FRANCESCO BANDINI. REPRESENTANTE DE LA ACADEMIA PLATÓNICA EN HUNGRÍA(*)
Mª ÁNGELES DÍAZ

Nadie podrá contar fidedignamente la historia del humanismo húngaro si no tiene en cuenta tanto a Francesco Bandini como a la Academia Platónica de Florencia, ya que este filósofo, miembro destacado del círculo florentino fue a Hungría como embajador de dicha entidad para ayudar al rey Matías Corvino a fundar ese país. Y lo hizo en lugar del propio Marsilio Ficino, posibilidad que se barajó, pero que fue declinada por Ficino debido a que los astros de su carta natal no le aconsejaban salir del país.

Francesco Bandini marcha a Buda, la capital húngara, con la comitiva de Beatriz de Aragón, quien se desposaba por poderes con el monarca Matías Corvino, entrando en territorio húngaro como reina del país. Bandini viajaba en acuerdo con Ficino siendo su misión la de organizar, junto a Matías y Beatriz, un círculo intelectual al estilo de la Academia platónica de Florencia.

Es más, Bandini forma parte de la historia más íntima del platonismo y así lo manifiesta el propio Ficino no sólo al distinguirlo como un amigo siempre recordado, sino como el primero en organizar en su misma casa florentina una reunión en honor a Platón, esto es, un ágape en honor al filósofo griego durante el cual se leían sus obras. Una razón más que justificada para que Ficino le dedicara su escrito: Vida de Platón.

Ficino nunca dejó de reconocerle a Bandini ese mérito, y por ello fue a él a quien le dio el papel de anfitrión en su De Amore, la Utopía de Amor de Ficino, obra donde éste comenta El Banquete de Platón ofreciéndonos todos los detalles de la escenificación que llevaron a cabo nueve personajes en Villa Careggi, uno de los cuales es el propio Ficino, donde restablecen un rito por siglos desaparecido. Esto es, una celebración periódica auspiciada por Lorenzo de Medici, dueño de la finca florentina donde tenía lugar el evento, en el que estos nueve invitados, uno por cada una de las musas, se reúnen para celebrar el cumpleaños de Platón. Nueve invitados que tras ser recibidos por Francesco Bandini a la entrada de la Villa, realizan ese primer Symposium, del que seguiremos hablando a medida que vayamos presentando a los invitados.

La villa Careggi, donde Bandini recibía, como anfitrión, a los nueve 
invitados al Symposium
La villa Careggi, donde Bandini recibía, como anfitrión, a los nueve
invitados al Symposium.

Bandini tenía entre sus grandes cualidades una muy valorada por los humanistas, su buen talante, algo que hacía de él un hombre perfecto para la diplomacia y las relaciones personales, cosa que había demostrado realizando importantes gestiones al lado de los Medici, familia con la que ocupó distintos puestos de relevancia, como de relevancia era el que poseía en el momento de su traslado a Buda, esto es, embajador en la Corte del rey de Nápoles, Fernando I.

Bandini nos ofrece el más claro ejemplo del modo en que estuvieron coordinados los amigos de la Academia, pues siguiendo su trayectoria podemos observar que nunca dejó de estar en contacto con Marsilio Ficino, ni con Giovanni Cavalcanti, otro miembro significado de la Academia y uno de los nueve invitados citados a quien Bandini le escribe asiduamente reconociendo que en realidad al dirigirse a él también hablaba con el sabio Ficino, dado que ambos se mantienen como uno solo en los temas de la comprensión de las ideas platónicas que en definitiva eran las que unían a los miembros de la Academia allá donde se encontraran. En una de las misivas que Bandini dirige a Cavalcanti le cuenta, sin recelo, que para él el maestro florentino es inmortal y divino, pues no considera su envoltura carnal, sino que únicamente ve en él al hombre verdadero que en realidad es.

Escena de un banquete, arquitrabe esculpido del Templo de Atenea, en Assos.
Escena de un banquete, arquitrabe esculpido del Templo de Atenea, en Assos.

Parece claro que Bandini comprende bien a Ficino cuando al hablar de Cavalcanti dice que es su "mejor amigo", su "Acetes", o sea, aquél compañero fiel de Eneas, según el poema épico de Virgilio, siendo de ese mismo modo como Ficino entiende la gran amistad que le une a Cavalcanti.

Pero Ficino también tiene a Bandini en grandísima estima, como lo estamos diciendo, pues reconoce su agudeza intelectual y su fina mirada a la hora de comprender las cosas importantes. Esto le escribe:

¡Oh Bandini cuán penetrante eres! Porque en un momento de intuición percibes lo que, en primer lugar, me llevó diez años descubrir, a través de largos y tortuosos caminos, y luego cinco años escribir en cerca de dieciocho libros.

Ficino le comunica en sus cartas asuntos concernientes a la doctrina platónica y acerca del alma, y lo hace de un modo que no deja lugar a la duda, sino que muestra con claridad que ambos entienden y comparten esta clase de pensamientos. Continúa escribiéndole Ficino:

Si al hombre, que con su inquieta mente, su débil cuerpo y sus múltiples deseos, lleva en la tierra una vida más dura que las mismas bestias, la naturaleza le hubiera asignado una vida tan limitada como a otras criaturas, ningún animal tendría una suerte más triste que él. Pero no es posible que el hombre, que mediante la adoración de Dios es la criatura que más se aproxima a Dios, la fuente de la felicidad, sea la criatura más infeliz de todas. Por eso, sólo tras la muerte del cuerpo se puede alcanzar la máxima felicidad, y de ello, ciertamente, se deduce que cuando nuestras almas abandonan esta prisión, alguna parte de luz perdura.

Y prosigue el filósofo florentino dirigiéndose a Bandini en estos términos:

Continúa considerando, en la medida que te sea posible, la naturaleza interior de todas las cosas. Así nunca caerás en el engaño. La mera visión de la superficie sólo revela sombras y sueños. El centro es la piedra angular y la sustancia de las cosas(10).

Si seguimos yendo tras los pasos de Francesco Bandini y viendo sus aportes al proyecto de construcción del país que puso en marcha el rey Matías, vemos que éste fue el introductor y difusor allí de los principios del arte, en especial en lo que se refiere a la arquitectura renacentista del Quattrocento, tal como la había concebido Antonio Averulino, más conocido como Filarete, famoso por ser autor de un tratado arquitectónico que Bandini llevó al rey y cuyas ideas discutió con sus arquitectos. A Bandini también se le debe recordar por ser un experto en el terreno de la etnología y la arqueología siendo autor de un tratado donde aborda esos dos campos del saber.

Pero volviendo a la obra de Filarete, y a la defensa llevada a cabo por Bandini, debemos decir que en ella se constata una forma simbólica de entender el arte arquitectónico donde se tienen en cuenta una serie de medidas y proporciones que la ciudad debe poseer para ser perfecta y asimilable al orden establecido en el Paraíso Terrenal. Mesuras y proporciones constructivas en las que todo debe estar integrado, desde el enclave hasta el clima propio del lugar, la orografía, la fertilidad de la tierra, el puerto o cualquier otro accidente o distinción que tenga que ver con el paisaje, la economía, etc.  A todo ello, resalta Bandini, siguiendo lo dispuesto en este tratado de arquitectura tradicional, que esta ciudad ideada por los hermetistas debe ser también bella y elegante, como si se tratara de diseñar el vestido más idóneo y aquél que pudiera dar un mejor estatus social a sus habitantes. En fin, que en esta ciudad integral diseñada por Filarete en su Tratado de Arquitectura, 1457-64, y llevada al plano en su proyecto para Francesco Sforza (llamada por ello Sforzinda), hermano de Ludovico el Moro, duque de Milán, vemos que está emplazada dentro de una muralla en forma de estrella de ocho puntas, que surge de la combinación de dos cuadrados. Torres en los ángulos y puertas en los entrantes, mientras el interior parte de un área central de la que surgen dieciséis vías radiales que comunican con las puertas y las torres. Este proyecto sentará las bases para otras ciudades ideales siendo el que Bandini da a conocer a los arquitectos húngaros, como aquel prototipo de ciudad donde todo debía estar organizado armónicamente, tanto las casas de las familias distinguidas, las de los artesanos, los filósofos, médicos, etc., de forma que la diferencia no distinguiera sino sus propias ocupaciones. Por supuesto esta ciudad ideal debía estar dotada de elementos que garantizasen la paz, tema fundamental en el pensamiento humanista, tanto dentro como fuera de sus límites. Por lo que tales disposiciones debían ser prioritarias para el monarca que deseaba obtener el amor y la admiración de su pueblo.

Esquema de Sforzinda, la ciudad perfecta según el arquitecto Antonio Averulino "Filarete", diseñada para Francesco Sforza
Esquema de Sforzinda, la ciudad perfecta según el arquitecto Antonio Averulino "Filarete", diseñada para Francesco Sforza. Un proyecto que Bandini da a conocer a los arquitectos húngaros.

Otros arquitectos como Alberti, con quien igualmente se contó a la hora de proyectar los edificios, serían los que finalmente diseñaron los edificios que durante esa época se construyeron en Hungría.

Es verdad que la historia recuerda a Bandini por todo ello, y también por haber encargado y ser el depositario de la Piedad de Florencia, famosa obra escultórica de Miguel Ángel. Pero a este gran hombre también se le asocia a un fatídico suceso, del que nos ocuparemos en breve.

Miguel Ángel. Piedad Florentina, o Piedad de Florencia, también conocida como "Piedad Bandini"
Miguel Ángel. Piedad Florentina, también conocida como "Piedad Bandini", por haber sino encargada  al artista  por Francesco Bandini quien la exhibía en su casa.

La muerte de Matías, no obstante, acabó con esa etapa fructífera del país húngaro. En cuanto a Beatriz, que no había tenido descendencia, para conservar el trono se vio en la necesidad de tener que pactar un matrimonio con Vladislao II, aspirante al trono de Bohemia. Pero esto no resultó ser la solución, pues los opositores a esta reina consorte, con la ayuda del papa Alejandro VI (el español Rodrigo Borgia), consiguieron anular el matrimonio alegando que éste no había sido consumado. La difícil situación en la que Beatriz se encontró, una vez destronada, le obligó a regresar a Italia para no volver nunca más a Hungría. Unos años más tarde Vladislao también murió pasando el trono húngaro a Juan, el hijo natural de Matías habido en sus años de viudez, pero al que este monarca había reconocido.

Por otro lado la Universidad proyectada por Matías en Buda, cuyos cimientos ya habían sido levantados, nunca se acabó de construir y los libros de la Corvina, tras la definitiva invasión turca y el saqueo de la biblioteca, acabaron desperdigados y tan sólo unos pocos volúmenes de aquellos más de 50.000 ejemplares que reunió dicha biblioteca han podido recuperarse. Se estima que entre ellos se han recopilado 48 códices y 363 manuscritos que se encuentran diseminados en las bibliotecas de Londres, París, Bruselas, Wolfenbuhel, Florencia, Venecia, Roma y Besançon. De ellos, dos están en la Academia de Ciencias de Hungría, uno en el Cabildo de la Catedral de Raab, siete en el museo de Pesth(11). A estos volúmenes procedentes del saqueo, deben añadirse los que alrededor de 1870 donó un sultán turco a la Universidad de Pesth. Se trata de 35 obras, cuyos títulos son los que siguen: Vitruvios Candidius; Aristóteles, Aegidius Romanus; Traité sur le mouvement; Suetonius: Imperatores; Grammaire latine; Plutarque: Vie d’Aristide; Mythología; Albertus Magnus: De mineralibus; Aelius Spartacus; Aemilius Probus; Grammaire; Teretii Comedise; Simon Pannoniensis: Sanationes; Pompeius; Cicero; Plinius Secundus: Panegyricon; Traité de chirurgie; Caesar: De bello gallico, hispanico; Collection des écrivains des empereurs romains; Clementinus; Simón Panuensis: Synonymi; Speculum humanae salvationis; Theophrastis Historia plantarum; Tertullianus contra Marcionem; Tacitus; Silius Italicus; Eusebius: Paratio evángelica; Biblia, manuscripte de (?) XIII siécle; Libre Religieux; Quintus Curtius: Alexander; Dante: Comedia Divina; Aristóteles: Politique; Eusebius: Chronique traduite per Jeróme; Historiographus; Libre de Navigation; Cicero in Verrem(12).

En cuanto a Francesco Bandini nunca regresaría a Florencia, sino que permaneció autoexiliado en Hungría. Lo hizo por pundonor, al estar su hermano Bernardo Bandini directamente implicado en la conjura de los Pazzi, aquel terrible atentado que culminó con el asesinato del joven Giuliano de Medici. Un suceso que según nos dice Federico, cambiaría el curso de la historia renacentista, y al que más adelante dedicaremos un capítulo más completo.

Pero nosotros, junto con Ficino, siempre recordaremos a Francesco Bandini a las puertas de Villa Careggi, recibiendo a los nueve invitados que pusieron en pie una tradición cultural con la celebración del Banquete en honor a Platón y a la Filosofía Perenne que sus enseñanzas representan.

Galería interior de la Villa Careggi, donde tenían lugar las reuniones platónicas
Galería interior de la Villa Careggi, donde tenían lugar
las reuniones platónicas.


Matías Corvino, Rey de Hungría

Temas: Symbolos


NOTAS

(*) El presente texto es el segundo de dos capítulos de un libro en preparación relacionado con la Academia platónica de Florencia.

(10) Carta 111 tomo I. "Acerca de la divinidad del Alma y acerca de la Religión".

(11) Como decíamos Buda y Pesth conforman ahora Budapest, la capital de Hungría.

(12) La donación a Hungría fue hecha por el Sultán Abdul Hamid. La noticia aparece recogida en la revista madrileña "Archivos, Bibliotecas y Museos". Número 10, del 20 de mayo de 1877.


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