Palabra Viva (*)

A ti Innombrable
A ti que pueblas el universo
Que todo lo contienes sin participar en nada
Siempre busqué tu nombre
La esencia del mundo, su origen
¿Quién soy?
¿De dónde vengo?
¿A dónde voy?
El dolor al ir comprobando que lo que perseguía
nadie lo conocía aguijoneaba la búsqueda
Pero ¿qué es la vida? ¿cuál es su sentido?
La oscuridad me envolvía y atraía hacia sí

El silencio me hablaba en la soledad, y por ello la amaba
El ruido del mundo era cada vez más insoportable
En el otro platillo de la balanza una voz interna me mantenía
ahora lo sé, en la vertical.
El mundo desplegaba ante mí sus encantos
Pero nada era comparable a mi deseo de conocerte
El verdadero amor, estaba segura, era posible
Y te buscaba
Cómo te buscaba
Y te encontré y reconocí la palabra, el Verbo fecundador

El fuego purificador prendió mi alma
Que ardió en él hasta agotar todo aquello
que podía consumirse
Y se consumió

Y de las cenizas surgió el Fénix
Ahora sé que eres Tú, 
Que soy yo
Que no hay diferencia ninguna entre tú y yo
Que el conocimiento une a objeto y sujeto en el arte de conocer
Que la vida entera participa de un único sonido
Que el centro reúne a todos los puntos de la circunferencia
Que en el vacío está la plenitud
En la eternidad, el tiempo
En el silencio, el sonido
Y en el No ser el ser
Y puesto que no eres, tampoco yo soy
Y puesto que abarcas el mundo entero, todo está en mí
Y puesto que no hay palabras suficientes para poder nombrarte
Debo callar.

Mª Victoria Espín          

NOTA

(*) Incluido en el homenaje de SYMBOLOS a Federico González en el primer aniversario de su partida al Oriente Eterno (ver aquí Historia Viva: Un recorrido por la obra de Federico González).