramos a nuestras presuntas verdades por temor.

– Temor ¿a qué?

– A que si esas verdades ya no existiesen más, desapareceríamos como personalidades. Pues lo que nos han enseñado es que nuestra personalidad no es sino un cúmulo de pequeñas cosas o modelos cercanos (familia, escuela, condición cultural, economía, país de origen, etc.).

– Según eso ¿cómo haríamos para vivir acertadamente?

– Desacondicionándonos. Despertándonos a otras realidades que no son las que el medio toma en cuenta.

– Según usted el hombre contemporáneo ¿está dopado por la sociedad de consumo?

– Dopado sí. Por las innumerables trampas que él mismo se tiende. Pues estas cosas de las que habla el Hermetismo todos las conocen aunque resulte a veces preferible negarlas para seguir en el sueño.

Aventuras Celestes

– ¿En qué medida ha practicado usted lo que ha predicado?

– Mi vida ha sido un mal ejemplo. Porque no existe el ejemplo perfecto. Pero cuando comencé a practicarlo fui más lo que había sido siempre y siempre fui una persona que gustó de las aventuras. Ahora son aventuras celestes.

– ¿Cómo se dan esas aventuras celestes... no las entiendo?

– Se dan en el estudio de la astrología. Cuando comencé hace seis años día a día encontraba un sentido mágico en la realidad. Todo cuanto usted ve cuando se sumerge en estas ciencias es diferente. Es como si las cosas y las personas fueran en sí mismas independientes de la imagen con la que se vinculan a nosotros. Cada día uno necesita menos cosas. Para mí las elementales serían enseñar porque enseñando uno aprende a vivir la ciencia Hermética. Después algo que me interesa conservar es la salud y lo tercero que me dejen tranquilo. Que no se metan conmigo, con mi vida privada, ni con lo que hago ni con lo que digo...

– El ideal suyo ¿sería vivir en la selva?

– Estuve en el Amazonas tres meses. Es un lugar que tienta a volver.

– Y ¿por qué regresó a la civilización?

– Porque por una parte soy una persona salida de una cultura diferente a la que se vive en la selva y tengo todavía un ciclo por cumplir con respecto a esa cultura.

– Noto en sus palabras algo de utopía.

– No es una utopía. Cada día más gente querrá vivir en la selva.

– Pero al irse todos a la selva vuelven a perder la soledad, ¿o no?

– Yo creo que el mundo está por ser víctima de un fuerte cataclismo. Ya se está produciendo. Estos son los síntomas: la superpoblación, envenenamiento de agua y del aire, la caída de los imperios, en este caso fundamentalmente E.U., la destrucción del orden, la subversión engendrada por los mismos sistemas. El futuro se acerca con un estado de guerra crónico. Las superpotencias por su misma dialéctica exportan inflación y guerras, e incluso contiendas entre hermanos como fue el caso de Corea y Vietnam.

– Este cataclismo ¿traerá mejores resultados a la humanidad?

– Este periodo comenzó en el Paraíso Terrestre y terminará en la Jerusalén Celeste.

El Apocalipsis es un libro Hermético como el Tarot, puesto que todo fin es un comienzo y cada muerte una resurrección.

La muerte no existe

–¿Cree usted en el juicio final?

– Sí creo en el símbolo del juicio final. Pero también creo que todo eso: el juicio final, el apocalipsis, la vida y muerte de Jesús, lo vivimos todos cada día.

–¿Cree usted en la reencarnación?

– Reencarnación es una palabra mal traducida cuando se usa para creer que fuimos un felino o un príncipe ruso. El término tradicional sería el de transmigración o la metempsicosis de los griegos.

–¿Pero existe o no la transmigración?

– Tanto usted como yo tenemos genes de infinitas personas y cosas. Cada uno de estos genes es un universo pequeño. La materia del universo es una sola y la creación es perenne, constante, hoy es el primer día de la creación y vivimos el eterno presente del que son apenas imágenes el pasado y el futuro.

–¿Entonces no le teme usted a la muerte?

– La muerte no existe, somos eternos en la materia y en el espíritu. La materia se manifiesta de diferentes maneras. Llamamos materia a la Concreción de una forma en el espacio y en el tiempo; más allá de ese tiempo o de ese espacio la materia no existe. Es decir llevado un objeto a una zona determinada del espacio o a una velocidad se desmaterializa. Lo mismo en el tiempo. Esa materia forma parte del universo.

– ¿Mientras eso sucede que pasa con el espíritu?

– El espíritu siempre está activo. Al desaparecer la materia permanece animado por la energía. Los distintos espíritus no son sino una división de la unidad, de una sola esencia.

– Entonces ¿quiénes o qué va a ocupar la Jerusalén Celeste?

– Todo el cosmos. Es decir que se supone que volveremos al estado primigenio y el estado primigenio va a ser la Jerusalem Celeste.

– ¿Quiere usted decir que tanto como lucha el hombre por sí mismo, no se justifica?

– Exactamente. Todos los caminos nos conducen a nada. Ahí es cuando el Eclesiastés habla de "Vanidad de vanidades.

– ¿Qué significan entonces para usted el sexo, el dinero y el éxito?

– En cuanto al dinero tenerlo es una cosa buena o mala. Siempre que no se valore como una totalidad, que no se haga un Dios de él. Es decir que no se ocupe mucho espacio físico en la cabeza lo cual lo transforma desde ya en una contra. Personalmente yo ganaba mucho más dinero en lo que hacía anteriormente. Era diseñador industrial y tuve éxito. Pertenezco a una familia burguesa y a un orden determinado. El hecho de que ahora ande por el mundo enseñando, obedece a un propósito definido. Pero digamos que no es el ideal del éxito de nadie pues al fin y al cabo ando en unas condiciones en las que no estoy acostumbrado a vivir.

– En cuanto al éxito, no sufro de la competencia por sobresalir en un medio reducido o grande. Busco los recursos que uno encuentra dentro de sí.

– Respecto al sexo no se goza del mismo con una actitud de tipo enfermizo que es la que tiene la sociedad en relación con él.

– Según eso, ¿qué piensa usted del éxito que representa haber pisado el hombre la luna?

– Desde el punto de vista de la técnica me parece extraordinario. Desde el punto de vista de la sicología es ciertamente grave que el hombre transfiera sus problemas a otros planetas. Desde el punto de vista militar me parece una avanzada inspirada en el miedo de una actitud colectiva, de la especie.

– ¿Qué busca usted en tierras colombianas?

– Estoy fundamentalmente interesado en América en las simbologías pre-colombianas. Y el regreso a la selva será mi destino final.

LA NACION – San José, lunes 13 de enero de 1975

"Los tiempos y las gentes a través de los siglos han ido distorsionando los símbolos energéticos de instituciones como el tarot, la cábala, la alquimia o la astrología." Han surgido entonces las supersticiones y supercherías que sí tienen en el fondo alguna "razón de ser", dice el argentino Federico González, al iniciar su explicación sobre la llamada ciencia hermética, a que se ha dedicado durante los últimos años.

González es hombre de unos 40 años que originalmente se dedicó en su país al estudio de la filosofía y el derecho, en las universidades de Buenos Aires. Se dio a conocer primeramente como poeta y sus trabajos de poesía y cuentos fueron publicados en la capital argentina, sin embargo, hace unos 10 años resolvió abandonar sus inquietudes literarias para dedicarse por entero al estudio de la ciencia hermética, disciplina que le deparaba mayor satisfacción y de la cual vive hoy día.

No es fácil plasmar una explicación resumida de temas metafísicos que de por sí son complicados, sin embargo, trataremos mediante el interrogatorio de obtener el mayor número de aclaraciones sobre la ocupación de González, quien dictará un cursillo de cuatro conferencias en el Teatro Nacional a partir del próximo martes.

– ¿Qué son las ciencias herméticas?

– He denominado así a la disciplina que se ocupa de estudiar toda la simbología antigua que pueda ofrecemos hoy pautas para una filosofía o especulación que permita mayores avances en el conocimiento.

– ¿Se trata de algo difícil?

– Sí, comprende métodos muy difíciles por dos razones. Primero porque en sí son complejos y segundo porque nuestra cultura es muy ¿materialista y esto tiene que ver con valores puramente metafísicos y poco asibles. De allí que es corriente que los símbolos de las culturas precolombinas, por ejemplo, no tengan ningún significado para los hombres de hoy. Pues se trata de interpretarlos con nuestra mentalidad, cuando en realidad sus significados están dentro de otro contexto, enraizado en la mentalidad de ellos. Por eso hay que despertar el pensamiento simbólico y así poder adentrarse en su estudio.

– ¿Qué tiene que ver el hermetismo con las llamadas ciencias ocultas?

– Precisamente se denominan ciencias herméticas para hacer la diferencia de las ciencias ocultas, que se entienden como un conjunto de supersticiones generalmente cargadas de charlatanería. De las ciencias herméticas sólo han quedado los vestigios de esas creencias, pero son útiles, porque representan la forma como se han transmitido a través del tiempo.

– ¿Por qué decidió dedicarse a estos estudios?

– Después de haber hecho bastante trabajo en el campo del diseño industrial, llegué a la conclusión que esta disciplina era la que satisfacía más mis aspiraciones en una vida entera de búsqueda del conocimiento. Desde que tomé la decisión me he dedicado por entero a su difusión y así he visitado muchos países de Latinoamérica para dar conferencias sobre los métodos, los cuales son propios de la cultura occidental y cada persona puede utilizar a su modo.

– ¿Qué es el tarot?

– Es un libro de sabiduría conformado por una serie de símbolos como dibujos y números, que combinados entre ellos pueden dar una gran cantidad de posibilidades especulativas. Tales símbolos están impresos en cartones y se estima que son el origen de todos los juegos de cartas que hoy se conocen. Realmente constituyen un código y de allí que con conocimiento de su manejo, es posible obtener ciertos mensajes metafísicos y relacionados con el mundo físico.

– ¿Y la cábala?

– Es una palabra del hebreo que se puede interpretar por tradición. Los cabalistas afirman que es un mensaje oral que se viene transmitiendo a través del tiempo y que fue entregado a Moisés por Dios junto con las tablas de la ley. A través de la cábala y el estudio de sus símbolos energéticos, es posible ahondar en el conocimiento del Universo, porque los números y las letras con que los hombres denominan las cosas, adquieren una imagen susceptible de especulaciones.

– Usted dice utilizar también la numerología, ¿qué es eso?

– Tanto la numerología, como la alquimia y la astrología, pueden aportar fuentes básicas para el conocimiento del cosmos. La numerología es un lenguaje cifrado, que el hombre comenzó a idear desde el inicio de los tiempos y aunque hoy día nos llegan esos símbolos para ser usados sin explicamos su significado, profundizando en ellos es posible obtener además de sus cantidades las cualidades que les otorgaron los antiguos. Hay mil ejemplos para explicar ese valor hermético de los números, pero podría citarle sólo como muestra el sentido cabalístico del número 13, el cual comprende a casi todas las nacionalidades.

– ¿En qué fuentes realiza sus estudios?

– Básicamente en la alquimia, que trata de la transmutación de los metales, en su relación con los astros y en la escuela mágica china del Yiking.

Revista LO MAXIMO, Costa Rica 1975
BUSCANDO OTRAS REALIDADES
por Alfonso Chase

Se llama Federico González, es argentino y tiene 41 años de edad. De los 20 a los 26 años publicó obras de poesía y prosa ... luego no volvió a escribir, Se dedicó a trabajar en los medios de comunicación masiva y acumuló una gran experiencia en el cine, televisión, publicidad, radio, audiovisuales e historietas. Todo esto lo llevó a expresarse en términos de diseño industrial y en ese carácter fue invitado a participar representando a Argentina en muestras en el extranjero. A la vez que realizaba estas ocupaciones, crecía su interés por el pensamiento humano en las modalidades del arte, la ciencia y la filosofía y encaraba estas disciplinas como medios o maneras de conocimiento. Hace seis años comenzó a enseñar (en Santiago de Chile, Buenos Aires y posteriormente Londres y Barcelona) lo que hoy enseña, como una suma de experiencias vividas que han ido cristalizando en relación con su vinculación con disciplinas numerológicas, hidrológicas y herméticas, como la simbología.

En los últimos tres años ha realizado una gira por América del Sur (incluido el Amazonas) y ha enseñado en San Pablo, Río de Janeiro, Manaos, Bogotá, Cali, Guayaquil, Quito, de lo que da debida cuenta una carpeta con notas de los principales diarios y revistas de esos países (La Nación, Clarín, Panorama, Siete Días, Primera Plana de Argentina, Manchette de Brasil, El Tiempo y El Espectador de Colombia, etc.). Durante cinco meses enseñó en San José, donde dictó un cursillo en el Teatro Nacional, patrocinado por el Ministerio de Cultura. Actualmente está en México, pero regresa.

Federico González es profesor de Metafísica, pero nos aclara:

"Utilizamos el término Metafísica en el sentido etimológico y de uso más antiguo asignado a esta palabra. Como la Ciencia que pretende conocer lo que está más allá del mundo físico. Lo que excede al simple fenómeno, que sólo es la manifestación parcial de una energía trascendente, que generalmente nuestros oídos no oyen y nuestros ojos no ven, pues no han sido debidamente preparados para ello".

– ¿Su enseñanza entonces estaría relacionada con la investigación y el conocimiento de otros mundos que están más allá del mundo físico y que son invisibles para nuestros ojos?

– Exactamente. Nosotros exponemos una serie de métodos, de "sistemas simbólicos" complejos e indirectos, acaso incomprensibles si se miden con respecto a la evaluación que solemos hacer de las cosas en el estado actual de la sociedad contemporánea, pero que fueron conocidos por todos los pueblos del mundo. Por aquellas civilizaciones que pueden llevar el nombre de tales y que nos los legaron a través de su producto más elaborado: los símbolos. Seguramente para que se conocieran real y efectivamente los mensajes revelados por los dioses, no por los habitantes de otros mundos.

En ese sentido es asombroso encontrar en distintas civilizaciones tradicionales, absolutamente alejadas en el espacio geográfico y el tiempo histórico, la misma identidad de leyendas, mitos y símbolos, adecuados sólo a modalidades formales diferentes. Tal es el caso sólo para citar algunos ejemplos, de la cultura Griega, la Hindú, la China, la Arábiga, la Hebrea, y por cierto también la Romana y la Cristiana, particularmente "sentida" esta última, en el tiempo de los "cristianos primitivos" y en la Edad Media, donde floreció el arte Gótico y las escuelas de Constructores y Alquimistas, que gustaban llamarse "Filósofos".

Asimismo es muy importante destacar que esta Tradición Unánime es también exactamente la misma –aunque sujeta a distintas variaciones formales– a aquella manifestada por los pueblos de América en su totalidad.

Y puede seguirse esta pesquisa a través de los símbolos y códigos que ellos elaboraron y con los cuales tallaron casi toda esa inmensa cordillera que atraviesa nuestro continente de sur a norte y que ciertos países han denominado Los Andes.

Las expresiones del "Arte" esquimal, lo dicen, donde el Tótem por ejemplo en forma de poste de sacrificio símbolo del "axis mundi" está jerarquizado en siete niveles correspondientes a los siete días de la Creación. Y también los indios Hopi de América del Norte utilizan habitualmente el símbolo de la Svástika (presente también en las culturas de todo el Extremo Oriente, en los hindúes, árabes y celtas y aún viva entre los campesinos de la Europa Central), el de la doble espiral y el del punto dentro del círculo, siempre para representar al Sol y en última instancia lo que éste simboliza para las civilizaciones tradicionales. Además estas simbologías están presentes de mil y una forma en México y América Central y podríamos citar solamente el símbolo de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada o alada, exacto al del San Jorge y el Dragón y al de San Miguel (un arcángel solar) y la serpiente. La oposición en suma, entre lo que repta y lo que vuela, entre lo que se arrastra y lo que se eleva y la posibilidad de convertir lo uno en lo otro a través de una transmutación. De más está decir que lo mismo se da en la América del Sur en la que se expresa de diversas maneras diferentes y que constituyen un verdadero desafío intelectual para todos aquellos que somos y nos sentimos americanos.

– ¿Es entonces una búsqueda inscrita en el pasado, en el tiempo?

– La Creación es perenne. Hoy, este día, es el primer día de la Creación y también el último. Las realidades que estos símbolos manifiestan, la energía que ellos sintetizan son eternas y no están sujetas al movimiento y a la sucesión. Nos hablan de otros mundos, pero que podemos y debemos lograr en éste. La Biblia, el Tarot, el Libro Egipcio de los Muertos, el Y-Ching, el Popol-Vuh, los Diálogos de Platón, La Tempestad de Shakespeare, la Divina Comedia, etcétera, han sido escritos para que usted los lea ahora. ¿Si no para quién han sido escritos? Y si bien es cierto que en el estado actual de cosas es muy difícil llegar a la esencia de las palabras, mitos y paradojas que ellos nos revelan, ese conocimiento es accesible a todos los hombres que templando su carácter arriben a estados de conciencia que les permitan la comprensión.

– ¿Lo cree posible en esta sociedad?

– Parecería que nuestra sociedad desde hace siglos ha perdido el rumbo, de lo que está dando muestras evidentes hoy en día. Que ha olvidado lo que otras civilizaciones en su Edad de Oro poseían y que está sufriendo la misma suerte de destrucción cíclica que esas mismas sociedades debieron enfrentar en su paulatina degradación.

Pero lo increíble de este hecho es que es tal la pérdida de conciencia del hombre contemporáneo, de nosotros, que en muchísimos casos ni siquiera tenemos una adecuada ubicación en el espacio y en el tiempo, la que nos impide siquiera pensar que estamos vivos y que efectuamos un viaje a través del espacio a miles de kilómetros pc hora. Se ha perdido la idea de que la vida es una aventura inverosímil que nos puede deparar las más increíbles sorpresas. Siempre se ha dicho en ese sentido que "La Vida es Sueño" y también esto es válido para todos nosotros, que no conseguimos despertar a otra realidad maravillosa, que ha sido descrita por quienes la han experimentado como La Realidad de la cual cualquier otra es apenas un reflejo, como ilusorio.

– ¿No sería nuestro mundo exclusivamente material, entonces?

– Nuestro mundo, así como nosotros, es manifestado. Tiene por lo tanto una existencia "material". Esa materia en absoluto es "despreciable" pues en última instancia es una forma de esta Energía que prende y apaga las estrellas y que hace "Sagradas" a todas las cosas. El error consiste en pensar que es solo material o fenoménico Como si creyéramos que un iceberg en el océano es solo lo que se ve por sobre las aguas y no la inmensa masa que está debajo de ellas. O tal vez se podría ejemplificar diciendo que de una alfombra o un tapiz nosotros sólo vemos la cara brillante y luminosa, pero que ese tejido tiene por detrás una trama perfectamente urdida y concebida para producir ese efecto. Que ella es la causa del mismo.

– ¿Estaría ese sentido entonces oculto?

– Sí. Como están en el hombre ocultas e intactas las posibilidades superiores a las que es necesario llegar para arribar a otros estados de conciencia que nos conectan con distintos espacios y tiempos. En ese orden, al hombre, hecho a imagen y semejanza divina, le correspondería completar la Obra de la Creación al construir su propia ciudad o templo interior. Diseñado éste de tal suerte que le permitiera conectarse con aquello que los astros simbolizan. Acaso pudiera ser que el hombre, la Naturaleza y el Universo fuesen otra cosa de lo que ordinariamente nosotros juzgamos.

– ¿Cómo es que estas disciplinas son ignoradas?

– El hombre actual –que supone que siempre el hombre ha sido lo que él es– vive sumergido en una serie de encadenamientos y condicionamientos tales, que prácticamente ha perdido la posibilidad de realizar gestos que no sean automáticos o mecánicos. Hoy en día somos máquinas que han recibido una información determinada –de acuerdo a diferentes usos y costumbres– y que reiterarnos indefinidamente girando en el vacío. Hemos perdido la Orientación, el Norte.

Y lo que es mucho peor aún, tenemos la absurda idea de que vamos progresando. ¿Progresando con respecto a qué?

EXCELSIOR – México, 1ºs Septiembre 1975
PROPONE UNA LECTURA DISTINTA DE LA REALIDAD

* Conferencias de Federico González
* Usa Alegorías, Parábolas y Leyendas
* Introducción a Simbologías Herméticas

Federico González es argentino, y enseña Filosofía, específicamente Metafísica, aunque aclara que debe tomarse esta palabra en el sentido antiguo y etimológico del término, es decir, lo que está más allá de la Física: el mundo invisible –pero real– que de ordinario no podemos conocer.

Llegó hace dos meses a México para impartir diversos cursos y conferencias sobre su especialidad. El primero fue ya en la ciudad de Oaxaca.

Antes de llegar a nuestra ciudad efectuó una gira de casi tres años por Sur y Centroamérica, inclusive Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Costa Rica, etc.

Conocido como poeta y prosista en Argentina, en la década de los cincuenta –tiene cinco libros publicados– González derivó sus inquietudes hacia la "comunicación masiva". Produjo guiones para cine y televisión, coreografías y publicidad, inclusive historietas, y, finalmente, diseño industrial.

Interesado siempre en la búsqueda del conocimiento, se relacionó paulatinamente con los temas de la filosofía Tradicional, en particular las simbologías y códigos herméticos de la antigüedad. Parte de su viaje por América está relacionada con una investigación sobre las civilizaciones precolombinas, lo que lo llevó a vivir recientemente en la cuenca del río Amazonas, en contacto con grupos nativos.

A la pregunta de cómo puede enseñarse la metafísica, el entrevistado replicó:

– Trato de hacerlo al través de los símbolos. Los mitos, las alegorías, las parábolas, la leyenda, las metáforas, que, como el arte, son también símbolos de una realidad que los trasciende, siempre fueron utilizados por las civilizaciones tradicionales con ese objeto.

– ¿Qué símbolos utiliza?

– Empleo conjuntos de simbologías propias de Occidente, que constituyen verdaderos métodos de conocimiento, si así pudiera decirse. Me refiero especialmente a los códigos herméticos, a la cábala, la Alquimia, la Numerología, el Tarot. Ciencias aparentemente diferentes, pero que se refieren a un mismo objeto y a su relación "mágica" con el mismo.

– Para usted, ¿qué es el símbolo?

– Es la representación visible, para nuestro orden sensitivo, de una energía que está por detrás de él y que él significa. Esa es precisamente su razón lógica e intrínseca de ser. El símbolo opera en nosotros y es el vehículo a través del cual pasamos a conocer otras realidades temporales y espaciales (otros mundos) que él representa.

En ese sentido y en forma amplia, toda expresión, cualquiera que fuese, sería un símbolo y la naturaleza y la vida entera una manifestación de energías invisibles para nuestro sentido ordinario de existencia. Pero muy reales, en cuanto vamos abriendo el campo de la conciencia, pues advertimos que han estado siempre en nuestra interioridad aunque en forma potencial. En otras palabras, basta que comencemos a abrir nuestros ojos (y nuestros oídos) para aumentar nuestra perspectiva, para enriquecer nuestra vida. Y en ese sentido creo que tal vez propongo a través de mi trabajo, una lectura distinta de la realidad, efectuando, además, diversas relaciones entre las diferentes civilizaciones tradicionales. Incluidas las precolombinas, a las que nos acercamos a veces con criterios demasiado estrechos.

El profesor González dará un curso libre sobre "Introducción a las Simbologías Herméticas", en la Universidad Autónoma de México. Dentro del curso hablará los cuatro domingos de septiembre, a las 13 horas, en la Casa del Lago, sobre los siguientes temas: "Qué se entiende por Simbología y Metafísica". "Identidad de las diversas tradiciones: occidental, egipcia, hindú, china, precolombina", "La Cábala hebrea, la Alquimia árabe, el mundo griego y medieval", "El conocimiento hermético: numerología, Tarot, astrología, alquimia", y "La Iniciación como fenómeno, vital y cósmico".

Al ser interrogado sobre la relación que existe entre el Tarot y el I Ching (antiquísimo método de adivinación chino), el profesor González manifestó que "son dos métodos idénticos que pertenecen a dos tradiciones distintas. Ambos son conjuntos de simbologías que tras una faz aparentemente vinculada con lo predictivo nos hablan de realidades trascendentes."

"Son libros de sabiduría que permiten que ordenemos nuestra vida de acuerdo con realidades de orden fundamental y, sobre todo, que hay que acercarse con mucho respeto a ello porque según la forma en que uno se acerque, ellos nos van a hablar en uno u otro sentido".

– ¿Cualquier persona puede acercarse a estos métodos?

– Todos pueden hacerlo, pero cada uno va a obtener una respuesta de acuerdo a su captación no sólo intelectual sino integral.

EL HERALDO DE MEXICO, 3 de Septiembre de 1975
SIMBOLOGÍA, CAMINO PARA ACERCARSE A OTRAS REALIDADES
por Virginia Llarena

Al Aprender a Conocer los Símbolos se Tendrá una Lectura más Interesante de la Vida Toda.

"Hoy da la Impresión de que los Hombres Hemos Perdido la Orientación y Buscamos en Vano Soluciones"

Federico González es un argentino que enseña simbología. Ha llegado a México vía Oaxaca –donde impartió un cursillo en la Casa Mexicana–, después de haber realizado amplia gira por diversas ciudades de Sur y Centroamérica, desde Río de Janeiro y San Pablo, hasta San José de Costa Rica, en la que ha insumido treinta y seis meses de su tiempo.

Conocido como poeta y autor de ficción en Argentina en los años cincuenta, González quien cursó estudios a nivel universitario de Filosofía y Letras, fue volcando su creatividad hacia los medios de comunicación masiva; cine, televisión, historieta, llegando inclusive al diseño industrial, además de especializarse en el estudio de estructuras semánticas.

Asegura él, que estas experiencias encaradas como búsqueda de conocimiento, desembocaron finalmente en su vinculación con códigos y modelos herméticos, tales como la cábala, el tarot, la alquimia, la astrología, la numerología, que según aclara son cosas muy diferentes a la vaga y distorsionada imagen que generalmente se tiene de ellos y sobre los cuales ha centrado especialmente su atención, así como en los mitos precolombinos.

– ¿Cómo relaciona las civilizaciones precolombinas con otras tan alejadas en el espacio geográfico y en el tiempo histórico?

– Gran parte de mi trabajo –responde– consiste justamente en establecer esas relaciones entre todas las civilizaciones tradicionales y en presentar sus analogías, por otra parte evidentes, con una intención que va un poquito más allá que el establecer conexiones "teóricas" acerca de inmigraciones o derivadas de estudios antropológicos.

La idea fundamental, según nos dice, es la de que todos los pueblos del mundo conocieron otras realidades distintas, referidas al espacio y al tiempo, de las que la sociedad moderna ordinariamente conoce y que las vivieron y realizaron hasta en los actos más cotidianos de su existencia.

– ¿Cómo puede esto saberse?

– Sólo observando con atención sus simbologías. Sus utensilios domésticos, sus tejidos, sus danzas, sus juegos, en los que no hay nada de arbitrario o casual. También la construcción de sus moradas y templos, investigando en las estructuras de sus lenguajes y códices, en su poesía y en su música, recordando que todas las artes tienen un origen sagrado.

– ¿Cómo es que a veces nos resulta tan dificultoso interpretar esos lenguajes?

– El hombre de la sociedad contemporánea cree que el ser humano ha sido siempre como él es hoy en día. Nos cuesta enormemente entender que sean otros los móviles y la concepción del mundo de las civilizaciones tradicionales. Nos acercamos a ellos con conceptos propios de este tiempo, que por otra parte consideramos el mejor, el más evolucionado. Y entonces no entendemos el unánime mensaje de nuestros antepasados. En consecuencia, lo consideramos como una "antigüedad" ya superada. Por eso, entre otras causas, se hace tan difícil acercarse a las simbologías reveladoras de la tradición, al mito, a la leyenda.

– ¿Qué son para usted los mitos?

– Los mitos como los símbolos, según acabamos de decir, vacíos de contenidos apenas si son nada. Tal vez unas curiosidades en las que se interesan los eruditos. Otra es sin embargo, la función del mito que, cosa interesante, hoy en día reiteramos inconscientemente.

Mediante la recreación de un mito, agrega, se obtiene una historia ejemplar que un personaje de otro tiempo vive para nosotros. Al conocer e internalizar esa historia arquetípica llevada a cabo generalmente por un héroe, nos identificamos con ella y pasamos así a vivir las aventuras y vicisitudes que ese personaje o serie de personajes vivieron en otro tiempo. Nos llevan, pues, si vale la paradoja, a un tiempo atemporal que es otra dimensión de la espacialidad de nuestra conciencia, en donde por otra parte, todo se encuentra. Es decir, nos internamos o comenzamos a internarnos en otras realidades espacio-temporales.

¿Acaso no ha llegado la hora del despertar?

¿Por qué insiste González en el término civilizaciones tradicionales?. Para diferenciarlas, según nos ha respondido, de las sociedades profanas como la nuestra.

En las civilizaciones tradicionales cada acto es significativo, todo tiene un sentido claro y una razón efectiva, eficaz de ser. Hoy –nos dice– da la impresión de que los hombres desde hace mucho tiempo hemos perdido la orientación y buscamos en vano soluciones parciales a los problemas que nos afligen. Ese paulatino oscurecimiento de un centro real, desde el cual comenzar a construir nuestras estructuras, nos lleva a querer cambiarlas sin ideas suficientemente precisas ni desapasionadas acerca de lo que estamos haciendo.

Por cierto, comenta, que los intereses personales juegan un rol importantísimo en todo esto y el conjunto nos ha llevado a la total crisis de la sociedad contemporánea.

– ¿Y qué papel juegan en esto las leyendas?

– Las leyendas, como los mitos y símbolos, como las profecías, como las parábolas, como las metáforas, son meta lenguajes. Es más el expresar conceptos o realidades que posteriormente van a ser tomadas de manera literal o utilitariamente, de modo mecánico; prefieren dirigirse a la interioridad de nuestra conciencia. Por eso, sugieren, evocan, no imponen ni demuestran. Tampoco pretenden convencer. Presentan una realidad y dejan que cada cual la efectúe a su manera.

La leyenda –señala nuestro entrevistado–, nos dice de acontecimientos que fueron en el pasado, de cosas que ya sucedieron y que pueden volver a suceder; evoca situaciones, hechos y los trae a nuestro presente haciéndonos como presentir que éste es eterno, o al menos perdurable, reiterativo, cíclico.

Los cuentos de hadas y de brujas, que son formas legendarias, convierten a nuestra existencia ordinaria en algo mágico. A veces, asegura, nos hacen pensar con Shakespeare en que "la vida está hecha de la misma sustancia que los sueños", pero, señala en tono interrogante, nos suelen decir si acaso no ha llegado ya la hora de despertar.

Las cartas revelan el universo mismo

El Tarot, sistema del que salieron todas las demás cartas: junto con la alquimia, la numerología, etcétera, son, según enfatiza, métodos, vehículos para llegar al conocimiento del universo puesto que el cosmos se manifiesta a través de energías que los antiguos designaron con letras y números, es decir, conjuntos de simbologías reveladoras de otras realidades trascendentes, y jugando con ellas podemos entrar en contacto con los otros mundos que ellas manifiestan.

La charla con González ha sido motivada por el anuncio de los cursos sobre simbología que impartirá en México. El objeto de éstos, nos lo señala el mismo interlocutor: tratar de que las personas empiecen a conectarse con los símbolos, que puedan leer en ellos pues al tomar contacto con los universos, van a poder tener una lectura más interesante de la vida toda, que también se expresa a través de la simbología.

LA ONDA, México D. F. 1975
EL TAROT, LA CABALA, LA NUMEROLOGIA
por Teresa Castro Escudero

Los caminos oscuros y difíciles de reconocer también tienen sentido del humor, dice un estudioso de las ciencias herméticas, quien recorre diversos sistemas para llegar a una conclusión: la experiencia siempre es definitiva.

Ciclo Introducción a las Ciencias Herméticas, conferencias dictadas por Federico González. Casa del Lago. Domingos, a las 13.

En nuestra sociedad el individuo ha perdido la capacidad de comprenderse a sí mismo y comprender el mundo que lo rodea, afirmó Federico González. Está despersonalizado, masificado, alienado, condicionado por un sistema social que no entiende. No es capaz, entonces, de afrontar las crisis económicas, políticas, sociales y culturales que se suceden, sintiéndose arrastrado por los acontecimientos y por la trivialidad de lo cotidiano.

De ahí el surgimiento y resurgimiento de tantas corrientes filosóficas, individualistas y "evasionistas", que proponen la alternativa verdadera y el slogan adecuado. Se pregona la necesidad de reflexionar sobre uno mismo, de volver sobre nuestros pasos, de tomar conciencia, de construirnos. Los caminos propuestos son muy diversos: unos se dejan largas barbas, otros se rapan, otros se visten extrañamente y cantan en las esquinas y los autobuses, otros meditan –y cobran buenas cantidades por enseñar a otros a meditar; se hace yoga, se leen cartas, se vende incienso, se hacen horóscopos; se practica desde la magia hasta la telepatía, pasando por el truco fácil, la novela de terror y el café turco; también hay quienes consideran que no es necesario nada de eso para lograr lo que buscan.

Al margen de todas esas manifestaciones vulgares de sectas y grupos exóticos, queda algo: el problema de la toma de conciencia sobre uno mismo y sobre el mundo es tan válido como conocer las tradiciones y circunstancias históricas que nos han producido. Pero si este autoconocimiento que implica transformación personal no va vinculado con una búsqueda por transformar su entorno, no puede tener validez.

Para llegar a ese conocimiento de la esencia última hay modelos o métodos herméticos (se dice herméticos en cuanto son caminos oscuros y difíciles de comprender para uno mismo). Son secretos revelados, secretos de los Dioses entregados a los hombres. La numerología, el tarot, la cébala son códigos revelados, pero es necesario no tomar los símbolos de modo literal; esto es superstición y fetichización. Estos códigos son vehículos, como una serie de filtros, intermediarios entre el centro de nuestro ser y las diversas etapas de la personalidad; intermediarios como lo son, entre el cielo y la tierra, los ángeles, los espíritus, los protectores, los aliados.

La cábala es la palabra perdida que vimos recogiendo, se maneja con el esquema del Arbol de la Vida y, como en él, se va ascendiendo en nuestras posibilidades, de lo denso, a lo etéreo. El tarot, la alquimia, la magia, tienen cierta connotación con lo que fue la vida del Medioevo y el Renacimiento, vida muy alegre, bella. En el tarot las imágenes son divertidas, es un juego a través del cual Le ofrecen verdades eternas; la idea del juego está presente en estas civilizaciones que no eran solemnes.

Diversas personas necesitan diferentes estímulos –emocionales, intelectuales, etc.–, lo que hace que estos métodos no sean únicos; son vehículos para llegar a otras realidades. Es como un intermediario; tienen una razón de ser, son una guía, un símbolo que no debe de ser deificado, sino utilizado para llegar al Ser, al centro; en este camino, todo son riesgos. A través del Arbol de la Vida se busca la construcción del templo, que somos nosotros en última instancia; en el esquema del Arbol de la Vida, lo único visible para nosotros es el número 10, lo demás está invisible; la ascensión por el Arbol es un proceso para realizar dentro de nosotros mismos las posibilidades latentes; al ascender se van despertando chacras o sea, otras formas de conciencia, se va del 10 al 1, de la multiplicidad a la síntesis. Los números no se hicieron para contar: las simbologías numéricas y geométricas son para construir universos, para llegar al centro de nuestro ser.

Este autoconocimiento comprende las circunstancias de los diversos yos –condicionados socialmente–; los innumerables egos de uno mismo, las trampas que nos tendemos y que nos tienden.

Siguiendo con el esquema del Arbol de la Vida, cada número corresponde a un planeta y cada círculo –energía– tiene correspondencia con el cuerpo humano; el juego de símbolos en el tarot nos va dando información sobre cada una de las energías del Arbol; los arcanos mayores del tarot coinciden con cada uno de los círculos; en el tarot mismo está la idea del círculo, de la rueda, (taro=rota).

Así vemos entonces la relación que existe entre estos códigos; son tres o cuatro maneras de ver un solo hecho.

Federico no pertenece a ninguna secta o grupo; sólo quiso hablar de su experiencia personal, repetir lo que ha aprendido, hablar de pensamientos que, según dice, no son oídos y valorados en la sociedad actual. Entre los libros que recomendó a los interesados se encuentran los Diálogos de Platón, La Tempestad de Shakespeare, la Eneida de Virgilio, la Divina Comedia de Dante, recomendando leerlos con otros ojos pues son metalenguajes, libros mágicos que hay que saber leer, ver más allá de las palabras. Y, ¿cómo hay que recorrer el árbol de la vida?, se le preguntó: Hay una serie de pautas que sólo pueden ser conocidas a través de la propia experiencia. No se trata de que le impongan a uno más normas, uno es el creador de uno mismo, el proceso de autoconocimiento no es fácil; muchas veces esa comprensión implica el aniquilamiento de lo que hemos sido, pero hay que desatar la guerra para alcanzar la paz, hay que morir para resucitar..."

LA ONDA México D. F., 5 de octubre 1975
LO SUPERFICIAL NOS ALEJA DEL CONOCIMIENTO
por Teresa Castro Escudero

"Y nuestra vida es una suma de tonterías" afirma el estudioso argentino de las ciencias herméticas, Federico González, en una conferencia totalizadora sobre el ser y el no ser individual.

Introducción a las Ciencias Herméticas, por Federico González. Conferencia en la Casa del Lago. 21 de septiembre.

La reunión de lo disperso, la construcción de uno mismo, la asimilación del conocimiento del hombre –microcosmos– con la del universo –macrocosmos–, la concepción del ser humano como un estado particular del ser universal son algunas de las ideas de las llamadas Ciencias Herméticas:

"El conocimiento de uno mismo excede la idea general que se tiene del conocimiento de la circunstancia de uno mismo, del conocimiento psicológico. Llegar al centro del Ser es encontrar las posibilidades infinitas y eternas que están latentes en nosotros mismos…" explica Federico González con cierta vehemencia. Las Ciencias Herméticas proponen un método de conocimiento individual, otra manera de estar en el mundo, trascendiendo lo meramente cotidiano, lo que se manifiesta visiblemente, percibiendo que puede haber otras lecturas de la realidad.

Esta es la idea de la cábala, el tarot, la numerología, la alquimia, la astrología, los símbolos, las tradiciones legadas por nuestros antepasados, elementos todos que ayudan a abrir la conciencia hacia un autoconocimiento trascendente:

"El símbolo es un vehículo de lo que está por detrás de él; no es casual ni arbitrario; tiene energías de lo que manifiesta y las imprime al mundo. Todas las tradiciones alejadas en el espacio geográfico y en el tiempo histórico son otras realidades, otras concepciones espacio-temporales que nuestros antepasados creyeron conveniente dejamos delegado; subsisten los templos de manera más estable que las viviendas; pues las ideas y los símbolos de los templos son eternas, perennes, mientras que la vida pequeña del hombre desaparece. Nuestros antepasados conocieron otras posibilidades de la capacidad humana; tenían caminos muy específicos para llegar a esos otros mundos y otras realidades que hoy nos preocupan. La Edad Media nos ha legado métodos muy particulares, como la simbología de las catedrales, la cábala, el tarot, la numerología, la astrología... Se trata entonces de desentrañar ese legado, conocer la simbología de otras tradiciones para reunir lo disperso, irlo relacionando dentro de nosotros mismos. No se trata de interpretar la cultura de los antiguos sino realizar las posibilidades que ellos dejaron en símbolos, posibilidades que están dentro de todos nosotros pero que es necesario conocer y desarrollar a través de un trabajo profundo. Los símbolos se nos van mostrando, los vamos entendiendo, nos vamos involucrando con cada uno, transformándonos. En la construcción de uno mismo se necesita un punto de base para edificar el espacio interno que se va a reflejar en el exterior; ese centro es el campo de conciencia, el eje. Es como el número uno que da posibilidad de ser a todos los demás números; es el principio, la síntesis. El ser puede ser homologado con el no ser; aunque el no ser es más que el ser; todas las posibilidades del ser están en el no ser..."

Desde la perspectiva de la filosofía hermética no hay nada que aleje más del conocimiento que el torbellino de lo cotidiano, de lo superficial, el creer que se vive cuando no se está en el presente, en la realidad, cuando no se está comprometido ni se sabe asumir las propias responsabilidades: "Nuestra vida es una suma de tonterías; nos pasamos soñando con un pomposo futuro o añorando un pasado dorado, pero nunca estamos en el presente; estamos tan fundidos en nuestra anécdota cotidiana que no sabemos que estamos vivos; todo lo posponemos, lo postergamos, creemos que todo lo que sabemos es todo lo que es; la idea es encontrar un punto fijo con el cual unimos a otras realidades, con ese otro mundo que hay detrás del mito, la leyenda, la parábola, la poesía; necesitamos vivir en el presente. La realización de los modelos herméticos es individual; por eso hay tantas formas y métodos de conocimiento como personas hay en el universo, pero lo importante es lo que la persona ha logrado dentro; las simbologías son sólo vehículos; en la alquimia los materiales son necesarios para la obra pero lo importante es esta obra interna; a través de un trabajo continuo, paciente, duro, se pueden encontrar esas posibilidades latentes; se puede llegar al YO (ATMAN en la tradición hindú), que es el centro, lo más esencial, lo más interno, lo más oculto".

Los objetivos de las Ciencias Herméticas van entonces más allá que doblar llaves mentalmente o echar la suerte.

LA VANGUARDIA, Barcelona 14 de enero de 1979
ALQUIMIA, CABALA, TAROT...
Mª José Ragué-Arias

Ayer se clausuraron en la Fundación Miró las jornadas sobre simbología.

¿Qué son las ciencias herméticas? Un modo de estar en el mundo, trascendiendo el nivel de la cotidianeidad, nos da una nueva lectura de la realidad que trata de vincular al hombre al universo y de recuperar en el individuo la capacidad –perdida en nuestra sociedad– de comprenderse a sí mismo y de comprender el mundo que lo rodea.

El símbolo es la expresión manifestada de la energía que hay detrás de él y que toma la forma de sus significados. Es el mensajero de lo que hay tras la naturaleza, tras la vida del hombre, de la energía interna que se manifiesta formalmente y es susceptible de conocimiento por los ojos y los sentidos. Pero lo que vemos y conocemos no es el único punto de vista sino que está condicionado por nuestros conceptos del tiempo y del espacio.

El profesor Federico González es argentino, escritor, poeta, lleva años estudiando la simbología, dando cursos sobre tradición hermética occidental a partir de la cual se ha iniciado en el estudio de la simbología que ahora lo ha llevado al estudio de las simbologías precolombinas. Tras varios años viajando por Latinoamérica, el profesor González ha decidido vivir una temporada en Cataluña, en España, cuna de los cabalistas que crearon el Arbol de la Vida, hasta que a partir de 1492 tuvieron que dedicarse, según me dice el profesor, "a callar y a morir". Y González acaba de hacer su presentación pública en Barcelona con un ciclo de dos conferencias en la Fundación Miró explicando en la primera "qué es la simbología" y en la segunda dándonos unas claras nociones de cuatro simbologías de tradición occidental: la cábala, la alquimia, la numerología y el tarot.

LA SIMBOLOGIA

Para llegar al conocimiento de la esencia última hay modelos o métodos herméticos, secretos revelados entregados a los hombres, vehículos para llegar a la unidad del Ser. Me dice el profesor González que hay cinco tradiciones vivas ligadas a la religión: la islámica, la hebrea, la budista, la hindú y la cristiana representada por los monjes benedictinos y los trapenses, por ejemplo. Otra tradición es la de la simbología hermética occidental procedente del gnosticismo de los griegos, de Plotino, que se entronca posteriormente con la Masonería y que tuvo su auge en el Medioevo, en sus catedrales, en los cátaros, y el Renacimiento, y que procede del personaje sabio y mítico de Hermes Trimegisto, del dios Hermes, Mercurio, el mensajero, lo que connota hermetismo, es decir, oculto, cerrado, desconocido, por dentro de la superficie de las cosas.

González habló también de las cuatro simbologías herméticas occidentales, relacionadas siempre con el modelo de la rueda como símbolo del punto y del eje que dan la energía a dos planos distintos que conforman el exterior, la forma, lo psicofísico. La numerología, símbolos utilizados para llegar el ser, al centro. A través del árbol de la vida se buscan las construcciones del templo que somos nosotros en última instancia. Lo único visible para nosotros es el 10, la ascensión por el árbol es un proceso interior dentro nuestro para realizar posibilidades latentes, al ascender se despiertan chacras, otras formas de conciencia, se va del 10 al 1, de la multiplicidad a la síntesis. Los números –explica– no se hicieron para contar sino para construir universos, para llegar al centro de nuestro ser.

EL TAROT

El tarot es un libro de sabiduría, un juego de símbolos que combinados entre sí (una combinatoria) nos dan una cantidad indefinida de posibilidades especulativas. Estos símbolos están impresos en cartulinas, y además de ser el origen de los juegos de cartas con los que nos entretenemos sus innumerables permutaciones tienen siempre mensajes que pueden descifrarse si se conoce el código de este mismo sistema. Se ha dicho que el tarot es una computadora de la antigüedad, una máquina de filosofía. Y tarot es la inversión de "rota", rueda.

LA CABALA

La traducción de la palabra cábala es tradición, en la acepción de lo que se recibe o escucha. Los cabalistas afirman que es un mensaje oral que se viene transmitiendo y realizando efectivamente a través de los tiempos, que históricamente fue entregado a Moisés en el monte Sinaí junto a las tablas de la Ley, pero que reconoce un origen espacio-temporal mucho más remoto, pues el ser revelado es eterno. Con el estudio y la meditación cabalística se penetra en el conocimiento de las posibilidades universales puesto que el cosmos se manifiesta a través de energías, que los antiguos designaron con letras y números, que al ser sabiamente comprendidos y manejados, permiten la unión entre el aprendiz, sujeto de conocimiento y la energía universal, objeto a conocer, en un solo acto de conocimiento.

LA ALQUIMIA

En lo que se refiere a la alquimia, Federico González explicó que ésta trata de la transmutación de los metales hasta llegar a la perfección del oro, rey universal. Esta transmutación, transpuesta al plano humano, se vincula con cambios y mutaciones que se van efectuando en el interior de la conciencia del que trabaja con esta ciencia y van a dar lugar al nacimiento de un "hombre nuevo", criatura aurífera y sola, habiendo previamente muerto el hombre viejo, psicológicamente inepto para la sabiduría y la verdad. Como en toda combustión, en este proceso lo sutil se desprende de lo denso y lo primero se eleva hacia arriba mientras lo segundo es materia más grosera que queda adherida a lo bajo, inerte e indiferenciada.

Con la ciencia hermética, con la simbología, el profesor González dice no proponer ningún escapismo de la realidad, sino una diferente lectura de la misma, un enfrentamiento con la realidad tal como es, no tal como "a priori" querríamos que fuera, para recuperar en el individuo su capacidad de aprehender la realidad mediante su ubicación en ella por la unidad del Ser.

EL CORREO CATALAN, Barcelona 1979
FEDERICO GONZALEZ: "TODA EXPRESIÓN ES SIMBÓLICA"

Incluido en el programa de actividades que agrupadas en el Centre d'Estudis d'Art Contemporani de la Fundación Joan Miró, Federico González, argentino, 45 años, pronunció hace poco dos conferencias [Enero], englobadas bajo el título genérico de "introducción a las simbologías herméticas".

– Cuáles fueron los temas que desarrollaste para el público de Barcelona en la Fundación Miró?

– La conferencia, que dividí en dos partes: "¿Qué es la simbología?" y "Simbología de la Cábala, alquimia, numerología y Tarot", giró en tomo a estos temas, sobre los cuales vengo investigando y he dedicado a su estudio los últimos años.

– ¿Y qué es la simbología?

– Es obvio que el hombre se vale siempre de los símbolos para expresarse, porque en realidad toda expresión es simbólica, así como la vida misma. Esta vida y la naturaleza no son más que el ropaje alegórico de lo que está detrás de éstas, que intenta manifestarse.

– Hablas de los símbolos en términos generales, per o no especificas cuáles son.

– Los números, las letras, la cultura toda no son sino formas de interpretar la vida y el misterio del hombre.

– Resumiendo, lenguaje y simbología son una misma cosa.

– Entre la multitud de símbolos los hay más específicos que nos hablan de otra realidad, que bien podríamos llamar magia, situada más allá de lo aparente.

– ¿Cómo conseguiste estudiar todo esto, teniendo en cuenta que no entra en el apartado de la ciencia oficial?

– Al carecer de universidades donde poder cursar estos estudios como cualquier otra de las artes o las ciencias, la simbología se aprende a través de maestros, que en la actualidad residen en Francia e Inglaterra. Prioritariamente, aunque a lo largo de estos años he tenido también importantes conversaciones en el Amazonas, con estudiosos de la simbología que experimentan a partir de las sustancias que proporcionan los vegetales.

– ¿Cuáles son estas sustancias?

– La principal se obtiene generalmente de una especie de lianas que los oriundos llaman "Ayahuasca", y que la ciencia oficial ha bautizado con el nombre de "telepatina"; actúa como vehículo del conocimiento para conseguir la comunicación a distancia.

– Si la telepatía puede realizarse a partir de los vegetales, no comprendo, entonces el por qué de la especulación filosófica o científica.

– Cuando alguien es deficiente mental, el hecho de tomar cualquier mejunje no lo convierte en lúcido, sino que, pasado el efecto, queda igual que estaba. Estas sustancias actúan solamente a modo de soporte o vehículo, pero en sí mismas no son nada.

– Tú, ¿estudiaste pensando en dedicarte luego a la enseñanza?

– Yo estudio para saber.

– ¿Y cuándo o cómo decidiste pasar a la docencia o dar noticia de tus conocimientos?

– Ocurrió de forma natural, porque cuando se aprenden cosas que se apartan de lo corriente nace la necesidad de transmitirlas. Yo, además, tengo un pasado de intelectual, y estaba ya muy acostumbrado a dar conferencias y seminarios, por lo que esta nueva faceta puedo decir que surgió de forma espontánea.

– ¿Qué utilidad crees puede tener el estudio de la simbología para el individuo?

– Acceder, al acontecimiento tanto de sí mismo como del universo, que en última instancia es la gran aventura del hombre.

– La simbología, ¿va más allá de las ciencias oficiales o admitidas?

– Yo conocí las segundas y me quedé con la simbología, porque va más allá de lo racional y discursivo.

– La Fundación Miró, a pesar de que muchos admitimos la importancia del esoterismo, está pensada, tal como rezan los programas mensuales, como centro de estudios de arte contemporáneo, ¿Es también la simbología un arte?

– Puedo decirte que el arte es un camino para llegar al conocimiento y que también he dado conferencias sobre simbología en el museo de Arte Moderno de Bogotá ¿alguien duda todavía que la alquimia, pongamos por caso, es, además de ciencia arte?

CONVICCION. Diario de la mañana. Año III No. 671. Martes 30 de setiembre de 1980
LA VIDA DIARIA – FEDERICO GONZALEZ RELATA SUS INSOLITOS VIAJES
"Aventuras y experiencias de un investigador de mitos"
por Giselle Casares

"Al observar la identidad entre todas las tradiciones demostrables por sus símbolos, monumentos, diseños de tejidos, o decoraciones de objetos de uso cotidiano, me llamaron la atención particularmente las simbologías precolombinas o americanas, por razones obvias. Fue para investigar todo eso que estuve ausente del país durante ocho años explica Federico González a CONVICCION, mientras su rostro, oculto tras una espesa barba, se contrae en una mueca de dolor: "Tengo un ataque de gota. Mi médico, dice que es bastante común", musita.

"En 1972, inicié un viaje por el Brasil que desembocó en el Amazonas, que recorrí íntegramente desde Belén, –su desembocadura– pasando por Leticia (Colombia), hasta Iquitos, (Perú). En ese trayecto, tomé contacto con los fragmentos de tradiciones orales, mitos y monumentos que dejaron civilizaciones ya desaparecidas. Pasé a Colombia donde recorrí su interior bajando, luego, a Ecuador, haciendo el viaje por tierra en varias oportunidades. Me interesé en Colombia por la cultura de San Agustín, y en, Ecuador, por el grupo étnico de los jíbaros, que viven en las márgenes del Río Napo. Recorrí toda Colombia y pasé a San José (Costa Rica) desde donde por tierra, visité varias veces América Central; Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, visitando sus monumentos; y en este último país estudié la cultura Quiché de donde es originario el famoso Popol-Vuh libro sagrado de esta civilización que, hoy en día, se dramatiza en Chichicastenango, un pueblo perdido en Guatemala. Esa ceremonia habla de la cosmología de estas culturas directamente emparentadas con los Mayas. De ahí pasé a México, donde entré por Oaxaca y donde estudié las culturas de Monte Albán, Mitla y Yagul. Me radiqué en México e investigué todas las culturas del Valle Central. Viví en Mérida para poder ahondar en la cultura Maya. Ahí me casé y me instalé con mi mujer durante 6 meses", relata Federico González, mientras la ceniza de sus cigarrillos que consume interminablemente, se esparce a su alrededor.

Durante el tiempo que realizó estas investigaciones y estudios pronunció conferencias en San Pablo, Río de Janeiro y Manaos, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, –en Cali–, en la Casa de la Cultura Ecuatoriana de Quito, en el Centro de Investigaciones Sociológicas de Guayaquil, en el Teatro Nacional de Costa Rica y en la Universidad Autónoma de México, entre otras muchas instituciones privadas donde dictó seminarios sobre su especialidad.

Este investigador insaciable, con mucho de aventurero de films norteamericanos, viajó en 1976 a Nueva York donde realizó investigaciones en el Museo de Arte Indio Americano sobre las simbologías de los indígenas del norte: sioux, navajos, hopis. Pasó luego a Europa donde se radicó en Barcelona dando conferencias en la Fundación Joan Miró. Justamente allí fundó el Centro de Investigaciones Simbólicas, como lo había hecho en México y Costa Rica.

Recorrió la Europa medieval y la romántica descubriendo la asombrosa identidad entre todas las simbologías universales. Posteriormente pasó a Africa del Norte (Marruecos y Túnez), para profundizar sus conocimientos de la tradición islámica adquiridos a través de diferentes profesores radicados en París y Suiza vinculados con la escuela de René Guénon. Ya en 1980 viajó a la India y a Nepal y vivió en conventos del budismo Mahayana e Hinayana, muchos de ellos en el Himalaya, inclusive en Dharamsala, lugar de residencia del famoso Dalai Lama, del cual vivía a escasos 200 metros. Asimismo tomó contacto con la tradición hindú y vivió en ciudades sagradas como Varanasi y Hariward, situadas en el sur de India. "Lo cierto es que no pensaba venir a Buenos Aires. Fui a dar una conferencia en la Universidad de Berkeley en San Francisco y cumplí un contrato en Costa Rica y allí sentí que el periplo había terminado y que debía regresar a mi país. Además, me habían nacido dos nietos que no conocía y el llamado de la patria se hizo intenso, como también la necesidad de transmitir mi experiencia y mis conocimientos en mi país y trabajar en él como lo había hecho en otros lugares. Por otra parte he ido articulando un libro que me gustaría terminar y publicar aquí", dice González. Al preguntarle sobre el trato que recibió en lugares tan diferentes y alejados de nuestra civilización, contesta: "Entre los budistas el recibimiento es muy afectuoso. Hay por otra parte bastantes peregrinos allí: norteamericanos, franceses, canadienses y muchos australianos. En las regiones hinduistas el trato es mucho más loco, lindando con el surrealismo. La privacidad es relativa. La India es un país indescriptible donde se suceden a una velocidad pasmosa imágenes innumerables, totalmente extrañas para nuestra cultura. Sucedían hechos absolutamente "desacondicionantes" a los que ponía fin, encerrándome en el hotel a las 3 de la tarde y encendiendo el ventilador. En cuando a América latina existen diferencias de trato entre los países: Colombia es bella pero violenta, Costa Rica es muy amable, todo es para ellos un juego, Guatemala es el país más dulce. Sobre todo sus indígenas que guardan una pureza original envidiable. Para Federico González todas las civilizaciones guardan semejanzas casi exactas: "El Nepal y el Tibet por ejemplo se corresponden con el Altiplano boliviano y con la zona peruana de Cuzco en el tipo racial, los instrumentos musicales, los diseños de los tejidos, y los objetos de uso cotidiano, así como la forma de ser de sus habitantes. Los símbolos idénticos se repiten por doquier" finaliza González.

En pocos días más este investigador, que volvió a su país para transmitir sus conocimientos ofrecerá el 8 y el 13 de octubre dos conferencias tituladas: ¿Qué es la simbología? en el Teatro Altos de San Telmo.

Suplemento cultural. Buenos Aires 1980
LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO
Diálogo con el escritor y pensador Federico González
Rosa Guerrero

Entre los tantos intelectuales que retornan al país, se encuentra el caso de Federico González, ausente desde hace más de ocho años. Luego de recorrer América Latina, Estados Unidos, Europa y algunas regiones de Asia, decidió regresar para intentar volcar aquí los conocimientos obtenidos en la disciplina que ahora practica. De la mano de René Guénon, o más precisamente, a través de un libro de ese maestro, su itinerario cobra sentido.

Federico González, nació en 1933 en la Capital Federal, y estudió Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad de Bs. As. Publicó poesía y prosa (desde 1953, Diez Poemas, ediciones Francisco Colombo, hasta 1961 Diario de Austragésilo ediciones del Museo de Arte Moderno de Bs. As.), cinco pequeños libros bastante originales, si no extraños para su tiempo, hoy inhallables, a los que no parece atribuirles sino una importancia secundaria, o quizás nula. Lo mismo sucede con un par de obras más o menos encuadradas dentro del "teatro del absurdo" y una pieza unitaria para televisión, Dilemma, que obtuvo una mención en un concurso de un canal metropolitano. Antes de los 30 años ya no publicaba ni escribía.

¿Por qué dejó de escribir?

– Pese a que aquellos trabajos tuvieron cierto éxito en los pequeños cenáculos a que iban dirigidos (como sucede con cualquier producción literaria pictórica, o artística; por más que esto sea negado a través del autoengaño por sus propios autores, salvo en raras excepciones), y que fueron incluidos en antologías, publicados en revistas, y hasta traducidos a algún idioma extranjero, tuve la extraordinaria fortuna de advertir su total falsedad su compromiso con la moda de vanguardia, y el móvil oculto que los inspiraba: la más simplona y pura vanidad y el mediocre deseo del éxito en una sociedad competitiva.

¿Considera entonces que aquellos libros eran imperfectos, que no lo representaban?

– A algunos de ellos los he vuelto a leer y creo que tienen ciertos méritos., Y que dicen bastantes cosas, muchas de ellas con notorio sentido del humor. Por otra parte siempre me interesó la literatura como búsqueda de un conocimiento que la trascendiese, y el lenguaje como una posibilidad de transformación, cosas que creo están presentes en esas obras. También la paradoja, la metáfora y la alegoría, se hallaban allí manifiestas, como ciertos sistemas narrativos que en un plano horizontal, alteraban perspectivas espacio-temporales, No creo que esos libros fuesen ni malos ni buenos. Y sin embargo pienso que me representaban en ese período de mi vida, donde desde luego preferí el caos y la confusión, a las chaturas "psicológicas" o de otro tipo, más o menos disfrazadas de "creatividad".

– ¿Se trata entonces de un enjuiciamiento, en términos generales, de la expresión artística, y la filosofía moderna?

– No creo que sea para tanto. Más se refiere a la situación de una persona en particular (en este caso yo mismo) que no encuentra salida, ni su forma de acercarse a las ideas universales, en la sociedad actual pues ésta ni, le brinda una auténtica cultura, digna de saciar su sed, sino una impostura de la que nada puede aprender, y que por lo tanto no hubiera podido ser jamás más que un conducto para expresar sino ciertas ideas, egocéntricas que le asegurasen una determinada "originalidad" y cierto brillo dentro de la multiplicidad de la confusión de lenguas.

– ¿No le parecen un poco duras estas declaraciones?

– No para aquel que, por sobre todas las cosas, se interesa en la aventura del Conocimiento. Y en vivir la vida como una poética. No en escribir literatura, sino en ser él literatura (no necesariamente auto-biográfica), y en encamar la filosofía. sin visualizarla como algo diferente a su propia vida. Por otra parte hay innumerables caminos que conducen a un solo y único punto original. Y sería presuntuoso, además de equivocado, el pensar que aquel que recorre uno de ellos, es el único que ha de llegar a la fuente del Conocimiento. Lo que sí le puedo asegurar es que una actitud de esta naturaleza, no lo hace a uno demasiado simpático a los ojos de nadie.

– ¿Por qué?

– Destruir un orden, negar una negación, es denunciar (aunque ésa no sea la intención), un complot, desbaratar una conspiración contra el ser, en la que todo el mundo está complicado. Piense Ud. que los enemigos que se desenmascaran –ante la indiferencia general, y sólo en el interior de su propia conciencia–, son nada menos que Descartes, Kant, Picasso, Voltaire, Moliere, Proust, Darwin, Marx y Freud, para citar sólo algunas de las trabajosamente elaboradas obras modernas, que han sido, sin duda, los motores de la pseudo-civilización en que nos ha tocado vivir.

– ¿Qué hizo entonces?

– Me dediqué al comercio de la existencia con ambigua fortuna, como todo el mundo y volví a las lecturas que en el transcurso de los años había hallado más significativas. En particular Platón y Plotino, y en lo que respecta a las críticas a la sociedad contemporánea, a la de Alan Watts, con el que lógicamente compartía innumerables puntos de vista sobre la ilusión social Comencé también a interesarme por La filosofía oriental. Especialmente por el Budismo Zen, el Taoísmo, el Budismo Mahayana. Descubrí la Cábala hebrea y me apliqué a su estudio, primero en su relación con el Hermetismo Cristiano Medieval, es decir con la Alquimia (y el Tarot, y la Astrología), y luego como la expresión del esoterismo del pueblo de Israel. Comencé a entrever que todos estos códigos y sistemas tenían un fondo evidentemente común. Los mitos griegos, romanos, egipcios, celtas y caldeos, sumerios, me lo confirmaban. Algunas breves incursiones por la Tradición Hindú e Islámica, y el trabajo en una línea moderna relacionada con los autores Ouspensky y Rodney Collin, no me dejaron ninguna duda al respecto. Mi formación católica adquiría un sentido ecuménico. Este tipo de ideas, estas realidades, eran las que me habían interesado toda la vida, las que ahora resonaban en mí con una fuerza insospechada.

– ¿Había descubierto la verdad?

– No puedo dejar de advertir la leve sombra de ironía que contiene la pregunta, tal vez debida al énfasis, o a la ingenuidad de mi afirmación anterior. Pero le contestaré rápidamente: no había descubierto la verdad, pero sí habla descubierto que la Verdad existe. Que una serie de verdades empíricas o particulares son el reflejo de la Verdad Arquetípica, y que ésta, obviamente es una Idea Universal.

– ¿Fue entonces ésta una enseñanza obtenida de manera individual?

– Creo que fue una intuición intelectual que necesariamente transformó (invirtió) toda mi óptica, mi manera de ver, que necesariamente hubo de expresarse también en nuevos puntos de vista, en otras forman de ser, si así pudiera decirse. Pero lo más curioso de todo esto, es que juntamente con estas "experiencias vitales", apareció en mi horizonte cultural y existencial, la presencia de un Maestro: René Guénon, que ordenó casi de forma inmediata lo que por años habla sido el motivo de mis afanes y anhelos.

– ¿Como apareció en su vida?

– A través de un libro. Lo leí y releí hasta extraer en la medida de lo posible el contenido de esa obra y su relación conmigo y con mi vida. Posteriormente estudié todos los escritos que pude conseguir de él en Bs. As. y tuve la suerte de poder viajar a París a consustanciarme con su obra, y luego con el correr de los años con algunos de los que fueron sus seguidores y amigos, pues desgraciadamente murió en 1951, y esto que le cuento ocurría alrededor de 1970.

– Dejemos a Rene Guénon por un momento y volvamos un poco a usted y a su trabajo, sabemos que hace casi nueve años que falta de Buenos Aires, y este, en realidad, es el motivo de esta nota.

– Se produce un silencio: Federico González retorna a la anécdota de la entrevista y nos cuenta que un buen día se despidió de los suyos y se lanzó a la calle, al camino, porque sinceramente creyó que le había tocado la vía del peregrino y esa era la forma en que debía acceder al Conocimiento. Nos dice que interesado en las simbologías precolombinas, y sintiendo la fuerza telúrica-mágica de su continente, América, se entregó a recorrerlo por tierra, en busca de un pasado vagamente mítico que atravesaba y hacía arder su sangre, pensando acaso, como en el Tao-Te-King, que "un camino de cien millas comienza a tus pies".

La "polución" de San Pablo lo desplaza a Río de Janeiro, y la bella superficialidad de esta ciudad lo empuja hacia Bahía y posteriormente hacia Belem (inaugurando la ruta Transamazónica) donde llega un 25 de diciembre, un tanto sorprendido pero con la clara intención de internarse en la selva amazónica, con la esperanza de encontrar la paz de un mundo nuevo y vincularse con una orden autóctona ancestral, que le atrae de modo inexplicable e irresistiblemente. Contrata un pasaje en un lanchón, donde a estribor viajan las mujeres y a babor los varones, y cuelga su hamaca entre innumerables sacos de papas, cebollas y, granos, pollos, pavos y cerdos enjaulados y bulliciosos. Dormita, o lee a René Guénon durante el largo día, platica circunstancialmente con algún compañero (que por ejemplo le pregunta si en la Argentina se habla inglés) y al atardecer sube al techo de la barcaza a fumarse un cigarrillo y a contemplar al creciente encanto de la selva y del Amazonas, y el cielo, al que no le falta una sola estrella. El barco se detiene en indefinidos villorrios, carga y descarga, entrega la correspondencia y en comiendas y baja y sube gente en número cada vez más creciente. Al cabo de una semana arriba a Manaos, no sin que se omitan robos, intentos de agresión, etc., pues un hombre solo en la selva, al que nadie aguarda, y que aparentemente no va ni viene de ningún lado con un propósito fijo o concreto, no tiene más valor que un tronco, o un desperdicio que, una vez que cae al río, desaparece.

Conectado con los maestros de la Orden que, según parece, lo estaban esperando, pasa unos meses con ellos y se deja subyugar por la magia de la selva, el rumor del río, los olores exquisitos y absolutamente diferentes de las orquídeas negras, los hongos gigantescos que van del violeta al morado, del naranja al fucsia y por todo aquello que con el tiempo viene a configurar la "manigua", el atractivo de la floresta.

A esta altura de la narración noto cansado a mi interlocutor. Omite detalles. Nos dice que sintió la imperiosa necesidad de salir de allí. Que volvió a remontar el Amazonas hasta Leticia, puerto colombiano, y que desde ese pueblo voló a Bogotá. Puesto que mientras estudiaba los mitos, los ritos, los símbolos, ejercía la docencia sobre su especialidad en las capitales o pueblos de cierta importancia. Da la impresión de haberse agotado con las anécdotas. Me exhibe presuroso unas carpetas donde me muestra que ha dado charlas en el Museo de Arte de Bogotá, y en otro museo de Cali, señala artículos del Tiempo, del Espectador, del País, nos dice que, siempre por tierra, viajó a Quito y que dió sus conferencias en la Casa de la Cultura Ecuatoriana y que bajó a Guayaquil enseñó auspiciado por la Municipalidad y no sé qué Centro de Psicología. Se lo nota como un poco ansioso, o más bien aburrido. Un cierto fulgor aparece en sus ojos cuando recuerda el valle entre dos gargantas en cuyo profundo fondo corría el río, con los volcanes nevados en el horizonte, en un pueblito llamado Guápulo en donde le tocó vivir en una hacienda abandonada y derruida que alquilaba por 30 dólares (sic) cerca de Quito. Momentáneamente se entusiasma con un viaje entre volcanes en una especie de tranvía - tren - ómnibus, en el que llegó a Quito, y también con la casa de madera con pilotes asentada en un brazo de mar en que moró en Guayaquil. Abrevia la conversación y nos dice, como de pasada, que hizo tres veces el viaje entre Ecuador y Colombia y que conoció el interior de esos países.

Bogotá tiene muy mal clima, llueve todo el tiempo, habría que irse de allí. Por casualidad me enteré que en Costa Rica la temperatura era de 21° todo el año, y me fui para esa tierra. Tengo alergia al frío– aclara, y continúa: Resultó ser un pequeño país con una vegetación maravillosa. Dí clases en el Teatro Nacional auspiciado por el Ministerio de la Cultura. Estuve seis meses, luego tomé un ómnibus y atravesé Nicaragua, Honduras, El Salvador. Guatemala. Visité todas las ciudades sagradas precolombinas, algunas casi desconocidas como las de la cultura Quiché, cerca de Chichicastenango, donde hoy en día, el pueblo en masa sigue dramatizando el Popol Vuh. Finalmente llegué a México y recalé allí por casi tres años. Trabajé en la Universidad Autónoma y con numerosos grupos privados. Puse casa, formé Biblioteca, fundé el Centro de Estudios Simbólicos (que aún funciona. dirigido por uno de mis alumnos) igual que en Costa Rica y Barcelona. Mientras vivía allí, viajé varias veces a Europa. Recorrí todo el país y crucé por tierra otras tres veces toda la América Central.

– ¿Podré servirme más café? ¿Qué hora será? – agrega para proseguir: En fin, llegó también el momento de irse de México. Dejé mis cosas y aparecí en Nueva York. Los primeros días recorría pacientemente el maravilloso museo del indio americano y las colecciones de Brooklyn. Un día me di cuenta que me encontraba en una horrible ciudad, completamente diferente del Village que 12 años antes tanto había querido. De aquí me voy, me dije. ¿Adónde? A descansar. Han sido muchos años intensivos de didáctica de lectura, de escritura, de trabajo de campo. Era verano. Caminaba por la 5a. avenida. De pronto vi una agencia de Iberia. Saque pasaje a Madrid, de allí el puente aéreo a Barcelona. Cuatro días después estaba en Ibiza, donde por casualidad me conseguí una casa de campo donde vivía absolutamente solo. A la mañana temprano bajaba una montaña y me iba a la playa y volvía a mediodía. Me compré una motito para hacer las compras y hasta tenía un par de alumnos. Leía y meditaba todo el día. Después de cuatro meses crucé a Barcelona. Di conferencias en la Fundación Miró, armé grupos privados y finalmente fundé el Centro de Estudios Simbólicos de Barcelona (vuelve a exhibimos carpetas desordenadísimas), viví allí dos años y medio y viajé estudiando las simbologías europeas, cada vez más en detalle y también las del norte de Africa, especialmente Marruecos, que recorrí íntegramente de norte a sur. Finalmente partí a la India y el Nepal durante unos cuantos meses, viviendo casi todo ese tiempo en los Himalayas, recorriendo los lugares sagrados Budistas, morando a veces en monasterios.

– ¿Piensa inaugurar algún curso, mostrar algo de su trabajo?

– Sí, ya ofrecí dos conferencias introductorias en un teatro en San Telmo sobre el tema "¿Qué es la simbología?" Posteriormente desarrollaré un cursillo de diez clases sobre simbólica a través del arte de los pueblos relativo a símbolos, mitos y ritos en tradiciones comparadas.

Revista DINERS, Buenos Aires, noviembre 1980
Reportaje
ENCUENTRO CON UN HOMBRE NOTABLE
María Moreno

En una época muy remota, nuestro contacto con el universo era distinto. Algunos hablan aún en términos de esa antigua sabiduría; pocos están autorizados a hacerlo. Entre estas excepciones figura Federico González, quien acaba de volver a su país después de largos viajes no sólo geográficos. Eligió, hace mucho, dedicar su vida a indagar formas de conocimiento inmemoriales aunque no siempre ortodoxas. Sus experiencias trascienden lo "esotérico" y pueden servirnos tanto en apuros extremos como en situaciones cotidianas.

– ¿Cuál ha sido el destino del símbolo en la actualidad?

– Su aplicación está degradada pero mucho menos que hace unos años, cuando los psicoanalistas, queriendo dar un origen más o menos digno a sus concepciones, decidieron meterse con él utilizándolo al azar y arbitrariamente. No me refiero a Jung, por supuesto. Ellos lo relacionaban a través de sus publicaciones con zonas conflictivas de la personalidad que tenían que ver fundamentalmente con la sociedad de consumo y la programación de personas. Su uso del símbolo, del mito y del rito era una manera de dignificar una minucia.

– ¿Existía una suerte de "mélange" de disciplinas? Por ejemplo ¿se asimilaba el fetiche al objeto de consumo y la noción de enajenación a la de mito?

– Lo que es peor, no comprendían que lo menor simboliza lo mayor y no a la inversa.

– ¿En qué momento histórico situaría usted esa degradación de la noción de símbolo?

– Por un lado en el Renacimiento que es cuando el arte deja de estar vinculado a la experiencia mística y pasa a ser una expresión individual y social. Y por el otro, el surgimiento de la obra de Descartes. En la actualidad, el Papa recorre Nueva York desde San Patricio hasta Battery Park y entonces le ponen de telón de fondo la música de El super-hombre. El superhombre hoy no es el hombre interior, capaz de dominar sus pasiones, algo que constituiría realmente la buena nueva evangélica o el hombre nuevo, sino el hombre exterior, la superfortaleza del medio, aquel a quien le rebotan las balas, que es capaz de hacer más negocios exitosos y ser deseado por más mujeres. Otro error tremendo de la sociedad actual es el de relacionar la experiencia interior con las morales laicas o cívicas. Se ha sustituido al rito por la ceremonia, al símbolo por la alegoría y aún más por el logotipo. Y a la verdad con mayúscula por un conjunto de verdades relativas que conviven entre sí y que son la suma, el patrimonio de cada ego personalizado.

– ¿Qué diferencia existe entre rito y ceremonia?

– Todo es simbólico y cumple una función ritual en la que se regenera diariamente el tiempo primigenio en unión con la vida misma a través de la comida, las abluciones, el sueño. En la sociedad moderna hay muy poco espacio para el rito, se lo sustituye por una alegoría. Porque el símbolo ya no es una energía-fuerza actuante para los hombres de este mundo, sino que es como si fuera. La ceremonia es la degradación del rito, es el sepulcro blanqueado, la nuez sin contenido.

– La experiencia a la que usted se refiere ¿cómo se relaciona con el hecho de "estar en el mundo"?

– Si no hubiera dificultades habría que inventarlas. Pero llega un momento en que las contradicciones son tan grandes que se hace preciso dejar un país, una familia, todo lazo social, para entregarse al trabajo. Esa salida del mundo existió en todos los períodos históricos y se llama la vía del peregrino, el camino que debe realizarse para conquistar el santo Graal, por ejemplo, o cualquier forma de conocimiento. Ya lo dice el Evangelio, quien no odie a su mujer, a su padre y hasta a sus propios hijos no podrá alcanzar el reino de los cielos.

– ¿El viaje sigue teniendo hoy el mismo valor iniciático?

– El viaje, según la tradición, puede ser físico, puede exigir un desplazamiento geográfico o por el interior del templo, tal es el sentido de los laberintos de la catedral de Chartres. Se puede hacer en forma excéntrica o concéntrica, se puede hacer en Nueva York o en Buenos Aires o entre ambos puntos, vendiendo chocolatines en un quiosco o haciendo periodismo. La vía no es una sola. Es como una carrera de postas en donde hay varios cambios de caballo. Lo que sirve en un momento puede no servir en otro. El trabajo tiende a lo múltiple y a lo único. Al principio mis viajes eran turísticos. Había que tomar un avión, alojarse en un gran hotel y ver lo que cualquier persona "culta" juzgaba pertinente. Luego sentí la necesidad de hacer un viaje otro.

– ¿Hubo en algún punto algo semejante a la revelación?

– La revelación es un trabajo diario en el que existen ítems significativos, así en las fechas calendáricas resultan más significativos los equinoccios y los solsticios. No es lo mismo el solsticio de verano que el de invierno, que en el hemisferio norte corresponde al nacimiento del niño alquímico.

– ¿Cuáles fueron, en su caso esos ítems?

– Las historias personales no agregan nada a aquella de la que hablan todos los pueblos y que es un proceso interior que se va produciendo paulatinamente y tiene la forma de una espiral o el ascenso a través de una pirámide desde la base hasta la cúspide. Ese ascenso puede insumir toda la vida. ¿Quién sabe en qué momento del proceso está uno y qué interés tiene saberlo? Preguntárselo equivale a pensar con la mentalidad de la que uno precisamente busca despojarse. Sin embargo, puedo decir que en mi caso hubo dos ítems fundamentales: mi encuentro con René Guénon y la entrada en la selva.

– ¿Qué descubrió en ambos casos?

– Mi encuentro con Guénon contribuyó a ordenar todas aquellas reflexiones que venían desde mi más lejana infancia hasta mis más recientes lecturas de esoterismo. En el caso de mi entrada a la selva amazónica la experiencia fue importante porque me ocurrió el olvido de todas las imágenes y el vaciamiento más absoluto del pasado y el futuro. Yo allí debí procurar mi circunstancia a través de un presente continuo.

– ¿Hay iniciación?

– Hay una iniciación formal, y se pueden pasar diez años junto a un maestro en una escuela sin que el proceso de conocimiento crezca. Y puede haber iniciación en circunstancias particulares e irregulares sin necesidad de estar en una escuela. No hay una Universal de la Iniciación.

– ¿La certeza de la iniciación quiebra el proceso, es la institución de la experiencia?

– Sentirse iniciado es una de las cosas más necias que puede sentir una persona que está interesada por el conocimiento. Existen grados y el primero es negativo, consiste en darse cuenta de que uno no sabe nada. Uno dice: no conozco nada, estoy empezando un proceso de espiral. Para llegar a un cierto nivel hay que empezar desde el principio. Porque a menudo se quiere que lo último sea lo primero, se intenta lograr una paz forzada. La tradición dice que para que la paz se cumpla hay que desatar primero la guerra interna y la guerra interna puede durar veinte años.

– ¿Y usted se encuentra en la paz?

– En la guerra, siempre en la guerra.

– ¿Cómo se transmite este trabajo que usted propone?

– A través del estudio de los símbolos. Símbolo es energía–fuerza y a aquel que esté dispuesto a abrirse al símbolo, el símbolo mismo le va a comunicar la energía necesaria para que se le vayan revelando los conocimientos que ese símbolo está manifestando.

– ¿Qué lugar tiene la "salud" en esta propuesta?

– Es sólo un paso. En francés existen dos palabras para referirse a la salud: santé que es salud física y salut que es salud espiritual. Pues para nosotros no existe ni la santé ni la salut, porque intentamos ir más allá de un planteo religioso. La metafísica es el andamiaje de la religión. Toda realización es interior y una institución, por santa que sea, no puede producir en forma masiva aquello que tiene que adquirirse a través de la conciencia. Claro que la religión es un excelente vehículo para llegar al interior de uno mismo, pero no el único, ni suficiente.

– ¿Existen los santos inocentes? ¿Se puede transmitir lo que no se sabe?

– La fe como fe ciega no tiene ningún valor. La fe de San Francisco de Asís no es una fe ciega, es la certeza de estar viviendo un mundo absolutamente otro. La fe no es suficiente. Porque es necesario el conocimiento y el conocimiento al que nosotros nos referimos no es una informática a la manera de la enciclopedia, sino otras realidades que están inmanentes en el hombre mismo.

¿La misión es iniciar?

– Hay gente que se dedica a la iniciación y otra a orar en la montaña. Ambos cumplen su trabajo.

¿La transmisión es oral?

– Se dice que es oral. Y el maestro puede ser un para-gurú, por ejemplo una piedra o un atardecer. Lo que sí existe es un rattachement a una doctrina determinada. Aquí no hay francotiradores, salvo al principio. Se espiga en todas partes pero luego se debe entrar de lleno en una experiencia específica. Y ésta puede no ser exactamente religiosa, aunque sí ritual como el budismo mahayana.

Es necesario incorporarse a una cadena iniciática. Porque a Guénon se la contaron; a Platón, que la expresa maravillosamente, también se la contaron; y a Plotino y a Porfirio y a Proclo. Luego ellos enseñaron porque se supone que estos conocimientos son revelados, porque no son humanos sino supracósmicos y los hombres por sí solos no pueden extraerlos de sí mismos; sí pueden acercarse, tantear.

– ¿Existe una didáctica? ¿Un aprendizaje que comienza por el ABC hasta llegar a los niveles superiores?

– La primera clase es la última y el medio son los símbolos. En mi caso yo no me siento ningún maestro ni asesor espiritual. Claro que si estuviera en el Himalaya con un monje que me deriva a otro monje a medida que se va realizando el trabajo, allí sí podría haber una idea de maestría. Otro error de Occidente es suponer que el maestro es uno. En el budismo mahayana son cincuenta. No hay un maestro, esa noción es propia de la ignorancia de los centros yogui, de la malversación que ha hecho de todo el Oriente la teosofía y los orientalistas oficiales.

– ¿Qué diferencia hay entre el yo (atma) y el yo tal como lo concibe el psicoanálisis?

– Al yo del psicoanálisis yo lo llamo Ego. Al otro lo pongo con mayúsculas y lo asimilo al ser.

– ¿Por qué recomienda como lecturas de iniciación La Eneida de Virgilio, La Tempestad de Shakespeare y las obras de Blake?

– La Eneida o cualquiera de los libros que usted menciona, al igual que la obra de Platón o Plotino, exceden la literatura. Por ejemplo, Plotino es un mago y sus libros son libros de magia para quien sabe leerlos. Así también La Biblia y otros libros sagrados. Todos transmiten un conocimiento de una manera determinada y con un contenido que llega de una manera subliminal y que se realiza en uno igual que los símbolos, los mitos y los ritos.

– ¿Por qué homologa a menudo los tres términos?

– El símbolo, de representación gráfica visual, para llamarlo de alguna manera, está relacionado con el espacio. Y de hecho, un mandala, su contemplación por ejemplo, lo lleva a uno a otro espacio de la conciencia. El mito está relacionado con el tiempo. Y el templo da dos posibilidades al mismo tiempo: la de poder pescar en un espacio geográfico el mito. El rito es la dramatización de todo ese sentido a través del gesto.

– ¿Cuál es la aplicación cotidiana de esta experiencia?

– El árbol cabalístico no sólo es válido para el universo sino para cada situación particularizada. Se puede organizar una empresa de acuerdo al Arbol de la Vida. Lo grande sirve para lo pequeño y las ideas universales se manifiestan en las particulares. Este trabajo sirve para la alegría cotidiana de aceptar el mundo tal cual es y no para imaginarlo. No para proyectar grandes cosas sino para poner los medios necesarios para que esas cosas se produzcan. Pero hay que aclarar que eso viene por añadidura. No se trata de buscar beneficios, eso sería como pedir a San Antonio que consiga un novio, es comercio con La Divinidad. No se trata de intentar un confort espiritual. Tampoco creo en la dignificación a través del trabajo. Sí creo en aquel trabajo que las corporaciones medievales realizaban de acuerdo a lo espiritual. Creo que las empresas más desaforadas están más cerca de La Experiencia que una vida de orden rutinario y prosaico. En La Experiencia no hay nada que tenga que ver con el ahorro. Por eso un señor que hace inversiones locas para comprarse doce veleros, ocho empresas y sale a jugar cada día con el corazón en la boca, puede estar más cerca de nosotros que otro que realiza un trabajo reiterado y probo. Por el camino del exceso también se llega a la sabiduría.

ENTREVISTA. Revista "Hora Zutz". Barcelona 1991. N° 1 – Segunda época
Antonio Casanovas (†)

– ¿De qué vas a charlar esta vez en la Fundación Miró?

– El tema... en realidad la charla tratará de arte y mito en la civilización maya. La civilización maya está tomada en realidad como ejemplo del valor que tenía el arte en una cultura tradicional como representación y ejemplificación del mito.

–¿En qué aspecto?

– Si te fijas, aún hoy en los pueblos primitivos es el arte el que transmite una serie de conceptos cosmogónicos que el mito y el símbolo representan. Es decir, que éste era el medio normal donde se transmitían los conocimientos de una cultura, porque la cultura estaba estructurada de una manera donde todas las cosas que formaban parte de ella se articulaban entre sí y toda la vida cotidiana era un rito. Todas las cosas entre sí figuraban de una forma orquestada que daba un sentido y el hombre estaba integrado en eso. Entonces el arte cumplía una función verdaderamente social, tal vez no en el sentido que la cumple hoy, como medio de comunicación aislado, como cosa encasillada, sino verdaderamente como un instrumento. Esos pueblos no tienen una palabra para designar el arte; ninguno de estos pueblos tradicionales, ni aún civilizaciones o culturas indígenas, tenían una palabra específica para designar lo que era el arte, sino que el arte era una manera de ser. Entonces ese gesto es una manera de ser en el cosmos; consolida toda una cultura a imagen de una cosmogonía. No es arbitraria; no es que el hombre invente una cosmovisión y se ciña a ella. Al contrario, es que de la cosmovisión, de lo que es el cosmos en sí, extrae el conocimiento de los secretos de la naturaleza y del universo y esto es igual en todas las sociedades, porque esto no es distinto, esto no cambia. El mismo hombre es igual; el de hoy que el de siempre: es el hombre arquetípico. Lo que cambia son sus formas de percibir, sus maneras... una serie de valores de tipo secundario. Pero en sí sus necesidades son las mismas, sus preguntas son las mismas y eso se debe a que el hombre también es el mismo porque en esencia no ha cambiado. Lo que ha cambiado son los ciclos del universo, las distintas épocas en que éste se manifiesta, y de acuerdo a esto la forma en que los hombres lo aprecian y sus características. No sé si te respondí, o varias veces te dije lo mismo.

– Dentro de estos ciclos ¿cuál es el ciclo que crees que estamos viviendo ahora?

– Bueno, esto es un fin de ciclo. Como todo, tiende sin duda a prolongarse en uno nuevo, pero es obvio que la crisis del petróleo y todo eso son imágenes de "bueno, hasta aquí llegaron ciertas cosas".

– Tienes una visión apocalíptica de este fin de ciclo

– Pues apocalíptica no te diría, en el sentido que se suele dar al término "apocalíptico" pero a mí me parece que estamos ante el fin de algo y todo fin es el sentido de un recomienzo. Ahora bien, veo que las cosas están tan jugadas que únicamente en ciertos aspectos, borrón y cuenta nueva. Uno querría mantener una cantidad de valores, pero estos valores, que son a los que uno está atado y se identifica en gran parte, a veces si permaneciesen en una sociedad la llevarían nuevamente al caos... Pues bueno hay ideas de uno mismo que uno debe extirpar, cierto tipo de apreciaciones, de deseos.

– ¿Cómo relacionarías todo el avance científico con el arte?

– En realidad se habla del arte como un objeto estático y más bien las cosas están hechas con arte. Es más bien un gesto que un objeto; una acción, cualquiera que sea, más que algo dirigido.

– Yo no veo el arte como una cosa sino como un ser. Entonces ese gesto es un arte. Ahora bien, el arte es amoral: no necesariamente tiene que ser bueno.

– Se puede decir que el arte está en oposición a la ilusión

– Considerándolo como yo lo considero está en oposición a la ilusión; porque no es un gesto ilusorio, es un gesto bien real.

– Podríamos charlar acerca de la Tradición, de los símbolos

– Empezaré por los símbolos. Digamos que un símbolo es algo que representa a algo que está por detrás; un vehículo de algo que él representa. Entonces tiene que haber una analogía entre lo representado y la idea que lo representa.

– ¿No es psicológico?

– Puede ser psicológico. El símbolo tiene varios niveles de lectura. A cualquier nivel, espiritual o físico, esta forma de expresión que el símbolo genera y contiene es el fundamento del lenguaje humano. Nosotros nos expresamos a través del símbolo, de analogías, y a través de un metalenguaje. En todo lenguaje hay un metalenguaje. Yo pretendo decir a través de unas palabras articuladas de un modo lógico toda una serie de experiencias que tengo acerca de lo que es simbólico, o de cualquier otro discurso. Estas imágenes son la esencia de lo que es el hombre y lo que es la realidad; imágenes que percibimos con la mente; imágenes que son simbólicas y que constituyen un lenguaje. El símbolo como vehículo de comunicación sirve para llegar a lo que está detrás de él y para expresar algo hacia afuera. El símbolo además no es sólo visual, puede ser también oral (la poesía, la leyenda)... símbolos auditivos, táctiles... Los cinco sentidos son maneras de percibir imágenes, formas de emitir y recibir símbolos. En lo que se entiende por Tradición, por Tradición Unánime, por Tradición Universal, siempre se hace la salvedad de que no es algo añejo o cultural. El tradicionalismo sería una visión degradada de la Tradición. La Tradición se ha expresado siempre a través del símbolo y en última instancia es arquetípica: algo que está instalado en la í entraña misma del ser humano, como el símbolo, y no sólo se refiere a un viejo pasado histórico, lejano en el tiempo, sino a un "tiempo atemporal", valga la paradoja, vertical, instalado hoy mismo en las entrañas del ser, ahistórico. Aquí lo emparentamos con la "idea" de Platón y aún el "arquetipo" de Jung, con algo que está presente constantemente, aun en este momento. Entonces se suele entender esto por "Tradición". Lógicamente ha existido en el tiempo y ha habido sociedades que han vivido esto que nosotros hoy no vivimos. Lo hemos perdido. De ahí las imágenes relacionadas con la "Palabra Perdida", "olvidada", con algo que hay que rescatar de uno mismo, con la búsqueda del ser... Se busca lo que se ha perdido, lo que ya no se tiene.

– Cuando hablas de la Tradición Primordial, ¿hablas de Oriente, de Occidente o de una Tradición Perenne?

– De una Tradición Perenne, insertada dentro del ser humano, y del ser universal. Esto ha existido en Oriente, en Occidente, hoy mismo en cualquier raza, estado social, sexo.

– Budismo, Hinduismo, el Islam, Cristianismo

– Son formas de la tradición. Y no sólo las religiones son tradición. Los pueblos primitivos ¡claro que vivían su religión!... pero no las "grandes religiones" conocidas como tales. De la tradición precolombina por ejemplo, si puedes tener acceso a su descripción del cosmos, verás que han sido sociedades tradicionales, a través de su simbólica, de sus mitos.

– ¿Crees en la sincronía?

– Sí, el símbolo es sincronía, la analogía es sincronía entre dos cosas que vibran en la misma energía o que tienen vibración común y se sincronizan. Todo orden es sincronía.

– ¿Y el tiempo?

– El tiempo no existe, el tiempo es una manera de decir. Para un dios, millones de años son apenas un segundo.

– El tiempo tiene que ver entonces con nuestra limitación

– ¡Claro! y con toda la creación, con todo lo que es relativo. Todas las cosas que funcionan de forma caótica, anárquica, desordenada, encuentran un punto donde se equilibran y armonizan. Asimismo en un ser humano. Los momentos de comprensión unen cuatro o cinco cosas y se aprende algo. La mente lo hace a una velocidad extraordinaria: de repente se desarticula todo y se vuelve a deshacer como un castillo en el aire; de pronto se vuelve a encontrar una luz, una armonía, y de pronto se vuelve a deshacer. Pienso que el universo es constantemente eso.

– El escritor: La Rueda, En el Vientre de la Ballena, Los Símbolos Precolombinos

– En el Vientre de la Ballena es un libro que escribí en muy poco tiempo, hace quince años. Es un libro totalmente distinto a los otros dos, que fueron libros que tardé varios años en escribir y que tienen otro tipo de lenguaje. En el Vientre de la Ballena es una síntesis de un montón de ideas que en el libro expresé. Tiene en un aspecto una cierta inspiración y es más parecido a lo "literario", a la poesía, que los otros dos. El libro de La Rueda fue un libro que me puse a escribir en India. Estaba en todo el trip del viaje a India, ¡tremendo! Y después de cinco meses, agotado, fui a Goa a descansar a la playa. No tenía nada que hacer. No quería ver a nadie y permanecía largas horas sentado por allí. Compré un cuadernito con la imagen de Shiva en las tapas y me puse a darle. Lo tengo muy presente. Recordaba las clases y empecé a escribir cosas de las clases y así me fue saliendo poco a poco el libro con alguna ampliación y alguna omisión también.

Respecto al libro Los Símbolos Precolombinos te diré que durante años recorrí la América Latina. Viví largo tiempo con indígenas, con los que tuve una experiencia muy interesante en el Amazonas. Durante los meses que estuve allí conocí a un chamán y a una orden. Conocí a otras gentes que trabajaban con una bebida que se llama "ayahuasca", que es un alucinógeno muy potente, y seguí andando por allí, conociendo todos los pueblos indígenas y zonas arqueológicas. Visité casi todo si así pudiera decirse y tuve experiencias con hongos, peyote, un cactus que es el San Pedro... en fin: una gama de productos naturales alucinógenos con los que tuve experiencias para mí importantes y que, llegado un momento, pues bueno, se acabó esto y no he vuelto a este tipo de asuntos.

– Relación precolombino y chamán

– Es una sola y única cosa. El libro Los Símbolos Precolombinos está dedicado al primer chamán que conocí, que se llama Mestre Florencio. Fue en Brasil y a través de él me puse a caminar por América. Pero no porque el hombre fuera alguien que me diera una orden. Era un hombre analfabeto y muy elemental, pero despertó en mí algo. Estaba en el Amazonas... y hay que ver que esto del Amazonas me es hoy familiar, igual que el trópico,... pero nací en una ciudad grande y fría parecida a cualquier europea. Este componente "chamánico" que allí se produjo es ahora parte de mí, igual que mi componente cultural de tipo europeo. Estas dos culturas se han arraigado en mí y son esos dos libros: La Rueda que es un símbolo típicamente europeo y Los Símbolos Precolombinos, que el mismo título dice que se refiere a esa tradición.

– ¿Te interesa todo el tema de la psicología transpersonal?

– Me interesa. Te he de decir que en general soy bastante amplio y lo que me ha tocado a mí enseñar no comulga con cierto tipo de ideas... No sé cómo llamarlo, pero a mí me gusta ir a Disneyworld: lo cómico, las Máquinas, el hiper-realismo, que sería el colmo de lo rechazado por los tradicionalistas, o el arte conceptual por cierto tipo de pensamiento esotérico. A mí me dice bastante el pop-art, lo profano. Lo profano me dice mucho. Son códigos. En el fondo las cosas no son más que lo que tú ves de las cosas pero no ellas en sí. Lo que interesa es que de todo puedes extraer enseñanzas para tu molino, para ti mismo... aun de la fealdad y del horror.

– ¿Qué artistas actuales te interesan?

– Pues yo mismo (grandes carcajadas) pero de forma transpersonal (carcajadas otra vez).

– ¿Y del resto del planeta?

– No conozco mucho, me interesa el arte conceptual. Por ejemplo: los robots desde el punto de vista artístico me han interesado. Aparte de hacer una broma y una boutade, para mí el artista es un intermediario y de todos los intermediarios el que más me interesa en este momento soy yo.

– Trinomio símbolo-mito-rito

– Tal como lo veo, tanto el mito como el rito son símbolos. Podríamos hablar de un símbolo oral, que es el mito. El símbolo como una expresión y el rito como una dramatizaron simbólica del mito. El rito en realidad dramatiza y en este sentido el arte es para mí ritual. En las sociedades tradicionales se ve, como decíamos al principio, el arte como un rito. Aquella unidad y armonía de toda la sociedad tradicional se expresaba de forma ritual y artística. Entonces eso es lo que es para mí símbolo, mito y rito.